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Orgullo de «Maricón perdido»

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Felipe José García
Firma invitada
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En el mes del Orgullo LGTBIQ+ llega a TNT la serie que debe marcar a la próxima generación para frenar el abuso al diferente. «Esta serie yo no la tenía hace dos, tres años cuando la necesitaba de verdad. Tenerla ahora y que la gente la tenga, pues me emociona”, comentaba Gabriel Sanchez, debutante que interpreta al protagonista de adolescente, en el último Festival de Málaga. «Maricón perdido» es una bonita serie triste y necesaria.

Cuenta la visión de la vida de Roberto Enríquez, que tras muchos años de trabajo, dio el salto a la fama como colaborador de Buenafuente en En el aire y Late Motiv, ya convertido en Bob Pop. Con la ayuda de Andreu en la producción y de Berto Romero en el guion, ha puesto imágenes a sus recuerdos y a su presente. Siguiendo el ejemplo y utilizando el camino abierto por Veneno, con sus constantes saltos temporales, viajaremos a la España de los 80 y 90.

Las tres versiones de Bob Pop que veremos en la serie, flanqueados por Candela Peña y Carlos Bardem, sus padres en la ficción, durante el pasado Festival de Málaga

Unos fuimos despertando a nuestra sexualidad intuyendo y buscando a escondidas comportamientos homoeróticos en las películas de la segunda cadena, tipo Salon Kitty. Otros como Roberto lo hicieron leyendo El retrato de Dorian Gray prestado por su entrañable abuelo. Si ya es complicado sentirte diferente al resto, más complicado era no tener un espejo donde verte reflejado. Tuvo que llegar Melrose Place y su Matt Fielding para empezar a ver a un hombre atraído por otro hombre sin escándalo. Por aquel entonces no sabía la suerte que era tener a alguien como Pedro Almodóvar dándonos visibilidad.

Por eso los jóvenes de hoy en día no saben lo afortunados que son al tener tantos referentes en el panorama audiovisual. Desde la olvidada por las plataformas Queer As Folk, que llegó de tapadillo con el nacimiento de Cuatro, hasta el oasis actual ha habido muchos años de sequía. Los más afortunados podían alquilar películas en videoclubs. Pero si vivías en un pequeño pueblo, como el protagonista, y con una madre inventada y recordada tan castrante como la que interpreta Candela Peña la cosa podía ser más difícil todavía.

Uno de los muchos viajes para ver pisos piloto que hará a Madrid con la madre inventada Candela Peña, siempre acompañado de un libro.

A pesar de tener un padre ya muerto al que no quiere volver a verle la cara ni en ficción, aunque esté obligado cada vez que se mira en el espejo, Bob Pop vuelve a esos duros años con valentía y alegría rememorando sucesos que tuvieron que ser muy traumáticos. Por el tono de la serie, rozando siempre la comedia, esos traumas parecen mucho más ligeros. Hay que ser un maestro para mostrar escenas tan duras como una violación o el diagnóstico de una enfermedad degenerativa con esa mirada de esperanza. Se ve a la legua que el autor confía en los demás. Siempre habrá una pareja para ayudar al desnudo, una amiga con la que emborracharte celebrando la vida que vendrá o el pago de una vieja deuda en el mejor momento.

Aunque no tiene la intensidad emocional de Veneno, tampoco lo pretende. Por eso es importante avisar al espectador que aquí va a ver algo distinto, aunque las dos tengan muchas similitudes argumentales y vayan dirigidas al mismo target. Están basadas en personajes reales que triunfaron en un late night y que han tenido que ocultar primero y aceptar después su identidad sexual. Maricón Perdido funciona más como una sitcom, por su duración, por su aparente ligereza y por la hilarante actuación de Candela Peña, muy cercana al histrionismo de Sheldon Cooper o Phoebe Buffay.

El cariño rebosa en cada interpretación de sus magníficos actores, en la delicadeza y mimo de sus recreaciones, y sobre todo en el mensaje que hay al final de cada episodio. Miguel Rellán está adorable en sus apariciones como el mejor abuelo del mundo. Alba Flores y Candela Peña grandiosas, escondidas tras pelucones y siempre intensas. Carlos Bardem impone respeto a pesar de no verle la cara.

Miguel Rellán como el abuelo entrañable al que su nieto tiene devoción

Los dos protagonistas son el gran descubrimiento, las auténticas joyas. Carlos González, al que ya vimos como amigo del Joselito recién salido del pueblo en la serie de Los Javis, salta al vacío demostrando un saber estar y una seguridad en sí mismo impresionantes. Nos muestra al Bob Pop joven en sus aventuras y desventuras por la noche madrileña. Toda una señora con bolso, que irá dejando huella allí por donde pisa, ya sea visitando a su abuelo enfermo, en el Metro, ligando en saunas o de cruising por el Retiro.

Otro de sus muchos aciertos es no cortarse al contar las cosas tal y como son. Pocas veces se ha visto una sauna gay con la naturalidad que aquí aparece. Sin embargo hemos perdido la cuenta de la cantidad de puticlubs que salpican producciones españolas de ayer y de hoy. A Gabriel Sánchez, el Bob adolescente, directamente te lo quieres llevar a casa, por la dulzura e inocencia que trasmite.

Mucho colorido y pluma para la apuesta de TNT que consolida una forma valiente de hacer televisión nacional de calidad.

Ese cariño y emoción que desprende todo el equipo hablando de ella se trasmite al espectador, al que se le harán los episodios muy cortos y quedándose con ganas de más. Es de esas series que requiere un segundo visionado para apreciar detalles que se han escapado en el primero. Hasta el título de la serie tiene su doble significado. Un ejemplo es la conversación entre Roberto y su abuelo sobre cómo debería ser su próximo libro al que hincarle el diente. No hay duda de que va a ser un éxito de público, como ya lo está siendo de crítica y nos merecemos que continúe. Sus seis episodios se pasarán volando. En esto TNT ha sido lista y los emitirá en dos tandas, como si fuesen dos películas. A partir del próximo viernes 18 de Junio, muchos querremos ser Maricón perdido.

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