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«La Casa del Dragón» lista para recapitular

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Felipe José García
Felipe José García
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Llega la mitad de la penúltima temporada de «La Casa Del Dragón» con la sensación de que ten cuidado con lo que deseas porque puede hacerse realidad. La Rhaenyra que conocimos al principio de la serie ha perdido casi todo lo que le importaba, menos a Daemon, para conseguir sentarse en el trono y una vez allí no está disfrutando de la experiencia. Traumatizada por todo lo vivido no consigue dejar atrás las pérdidas para valorar lo que ha conseguido y poder afianzarse en esa reina que nos gustaría que fuera.

Lo bueno de la primera temporada es como supo jugar con lo que se esperaba de ella para terminar en todo lo alto, tras volver a dar la vuelta a las convicciones consiguiendo un desarrollo de personajes casi perfecto. Todos sentimos como propio la primera pérdida de su hijo, dando la razón a Viserys, que los dragones no se pueden controlar.

Ese ímpetu y ganas de guerra no nos dejaron ver las virtudes de la segunda temporada, donde el cambio de opinión de Alicent se valora mucho más en un segundo visionado. Quizás demasiados nuevos personajes en esa temporada, necesarios para encontrar a los jinetes de dragón. Enlazar dos escenas seguidas de nuevos personajes puede distraer la atención, sobre todo a los no lectores del libro en el que se basa. También es demasiado evidente que justo los dos pretendientes que conocíamos sean los que terminen montado a los nuevos dragones del ejército de la reina negra, pero esto es televisión y la ausencia de Martin en esa segunda temporada se notó demasiado. Esa temporada empezó de forma magistral con la venganza hijo por hijo, pero no supo satisfacer los dos años de espera para una guerra que no terminaba de llegar.

Por eso viendo como se ha desarrollado el inicio de esta nueva tanda de episodios muchos hablan de que realmente la segunda temporada termina con la llegada de la nueva reina a Desembarco Del Rey, es decir en el segundo episodio de esta tercera temporada. Parece que ya está todo el pescado vendido tras esa batalla naval con la que empezó y que terminó con el destino inevitable de otro vástago. Sinceramente, se lo tenía merecido. Moraleja para las nuevas generaciones: hay que hacer caso a los padres…

Tras un segundo episodio en el que lo mejor es ese regalo escondido en las mazmorras para que la reina demuestre su poder, nos quedamos sin uno de los grandes personajes que ha conseguido jugar al juego de tronos hasta perder la cabeza. Espectacular la presencia de Rhys Iffans al que echaremos de menos tanto como a Paddy Considine, el rey y su mano son insuperables.

Por eso es de valorar mucho más el magnífico tercer episodio, donde casi entramos en la cabeza de Rhaenyra para conseguir un clima inquietante, dejándonos otra sorpresa final que pocos esperaban. Se asemeja al noveno episodio de la primera temporada donde asistimos en el mismo lugar a los tejemanejes para nombrar a Aegon sucesor de Viserys. Pero aquí es donde se confirma la idea que hay que tener cuidado con lo que se desea. Tras conseguir llegar al trono, a Rhaenyra se le va la fuerza por sus buenas intenciones y no pinta nada bien. Está sola, rodeada de gente en la que quiere y no puede confiar. Encima tira piedras sobre su propio tejado enfadando a Corlys Velaryon, su mano y uno de sus principales aliados. Aquí es donde vuelve a surgir lo mejor de la serie, más allá de las peleas de dragones. La relación de amigas entre Alicent y Rhaenyra que nos robaron con esos saltos temporales en la primera temporada, se está reforzando a pesar de las circunstancias. Es evidente que no va a terminar bien, pero es muy disfrutable cada conversación entra las dos, mostrándonos que se conocen muy bien.

Los dragones son la presencia temible

Por supuesto hay cada vez más dragones en pantalla, más batallas en ciernes, pero poco puede superar a lo visto hasta ahora de la forma magistral con la que lo han contado: ese banquete de boda que termina mal, las dos queridas víctimas de Vhagar, esas cabezas cortadas delante del trono de hierro…. Además, tiene la capacidad, como ya hizo con Jaime Lannister la serie madre, de forjar un camino de redención para uno de los personajes más odiosos. El interesante viaje de Aegon El Usurpador con Larys Strong, recuerda mucho al del Lannister con Brienne. Deseando saber si habrá resurrección, como toda parece indicar.

El principal problema de esta temporada es la pérdida de presencia de personajes tan odiados como sir Criston Cole o Aemond que deben depararnos buenas sorpresas. Se supone que todo terminará mal, pero debe seguir teniendo la habilidad de contarlo bien, sin que únicamente las batallas y los dragones sean su mayor atractivo. Debe recuperar esa dualidad de Daemon y explorar la relación con sus hijas que deberían tener mucha más presencia después de tantas bajas. Haelana sigue siendo un personaje querido y muy desaprovechado, pero está claro que va a ser la única motivación de Alicent. Magnífico el nuevo malo que se han sacado de la manga, Ormund Hightower, con su protegido Daeron, que recuerda mucho al hijo de Jaime en Outlander. Si genera lo mismo que Tywin Lannister, al que recuerda por su forma de aparecer entre tiendas de campaña en medio de un ejército, esperemos que se quede mucho tiempo.

Lo bueno es que ya tiene su final fijado para la próxima temporada, y aunque parezca que nos han robado dos episodios en estas dos últimas temporadas, confiemos que aprendan de los errores cometidos y sepan darle el final que se merece a una serie que ha sido una grata sorpresa, pese a ciertas reticencias iniciales.  No ayuda el tener que esperar dos años entre cada nueva tanda de episodios. Nos encontramos en la mitad de temporada, ya hemos visto más de lo que nos espera de esa mítica Danza de Dragones y parece complicado superar lo bien que lo han hecho de momento. Confiemos en que nos sigan sorprendiendo para bien. Larga vida a La Casa Del Dragón. Disfrutemos de la media temporada que nos queda.

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