Dentro de esta vorágine seriéfila en la que vivimos hay pocas que duran más de una década. Una de ellas ha llegado a su final en Movistar+ tras haber ido atrasando o alargando sus últimas temporadas. Se trata de «Outlander» esa serie multirecomendada pero que algunos no habíamos decidido a hincar el diente por los dichosos prejuicios. Contra todo pronóstico, «Outlander» es mucho más de lo que parece.
Hay series que tienen un punto de no retorno cuando te enganchan definitivamente o descubres que tiene algo especial o diferente que merece la pena que le dediques más atención: cuando descubres porqué John Locke se miraba sorprendido su pie tras el accidente de avión en Perdidos, las cosas que tiene que hacer por amor Jaime Lannister en Juego de Tronos o, en este caso la boda de Claire y otro Jaime. A estas alturas a nadie le pilla por sorpresa si desvelamos que Outlander es una historia de amor a través del tiempo entre una enfermera inglesa recién salida de la segunda guerra mundial y un escocés de 200 años antes. A pesar de que son los únicos que se mantienen en la serie 8 temporadas después y ser la base de ella, Outlander es mucho más de lo que algunos teníamos previsto.
Por supuesto su historia de amor es maravillosa. Son como los Alcántara británicos y están metidos en todos los fregaos de su época. Pero es que además tienen una conexión que se mantiene 10 años después igual de fresca, pese a que inicialmente les separaban 200 años. Lo atractivo de los viajes en el tiempo es, aparentemente, una mera excusa para que una mujer fuerte se encuentre con un hombre maravilloso capaz de enamorarnos a todos. Pero es que la fuerza de su relación hará que se vayan cruzando con personajes memorables a los que querremos igual o más, tanto los secundarios como esos episódicos que te rompen el corazón. Primeras lágrimas con ese herido en la caza del jabalí, ese prisionero francés de los mohicanos, la enésima mujer joven de un maltratador o un herido de guerra amputado.

Una de las virtudes de Outlander es conseguir mantener su esencia a pesar del paso de los años. Desde fuera uno puede pensar que es una serie para enamoradizas y alargada innecesariamente. Pero te encuentras con una serie fresca con episodios que pueden pasar por una secuela de Master and Comander o una precuela de Expediente X. Todo cuidado con el detalle de unas grandes interpretaciones, donde por supuesto los protagonistas se llevan la palma y con uno de los mejores antagonistas de la historia de la televisión.
Aquí el final no es lo importante, igual que pasó con esa serie de dragones, sino el camino recorrido. Pese a que esta última temporada tampoco sigue el libro sin publicar de Diana Gabaldón en el que se basa la serie, el recorrido final está siendo más que digno, incluyendo por supuesto algunas decisiones polémicas. Estamos ante una serie para disfrutar, con un plantel de lujo, donde les veremos sufrir mucho, pero donde lo importante es el amor y la maravillosa familia que forman a su alrededor.
