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«F1: La película»: ¡Broooooom…!

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Carlos Muñiz Vidal
Carlos Muñiz Vidal
Intento huir de las películas y las series, pero ellas me persiguen. Desde mis estudios de audiovisuales a mi trayectoria profesional en canales temáticos, puede que sea yo el que las persiga a ellas. Fascinado por las historias desde siempre, sean éstas a través del cine, la literatura, el teatro o la televisión, en esta época de plataformas intento buscar esa fascinación oculta en el algoritmo que nos impide descubrirlas.
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Que el circo de la F1 llegaría a la gran pantalla es un viejo anhelo de cualquier amante del motor, un anhelo que ha llegado a acercarse en varios momentos, aunque sin acabar de cuajar ni en sus mejores intentos. Porque siendo como es un gigantesco circo de tecnología, despliegue audiovisual y diseño vanguardista, si no está en su elemento, si le sacas del ritmo al que los fanáticos del automovilismo estamos acostumbrados cada fin de semana es difícil ver el resultado y no pensar en una especie de sucedáneo.

Ya sucedía algo parecido en Grand Prix, a mi juicio la mejor y más representativa película de éste fenómeno automovilístico, con unas tomas en Mónaco y Spa desde el coche (las On Board de ahora) mostradas por primera vez en una pantalla. Todo ello la convertía en un espectáculo audiovisual en el lejano 1966, a pesar de que a su protagonista, James Garner, se le viera tan fuera de lugar dentro de su monoplaza con esas gafas de protección puestas, como si tanto el coche como las gafas se le quedaran pequeñas, más cómodo con un marnini en la mano y un smoking.

En F1: La película dentro del monoplaza está Brad Pitt. Y aunque ha tenido martinis en la mano y smokings en su dilatada carrera cinematográfica, en esta película el mono de piloto de F1 le queda como un guante; a ver, no es Steve McQueen. El mito de McQueen es imperecedero, un actor que amaba tanto el motor y el riesgo que saltaba en moto sobre una valla nazi sin especialista que le sustituyera (La Gran Evasión), se implicaba como productor en un proyecto destinado al fracaso, solo porque se rodaba en Le Mans (Las 24 horas de Le Mans), o pilotaba en sus ratos libres en la famosa prueba de resistencia de Sebring un porche 908, con una pierna escayolada…

© 2025 Warner Bros. Entertainment Inc. All Rights Reserved. Damson Idris es Joshua Pearce y Brad Pitt es Sonny Hayes en «F1: La película»

Está claro que Brad Pitt no tiene todo este bagaje sobre el motor detrás pero en esta película cuando está al volante, te lo crees. Más allá del mito de McQueen (quién sabe si Pitt tendrá su propio mito en 50 años), a Brad Pitt conduciendo en Daytona te lo crees, abroncando a su compañero novato o empleando una táctica suicida para beneficiarle, te lo crees; incluso cuando aparece la consabida (e innecesaria) historia de amor, pues también te lo crees. Ese aspecto casi inalcanzable que reflejan los pilotos de F1 le queda bien, eso de estar de vuelta de todo, de ver la situación desde arriba y de mirar a los medios en las obligadas ruedas de prensa y a los demás pilotos con la condescendencia propia de una estrella como él. Es como si fuera a cámara lenta, y solamente alcanzara su velocidad normal dentro del coche.

Aquí se mete toda la carne en el asador, en el sentido de que aparecen tanto los circuitos como los pilotos de la actual parrilla, pasando por los directivos, los jefes de equipo, etc, son lo más cercano a ese circo que se ha visto en una gran pantalla; aparecen Stefano Domenicalli, Verstappen, Alonso, Silverstone, Monza… y el duelo final, es contra el Mercedes de Lewis Hamilton.

Hay tantas referencias visuales y narrativas a la F1, que seguramente a aquellos a los que el mundo del motor les es ajeno (me atrevería a decir que un gran número de ellos aficionados al cine) esta película les resultara hasta repulsiva, especialmente por un guión muy manido, repetitivo en exceso de situaciones con el mismo gag o el mismo conflicto, que incluso se enreda en relaciones personales innecesarias y con un final bastante previsible.

Luego estamos los fans de la F1. Y claro, nosotros estamos encantados.

© 2025 Warner Bros. Entertainment Inc. All Rights Reserved.

Porque por encima del propio argumento, una excusa para narrar esta película sacada de cualquier otra película deportiva anteriormente rodada, con el veterano que intenta un último vals confrontado con un novato que tiene mucho talento pero que es irrespetuoso y fanfarrón, está el universo F1, están los extraordinarios planos on board desde un coche de F1 con los icónicos paisajes automovilísticos de fondo, los auténticos circuitos que seguimos desde hace años los aficionados y que aquí integran la historia me atrevería a decir que mucho más que los propios personajes, las espectaculares tomas inmersivas, los drones, y los efectos especiales, todo para engrandecer todavía más este espectáculo deportivo que ya disfrutamos cada fin de semana.

Probablemente esta sea el principal problema de la película, la excusa de la historia es solamente eso, una excusa. Pero, ¿y si tampoco te importa tanto? ¿y si esa pasión por el motor vence a tu pasión por el cine? Pues entonces te sientas en una pantalla enorme (cuanto más enorme, mejor), te preparas bien los oídos para el Dolby Atmos que tiene la película (el mejor sonido que existe), y con tu bol de palomitas disfrutas, vaya si disfrutas. Las 2 horas y 25 minutos que dura.

Probablemente el problema de esta película sea cuando se estrene en plataformas, cuando toda esa majestuosidad de la F1 se vea reducido a la pantallita de casa, al sonidito de casa, o de una tablet, o de un móvil. Porque si el desembarco en la playa de Normandía de Salvar al soldado Ryan está hecho para verse en un cine, el sonido de un motor mercedes, ferrari, mclaren, aston martin, los planos dentro de un monoplaza, las chicanes, los adelantamientos, los frenazos, todo se magnifica para deleite de los fans de la F1 en una pantalla de un cine.

Así que ponte tu chaqueta de Aston Martin (o de lo que sea), y a disfrutarla.

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