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«Miocardio»: Mirando hacia atrás para seguir adelante

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Fernando L. Simó
Fernando L. Simó
Miembro fundador de mundoplus.tv, seriefilo, cinefilo, devorador de libros y en pleno redescubrimiento de los cómics. Amante de la cultura (pop) y de la Historia, y ministérico de corazón.
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Llegó este pasado viernes a las plataformas de streaming «Miocardio”, la segunda película de José Manuel Carrasco, y con ella una oportunidad para descubrir una película, que nos ofrece una historia cercana, real y que te toca la fibra sensible. Tras su paso por el Festival de Sevilla y su reciente presencia en la Sección Oficial del Transilvania International Film Festival, esta comedia sentimental, que se estrenó en salas el pasado mes de enero, desembarcó en Movistar Plus+, Filmin, Prime Video, Rakuten TV y acontra+, dispuesta a demostrar que hay que huir de las sempiternas etiquetas que recibe el cine español. Porque «Miocardio» va directa el corazón, ofreciéndonos una historia emocional y repleta de autenticidad.

Como me ocurrió en su momento con El instinto de Juan Albarracín, Miocardio me ha recordado (a veces se me olvida) que el cine español ofrece una infinidad de propuestas, que a veces son arrinconadas por el prejuicio del espectador hacia nuestra producción cinematográfica. En el caso de Miocardio, la película parte de una premisa tan sencilla como potente: Pablo (Vito Sanz), en plena crisis vital, recibe una llamada inesperada. Es Ana (Marina Sanz), el amor que le dejó hecho trizas más de quince años atrás. A partir de ese momento, seremos testigos de un viaje emocional repleto de segundas oportunidades, cuentas pendientes y ese anhelo tan humano de cerrar heridas abiertas.

Aunque el tono es el de una comedia romántica, como el propio José Manuel Carrasco nos recordó en la charla que mantuvimos con él en Sección Oficial de Pixeles y Letras, Miocardio se atreve a ir más allá de lo que vemos a simple vista. Claro que la risa está presente, pero también la melancolía, la vergüenza, la esperanza y el vértigo de reencontrarse con uno mismo a través del otro. La historia, bajo esa fachada de comedia ligera, repleta de diálogos punzantes y miradas cómplices, nos remueve por dentro sin necesidad de forzar el paso ni regodearse en el sufrimiento. La dirección de José Manuel Carrasco nos lleva de la mano, con extrema sensibilidad, mientras acompañamos a los personajes en su toma y daca de reproches y disculpas, que nos permite como espectadores, vernos reflejados en sus dudas y contradicciones.

La historia de Pablo (Vito Sanz) y Ana (Marina Salas) podría ser la de cualquiera de nosotros, una historia sobre oportunidades perdidas, sueños imposibles, sentimientos de soledad o la simple búsqueda de redención. Porque Miocardio plantea una de esas preguntas que todos, en algún momento, nos hemos hecho: si pudiéramos volver atrás, ¿cambiaríamos algo? ¿O estamos condenados a tropezar siempre con la misma piedra? Más allá de la amargura que puede implicar plantearte esta cuestión, Miocardio nos recuerda que por muy mal que estemos, siempre puede haber algo que nos haga reaccionar y hacernos seguir adelante.

Miocardio respira verdad en cada plano, en cada silencio incómodo, en cada intento torpe por reconectar con lo que pudo ser y no fue. Y, eso es gracias, no solo a la dirección de José Manuel Carrasco, que nos ofrece una propuesta muy personal, si no al excelente dúo protagonista. Tanto Vito Sanz como Marina Salas están increíbles, y desprenden una química que traspasa la pantalla. Sin ellos, la película se quedaría a medias, y es gracias a su fantástica interpretación, que Miocardio te llega al corazón. Porque Míocardio es una película repleta de sensibilidad que no de sensiblería, que os hará reír y también emocionaros (salvo que seas de piedra) con una historia que es un canto a las segundas oportunidades. Saber perdonar es tan importante como saber perdonarnos, y la cinta dirigida por Jose Manuel Carrasco nos lo recuerda sabiendo contar una historia con la duración justa y necesaria. En algo más de 70 minutos nos da tiempo de conocer a los protagonistas, gracias a unos diálogos que parecen salidos de la mejor screwball comedy. Sin olvidar, la química que desprende el dúo protagonista, que hacen suyos ambos personajes, y consiguen transmitir sus sentimientos sin necesidad de gran de aspavientos ni de giros imposibles.

En resumen

Frente un panorama que parece repetirse, ofreciendo formulas agotadas y sin gracia, Miocardio es sin duda un soplo de aire fresco que merece nuestra atención. Una película que en apenas setenta y seis minutos de duración nos ofrece una historia que va directa a la «patata», pero sin sensiblería facilona. Una película que late con fuerza, que emociona desde la sencillez y que nos recuerda, con delicadeza, que todos llevamos dentro un capítulo por cerrar. Con una estupenda Marina Salas, que nos ofrece una actuación alejada de sus papeles habituales, Miocardio es una película recomendada para quienes creen en las segundas oportunidades. Y también para quienes necesitan recordar que, a veces, el corazón necesita resetearse y empezar de cero.

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