Ha pasado el tiempo desde que el Doctor Strange lanzó el último hechizo desde lo alto de la Estatua de la Libertad, en esa fatua Nueva York que ya no es la misma. Nadie podrá conocer la identidad secreta de Peter Parker / Spider-Man: ni sus mejores amigos ni su gran amor, MJ (Zendaya). La naturaleza de ese “reset” era crucial para salvar el mundo y evitar que aparecieran todos los archienemigos de nuestro héroe arácnido procedentes de otros universos.
De lo que no era consciente el joven Peter Parker (Tom Holland) es de que aquel hechizo iba a desencadenar un océano de soledad. Spider-Man: Brand New Day es la restauración de esa nueva vida: una etapa en la que Spidey tiene que afrontar que ya no le conoce ninguno de sus amigos Los vengadores y que su querida tía May ya no está para orientarle, darle orden y devolverle estabilidad. Es como empezar un nuevo curso en otro colegio donde nadie te conoce y donde debes hacer nuevos amigos. Aparecen la jefa de Policía de la NYPD (Liza Colón-Zayas, de The Bear), El Castigador (Jon Bernthal, de The Punisher y también de The Bear) y el responsable de Control de Daños, William Metzger (Tramell Tillman, al que descubrimos en aquel submarino de Misión: Imposible – Sentencia Final«). Qué gran descubrimiento de actor.
La primera pregunta es inmediata: ¿es Spider-Man: Brand New Day la mejor película del superhéroe? Para mí, no. Es imposible superar el hype de No Way Home, aquella que nos reunió a los tres Spider-Man en una misma película, apoyó la teoría del multiverso y atrajo a los enemigos de las tres sagas: Maguire, Garfield y Holland. Difícil siquiera igualar aquella experiencia que hizo vibrar de aquella manera las salas en su estreno mundial, guardando un secretismo absoluto. Lo que soñábamos resultó ser cierto. Pero aquellos Spider-Man también se fueron por donde vinieron. Los nuevos hermanos del Peter Parker de nuestro universo se marcharon y le dejaron un potente legado, algunos trucos y varias enseñanzas. Con esas herramientas tiene que sobrevivir en su metrópolis actual.

En Brand New Day empezamos muy arriba. Peter Parker está más integrado en la sociedad neoyorquina como el buen amigo y vecino Spider-Man que como un ciudadano anónimo cualquiera. Está totalmente entregado a la causa y a mantener a raya a la Gran Manzana de criminales de poca monta: Lápida, Escorpión… Pero, en su vida privada, se centra más en mejorar su traje y en conversar en su cochambroso apartamento con su sistema operativo (lo aprendió del viejo Stark), que en hacer nuevos amigos en el vecindario. Ahí le veremos trabajar a conciencia con multipantallas e impresoras 3D. Y surge la pregunta inevitable: ¿De dónde saca Peter Parker el dinero para costearse la vida, el alquiler en Manhattan o las flores que religiosamente lleva al cementerio de su tía May (Marisa Tomei)? Que yo sepa, no se le conoce ningún oficio ni beneficio. Ni siquiera como colaborador del «Daily Bugle», haciéndose selfies de Spider-Man para vendérselas al periódico. Nada. Ni siquiera un trabajo de camarero.
En cambio, ha construido una rutina contra el crimen y ha entablado una buena amistad con Frank Castle, El Castigador: un justiciero cuyo estilo está en las antípodas del suyo. Frank mata moscas a cañonazos, nunca mejor dicho. Cuando Peter por fin vuelve a reencontrarse con Ned y con MJ, Spider-Man, debido a un trauma y sometido a un potente estré, sufrirá cambios en su ARN arácnido que le harán más poderoso y más orgánico, como sus telarañas. Entrará en escena una peligrosa enemiga que le pondrá contra las cuerdas y le obligará a tomar decisiones difíciles.
Todo esto se puede decir de Brand New Day sin caer en spoilers o en casi todo lo que ya sabíamos por los teasers, los tráileres y los cientos de miles de vídeos y entrevistas que han circulado en las redes durante los meses previos al estreno del pasado 29 de julio de 2026. De hecho, parece que Tom Holland y Zendaya invirtieron su luna de miel real en una promoción por medio mundo que no ha hecho más que generar una titánica expectación por esta nueva entrega del superhéroe de Stan Lee y Steve Ditko.
Pero ¿qué tal está Brand New Day? Diría que lo mejor es el reparto y lo cuidado que está todo para traer a los cincuentones como yo al mejor Spider-Man que se ha podido ver y disfrutar en la gran pantalla. El traje es insuperable. Y el director Destin Daniel Cretton nos ha traído, en dos horas y veinticinco minutos, al Spider-Man más presente y más genuino en pantalla: más deslumbrante y más creíble en piruetas, acrobacias y filigranas por el cielo de la Gran Manzana. Su realismo está muy por encima de lo que ya se ha logrado en los videojuegos de PlayStation de Sony. Es lo que queríamos ver aquellos niños que leíamos tantos cómics de grapa en nuestra infancia, y nos han devuelto muchos homenajes visuales sumamente logrados.
Spider-Man y Nueva York se funden. El héroe arácnido surca con el rojo y el azul de su traje los edificios con una majestuosidad y un fulgor que creo que jamás habíamos visto. Brand New Day tiene imágenes vibrantes y bellas de la gran ciudad que nunca duerme. Pero lo mejor aparece cuando MJ y Peter/Spidey se encuentran o comparten una escena. Nos revuelve por dentro, porque queremos que nuestro héroe esté bien; se merece ser feliz y estar acompañado del amor de su vida. La química que tan bien han manejado Ned (Jacob Batalon), MJ y Peter durante todo este tiempo sigue siendo el corazón de la trilogía.
Y aquí está el verdadero asunto.
Porque Brand New Day no habla solo de Spider-Man, ni de Nueva York, ni de efectos visuales. Habla de memoria. Habla de duelo. Habla del amor cuando la otra persona ya no recuerda quién eres.
¿Cómo volver a enamorar al amor de tu vida si ni siquiera te conoce y si todos los recuerdos en los que invertiste casi toda tu existencia fueron borrados? ¿Cómo volver a romper el hielo con tu mejor amigo, que no recuerda tu rostro, tus chistes ni el buen rollo que había entre vosotros? Aquí reside la ternura y la humanidad del personaje. Aquí reside la gran tragedia: poder volver a construir una amistad borrada o volver a enamorar a la mujer de tus sueños cuando ella no recuerda ni tu voz, ni tu cara, ni tus gestos… y mucho menos tus besos.
Brand New Day es trepidante, es hermosa, oscura, poética, y es todo lo que Spider-Man debe ser en el cine. Tom Holland tiene, por fin, la merecida suerte de estar construyendo el Peter Parker / Spider-Man que siempre quisimos tener en la gran pantalla. Y, a medida que vemos una nueva entrega del personaje, más nos convence. Quizá la mejor hasta la fecha de la era Tom Holland siga siendo No Way Home, por las razones ya comentadas, pero después estaría Brand New Day. Estoy convencido de que, si Destin Daniel Cretton tiene la oportunidad, nos va a traer un Spider-Man gigantesco e inconmensurable.

El soundtrack es magnífico: temas de Foo Fighters, Green Day, Avril Lavigne… Y hasta un tema de Bad Bunny. El score vuelve a correr a cargo de Michael Giacchino, con sintetizadores, mola un montón. ¿Será por la presencia de Sadie Sink (Stranger Things)? La «Suite new day» es de una belleza torrencial.
¿Qué es lo que menos me ha gustado? Que tiene un guion y un desenlace demasiado previsibles. El argumento es muy básico. Y es tanta la expectación que generan estos estrenos que, cuando llegan, apenas hay sitio para las sorpresas. Habíamos leído y visto tanto sobre Brand New Day que no aparecen los sobresaltos de No Way Home, aquellos que tanta dopamina nos generaron en su momento. Pero, a cambio, nos ofrece un muy buen ritmo de guion, interpretaciones sólidas y grandes momentos de emoción del trío protagonista, así como del dúo de humor formado por Spidey y El Castigador, o por Spidey y Bruce Banner / Hulk (Mark Ruffalo). Es un entretenimiento absolutamente sobresaliente y un auténtico goce para los seguidores del personaje.
Spider-Man: Brand New Day merece un segundo y hasta un tercer visionado en las pantallas de cine. Por cierto, es un hermoso detalle de la distribuidora o de Sony que, a la entrada de la sala, nos hayan regalado un pin o una chapa de Spidey. Es como una sentida caricia del personaje antes de sentarnos a disfrutar.
Quedaos hasta el final. Hay una escena poscréditos. No es la pera limonera, pero os hará sonreír y mantiene la coherencia con la simpatía de Ned y Peter Parker.
Al apagarse las luces, lo que queda no es el traje ni las piruetas: es la pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez… ¿Cómo se vuelve a enamorar a alguien que ya no sabe quién eres?