El Festival de Cine de Madrid-PNR celebra su 35ª edición reafirmando su apuesta por el cine independiente y los nuevos realizadores. Diego Corsini, presidente de la Plataforma Nuevos Realizadores, analiza el presente y futuro del Festival, el papel de estos espacios dentro de la industria y las oportunidades que ofrecen a quienes buscan abrirse camino en el cine.
El Festival de Cine de Madrid cumple 35 años. ¿Qué significa celebrar una nueva edición después de tantos años de trayectoria?
Primero, es todo un mérito que hayan sido 35 años consecutivos. Muchos festivales tienen baches en el medio por gestiones, por cuestiones políticas o económicas, y la verdad es que es un gran logro que sean 35 años seguidos y que siga siendo un espacio, sobre todo, de difusión del cine independiente, del cortometraje y de un cine que no es tan fácil encontrar en la cartelera comercial.
Hace unos años hablamos con motivo de Adiós Madrid, una película que también refleja la calidad y el talento que puede encontrarse dentro del cine independiente. ¿Qué importancia tienen festivales como el de Madrid para dar espacio a ese cine que queda fuera de los grandes focos comerciales?
Creo que estamos en un momento bastante complejo en cuanto a la distribución y comercialización del cine. Logramos superar la etapa del cine de estudio, que sigue existiendo, pero que llegó a tener un espacio compartido con el cine independiente, y ahora llegó el cine de plataforma. Las plataformas, por un lado, permiten que se vea más cine de cualquier lugar del mundo desde la comodidad del hogar, pero, al mismo tiempo, recortaron mucho el espacio que tiene el cine independiente en las salas comerciales.
Creo que un festival como este permite no solo que se pueda ver cine en el cine, que se pueda ver un cine de calidad en pantalla grande, sino que además hace que la gente lo conozca y quiera ver más de este tipo de cine, que la gente muchas veces va en automático y va al taquillazo de moda porque es del que se entera. Hay publicidad en todos lados, desde cadenas de comida hasta la vía pública, y te salta en Instagram o en cualquier red social todo el tiempo publicidad de esos proyectos.
Que aparezcan este tipo de espacios permite que la gente se entere de que estas películas existen, las vea, pueda recomendarlas y que ese boca a boca haga que alguien diga: “Quiero ver esta película, ¿dónde la puedo ver?”. A medida que el público las vaya pidiendo, se puede intentar que las salas también quieran mostrarlas y exhibirlas.
Muchas veces el público ve únicamente el final del recorrido, cuando llegan los Goya u otros grandes premios, pero antes existe todo un circuito de festivales. En el caso de Madrid, además, el Festival es calificador para los Goya en la categoría de cortometraje. ¿Hasta qué punto son fundamentales estos espacios para entender realmente cómo funciona el cine en España?
El cortometraje muchas veces se entiende como un trampolín para el largo, pero el corto como tal es un formato que funciona muy bien y que cada vez se ve más. Creo que tener estos espacios donde el cortometraje se pueda ver en pantalla grande y que además permitan ese recorrido para que nuevos realizadores vayan probando, experimentando y generando sus propias películas es fundamental.
Festivales como el de Madrid, Medina del Campo o prácticamente todos los que tienen la especialidad del corto son fundamentales y tienen que seguir existiendo. Creo que fue un gran logro en su momento que existan festivales calificadores para los Premios Goya, porque eso hace que, por un lado, los festivales ayuden a los cortos y a las películas independientes, pero también que esos cortos y esas películas independientes empiecen a reconocer a esos festivales.
Nos retroalimentamos también con la gente que está haciendo cine. Vemos el corto de nuestro colega, vemos la película de nuestro director de fotografía, de nuestro actor con el que trabajamos en otra película y, de golpe, empezamos a descubrir nuevos talentos. El Festival de Cine de Madrid y la Plataforma Nuevos Realizadores lo que buscan es precisamente eso: la inserción de los cineastas emergentes en la industria cinematográfica.
Tú conoces el sector tanto como productor como director. Esta edición ha recibido cerca de 600 obras entre cortometrajes, documentales y largometrajes, de las que finalmente sale una selección. ¿Qué mensaje darías tanto a quienes han conseguido entrar como a quienes este año se han quedado fuera?
Lo primero es que la selección la hace un equipo y, obviamente, cada uno tiene su propio criterio. Uno trata de que sea un criterio lo más amplio posible para que la selección del Festival sea también lo más variada posible.
No tenemos una línea editorial en la que solo tengamos cine experimental. Una de las características de nuestro Festival es precisamente que es amplio. Han estado películas de cine de género, documentales y, obviamente, Cine Sordo. Para los que son seleccionados, que no piensen que con eso ya tocaron el cielo con las manos. Y para los que no son seleccionados, que entiendan que el primer festival y el primer concurso que se pierde es aquel al que uno no se presenta.
Para cada sí hay 27 no. Entonces, es parte también del crecimiento. Uno presenta proyectos, presenta películas y te dicen “no, no, no” hasta que uno te dice que sí. Y, de golpe, se abre un mundo de posibilidades.
Pero si uno baja los brazos en la segunda o en la tercera negativa, lo más probable es que esa película no llegue a ningún lado. Siempre va a haber alguien que encuentre ese valor que uno le aporta a sus películas. Quizá no sea el primer seleccionador, quizá no sea el segundo, quizá no sea el tercero, pero eventualmente alguien va a reconocer que hay algo en esa película que merece la pena que sea seleccionado.
Lo que hay que hacer es seguir insistiendo. Me parece que la perseverancia y la confianza en que eventualmente eso va a suceder es el principal mensaje que transmitiría.
Para terminar, vamos a adelantar un poco las Navidades. Después de esta 35ª edición, ¿qué deseas para el Festival de Cine de Madrid de cara a la número 36?
Desde que nosotros estamos en la gestión, esta Junta Directiva ha buscado que el Festival creciera lo máximo posible, que no fuera únicamente algo que representara a la PNR, sino que fuera un espacio de reconocimiento y de pertenencia para el cine español.
También tiene una vertiente internacional, pero está enfocado sobre todo en el cine español, independiente y en el cortometraje. Haber llegado a la edición 35 y lograr que todos estos años haya ido creciendo la cantidad de gente que viene, que cada año haya más personas comprando entradas y viendo más cine, es importante. Lo que queremos es que el Festival crezca, pero que no crezca solo por ocupar espacio, sino que crezca siempre desde un lugar de contundencia: saber que llenamos las salas, saber que los espacios elegidos funcionan. Ahora ya tenemos la referencia de la Sala Berlanga y Cineteca.
En ese sentido, creo que el deseo es que siga creciendo, pero, sobre todo, que siga creciendo en reconocimiento, en prestigio y en posibilidades de tener más espacios y más presupuesto para poder brindar las mejores condiciones y que las películas se exhiban de la mejor manera posible.
Creo que esta 35ª edición ya demuestra ese crecimiento. Estamos en el Teatro del Círculo de Bellas Artes y tenemos dos cines maravillosos como Cineteca y la Sala Berlanga. Esperamos que para el año que viene y para todas las ediciones futuras esto sea solo la base y que, a partir de ahí, sigamos creciendo.


