El Festival de Cine de Madrid-PNR celebra su 35ª edición reafirmando su apuesta por el cine independiente y los nuevos realizadores. David Torres, codirector del certamen, y Diego Corsini, presidente de la Plataforma Nuevos Realizadores, analizan el presente y futuro del Festival, el papel de estos espacios dentro de la industria y las oportunidades que ofrecen a quienes buscan abrirse camino en el cine.
El Festival de Cine de Madrid cumple ya 35 ediciones. Aunque cuenta con una larga trayectoria, sigue evolucionando y ganando visibilidad. ¿Qué supone celebrar una nueva edición y en qué momento se encuentra actualmente el Festival?
Es curioso, porque decir que un festival que lleva 35 años se está consolidando parece que no cuadra. Son muchos años. Sin embargo, es una realidad y se va consolidando poco a poco porque, al final, es un festival muy chiquitín que depende de la asociación, de la Plataforma Nuevos Realizadores.
La asociación está viva y va cambiando, por lo que el Festival ha tenido muchas juntas, muchas directivas y ha ido evolucionando. Al principio fue una muestra, después fue evolucionando hacia lo que es ahora e incluso ha tenido sus momentos internacionales. Ahora estamos centrados solo en la parte nacional.
Para mí, en los tres años que llevamos con esta misma gestión, la gran consolidación ha sido centrarnos en dos sedes, Matadero y Berlanga, y tener a SGAE y DAMA como la Zona Industria. Y, sobre todo, cerrar también la fecha, porque el Festival siempre ha oscilado entre septiembre y octubre. Ahora ya estamos siempre la semana antes de San Sebastián, con lo que ya te ubicas. Ya no es preguntarse cuándo va a ser el año que viene, sino que sabes que será la semana antes de San Sebastián y siempre en esas dos sedes.
Yo llevo 15 años aquí en Madrid y llevo 15 años conociendo el Festival, porque ya llevaba 20 cuando llegué. Siempre ha sido un festival que ha mutado mucho, que ha cambiado mucho, y el hecho de que ahora mismo estemos en un punto en el que repetimos patrones creo que nos viene bien de cara a consolidarlo.
A nivel de promoción, para mí siempre ha sido una asignatura pendiente. Este año estamos apretando un poco más, pero siempre llegamos a última hora sin aliento y con lo poco que podamos hacer de promoción. Es verdad que Instagram, Facebook, TikTok y demás permiten llegar a un público sin un gran esfuerzo de promoción. Antes, o te ponías en la radio o en la televisión, o no existías. Conseguir que la prensa, la radio y la televisión te hicieran caso siendo el festival de una asociación, me imagino que hace 35 años, cuando arrancaron, era imposible.
Para los amantes del cine es un festival reconocido y, además, su sección de cortometrajes tiene una relación importante con el camino hacia los Goya. Pero para ese público cinéfilo que quizá conoce mejor San Sebastián, Málaga o Seminci, ¿cómo definirías el Festival de Cine de Madrid y cuál dirías que es su lugar dentro del circuito?
En general, desde fuera, el Festival de Cine de Madrid siempre es el festival de la PNR, de la Plataforma, de la asociación. Y es verdad que está muy ligado a la asociación, pero no es el festival de la asociación.
Para mí, el Festival de Cine de Madrid no ha sido el festival de arranque de un proyecto, pero sí ha sido el momento de pasar por Madrid. He tenido proyectos que han arrancado en Medina del Campo, que han ganado el Premio del Público de Medina del Campo, yo como productor, y el momento de exhibirse en Madrid es cuando llega la PNR.
El Festival de Cine de Madrid es donde los proyectos relevantes que están funcionando en circuito y que van camino a los Goya se exhiben en Madrid. Es el momento de llegar a Madrid.
Madrid es un espacio complicado para los festivales porque hay muchísimos, pero no hay festivales grandes. Son festivales pequeñitos y muy temáticos. Documenta Madrid es específico de documental; Directed by Women es un festival dirigido por mujeres; Márgenes es un festival de cine en los márgenes; Another Way es un festival de cine sostenible. Todos los festivales tienen una coletilla en Madrid. Film Madrid, que es el otro genérico, entre comillas, es muy independiente a la hora de programar. No te va a programar el que va a ganar el Goya, va a buscar siempre una mirada más diferente.
El Festival de Cine de Madrid, al final, es un festival general, para todos los públicos, y permite que un proyecto que lleva un circuito de festivales fuerte llegue a Madrid. Por ejemplo, el año pasado el corto que ganó el Festival de Cine de Madrid fue Ángulo muerto, que es el corto que ganó el Goya. El anterior, lo ganó Una obra maestra, que fue el que ganó el Goya.
Hay una cercanía respecto a los cortos que terminan llegando a la selección final y a la nominación muy clara. No te voy a decir que siempre coincida, pero muchas veces coincide o, al menos, entre los nominados de cada año tienes tres o cuatro cortos que han pasado por el Festival y han tenido repercusión. Somos un festival muy general y eso es lo que, de alguna manera, engloban los Goya. No es un festival muy temático o de género y eso en Madrid no existe. Son festivales muy chiquititos y este, al ser calificador, lo hace más grande.
Esta edición ha recibido alrededor de 600 inscripciones entre cortometrajes y largometrajes, hasta configurar una programación de unas 90 obras. Tratándose, además, de un festival dedicado exclusivamente a producciones españolas, ¿cómo se desarrolla un proceso de selección así y qué criterios utilizáis para decidir qué trabajos terminan entrando?
Tenemos la suerte de que son 600 porque solo recibimos películas españolas, de producción española. Puede ser una coproducción internacional, puede venir rodada en inglés por necesidades. Hay, por ejemplo, una este año que está rodada en inglés porque está rodada en África y tiene todo el sentido del mundo. De hecho, creo que tiene parte en francés.
Siendo un festival exclusivamente para cine español, que te lleguen 500 cortos y 100 largos es un montón. Realmente, la Sección Oficial de cortometrajes son 47.
Hay que intentar evitar siempre que sea específicamente subjetivo, porque el gusto de un programador no tiene por qué ser el del otro. Hay una primera fase donde lo que se ve es un poco la calidad del corto. Y cuando digo calidad del corto no me refiero solo y exclusivamente a que esté técnicamente bien rodado. Parece que si está bien rodado ya tienes un corto bueno, y no. En la calidad del corto influye también la historia, que sea original o que aporte algo en general.
Esa primera criba es compleja, pero la idea es que pasen los cortos que tienen un mínimo de coherencia en la historia, en el guion, en la forma en la que están rodados y que, en conjunto, puedas decir: “Este corto te puede gustar o no, eso ya es subjetivo, pero cumple un criterio mínimo de selección”.
A partir de ahí, con esa preselección, es cuando se sientan los tres seleccionadores y debaten. No es exclusivamente un tema de que el corto sea maravilloso, esté muy bien hecho y ya entre. Ahí sí entra el criterio subjetivo y que haya programadores que quieran apostar por un corto que, a pesar de no tener un circuito de festivales fuerte detrás, esté contando algo de forma diferente y quieras programarlo porque dices: “Hay que darle una oportunidad porque es un corto diferente”.
Es una reunión de horas entre los tres programadores, que son los que terminan decidiendo entre dos cortos que aparentemente cumplen unos mínimos, pero hay uno que destaca por algo.
Desde tu experiencia como productor y has tenido proyectos que han recorrido circuitos internacionales. ¿Qué diferencias has podido percibir entre España y otros países a la hora de organizar y sostener este tipo de festivales, especialmente cuando detrás no existe un gran patrocinador y buena parte de su funcionamiento depende de la financiación y del trabajo de una asociación?
No te sé decir exactamente. Conozco un poco el mercado internacional, pero siempre desde fuera. Lo que he vivido de festivales ha sido como productor. Una vez pasas la barrera, yo no sé internamente cómo funcionan. Al final, decir que la financiación en España es muy limitada o muy pequeñita… tampoco sé cómo es en Bélgica.
Sé que, por ejemplo, he estado en el BIFFF y era una cosa descomunal. Era un festival gigantesco. Tuvimos un proyecto hace muchos años y fue como: “Madre mía, qué festival”. Estuvimos también en uno pequeñito en el CERN, donde hacían un festival, y era una cosa súper curiosa y súper friki. Te enseñaban el acelerador de partículas, te hacían una visita guiada por dentro del CERN…
Al final, cada festival es un mundo y creo que los festivales, sobre todo los de cortos, vienen más de la pasión del que está detrás organizándolo. En este caso es una asociación y, en otros, es un equipo que se ha juntado, lleva años haciéndolo y lo hace por pasión más que porque haya una entidad detrás. Es verdad que en España hay algunos festivales grandes de cortometrajes que vienen avalados por la ciudad. Ahí es más fácil, por decirlo de alguna manera, a nivel financiero, porque tienes al patrocinador grande. Ya tienes tu patrocinador y sabes que tu festival se va a hacer.
Nosotros dependemos un poco de que cada año la financiación vaya fluctuando. Hay años, como este, en los que tenemos el apoyo de la Comunidad de Madrid, del Ayuntamiento, de SGAE, DAMA y EGEDA, que siempre están, con lo que de repente tenemos más músculo. El Festival es más o menos el mismo. La diferencia es que, en vez de ser un equipo chiquitito, este año somos un equipo más grande. No vamos a estar corriendo entre sedes, sino que cada uno va a estar en su sitio.
Tenemos también una inauguración en un sitio más grande. El año pasado, gracias a la Comunidad de Madrid, que nos dejó Alcalá 31, lo hicimos allí, pero era un espacio súper chiquitín. Estuvimos en plan: “Por favor, que no llegue nadie más a la inauguración, que no entramos, que nos vamos a sentar en la escalera”. Ahora pasamos de las 100 plazas que tenía Alcalá 31 a 400. Aquí no vamos a tener problemas de aforo.
Hablábamos antes de los jóvenes talentos que presentan sus cortos, documentales y películas a festivales como este. Algunos serán seleccionados y otros se quedarán fuera. Desde tu propia experiencia dentro de la industria, ¿qué mensaje darías a quienes están empezando y quieren dedicarse a la dirección, la producción o la interpretación?
Yo les diría que no hay que obsesionarse con los festivales. Los festivales llegan, y llegan cuando vas cogiendo tablas, experiencia, vas contando mejor las historias, trabajando más el guion y preproduciéndolo más.
Yo recuerdo cuando empezamos en esto hace muchos años, como productor, que era: “Joder, es que no nos selecciona nunca un festival importante, es que a los circuitos de festivales no llega…”. Y, de repente, hicimos un corto en el que estuvimos como un año dándole vueltas al guion. Fue una producción súper pequeñita, hecha en la casa de veraneo de los padres, en el garaje. Construimos una nave espacial, porque era de ciencia ficción, y nos tiramos meses hasta llegar a rodarlo, como hormiguitas, consiguiendo trabajarlo todo y haciéndolo todo.
El corto quedó redondo y cuando lo vimos fue como: “Joder, si este no funciona en festivales, hay que dejar esto ya”. El primer festival fue Medina del Campo. Arrancó allí, lo seleccionaron del tirón y, a partir de ahí, tuvo unas 200 selecciones. Creo que cuando haces un proyecto llega un momento en el que ya sabes cuándo va a funcionar y cuándo no. Cuando lo ves terminado dices: “Hostia, esto va a funcionar”. Y lo más importante para mí es no obsesionarse.
Los festivales llegan cuando realmente vas cogiendo experiencia, vas rodando y vas aprendiendo hasta llegar a un punto en el que dices: “Hostia, esto que he hecho es redondo, funciona. Tiene un diferencial, tiene cosas que lo hacen interesante”. Es verdad que a veces te queda mejor y a veces peor, pero cuando lo haces con ganas, con pasión y hay una historia detrás que quieres contar, si consigues que quede redondito, al final los festivales llegan.
Y el Festival de Cine de Madrid es lo que te digo: es la plaza de Madrid para poder publicarlo y llevarlo. Al final programamos bastante, acogemos muchísimos cortos y hay de todo.
Para terminar y adelantándonos un poco a los deseos de Navidad, ¿qué deseas para el Festival de Cine de Madrid de cara a su 36ª edición?
Estamos en una nueva era del Festival. Te decía antes que los festivales de Madrid tienen algún diferencial, ya sea terror, documental o cualquier otro. Nosotros tenemos algo que ha salido de forma orgánica porque en la asociación está Lázaro Contreras, que es sordo. Él creó hace, creo, ocho años la sección de Cine Sordo. En España no te sé decir cuántas hay, pero son muy poquitas, y festivales de cine sordo a nivel mundial hay muy pocos.
Nosotros tenemos una sección que, además, es más peculiar porque no es cine accesible porque tenga subtítulos, sino que es cine sordo hecho por sordos. Exhibimos cortos que hayan sido producidos, dirigidos o actuados por personas sordas, que tengan lengua de signos o algo relacionado con el colectivo. Lo selecciona Lázaro junto con un equipo de selección y está todo muy ligado a las personas sordas.
Este año hemos querido darle una pequeña vuelta al Festival. La Sección Oficial está toda subtitulada. No hemos conseguido tener los subtítulos descriptivos para personas sordas, ni el bucle magnético, ni todo a lo que queremos llegar, pero ya hemos empezado con el primer pasito.
Toda la Sección Oficial está subtitulada. La Sección 7 está subtitulada especialmente para sordos y esa sección la vamos a proyectar el sábado, justo antes de la sección de Cine Sordo, y la vamos a hacer también para personas invidentes con audiodescripción. Estamos dando pequeños pasos hacia que el Festival sea más accesible. Evidentemente, no es una sección de accesibilidad universal porque para eso tendríamos que entrar muchísimo más y poco a poco iremos entrando, pero a día de hoy hemos empezado a dar pequeños pasos.
Esa sesión la presenta Mariano, un periodista ciego que trabaja para Televisión Española y que llevó la comunicación de la ONCE hace años. Esa sesión funciona como un piloto para intentar ver hasta qué punto somos capaces de hacer el Festival más accesible. Nuestra sección de Cine Sordo se va a conservar porque es cine hecho por sordos; no es una sesión accesible, es una sesión que ya es inclusiva. La idea es hacer que el Festival sea más inclusivo a nivel de espectador. Ya tenemos esa parte de inclusión dentro del realizador, pero la idea es que también sea inclusivo para el espectador. Las galas llevan años siendo signadas y estamos en esa línea.

