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«Furious»: Violencia que vuelve

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La serie del momento, sin duda, es «Furious», disponible en Disney + a través de Hulu, y creada por Liz Meriweather.

Meriweather se dió a conocer con una pseudocomedia protagonizada por esa actriz tan empalagosa como su nombre, Zooey Deschanel. Posteriormente, y ya que estamos en Disney, eligió el lado oscuro de la narración audiovisual y es la autora de productos destacados como las series The Dropout, sobre la perturbadora Elizabeth Holmes y su timo del análisis de sangre con una sola gota, y Diying of Sex, serie que oscila entre el drama del cáncer metástasico y la comedia consistente en el redescubrimiento del sexo, y que está protagonizada por la genial Michelle Williams.

Como se puede ver las historias de Meriweather están casi exclusivamente protagonizadas por mujeres que descubren su verdadera identidad, y están basadas o bien en hechos reales, o son adaptaciones de otros formatos como podcast en el caso de Diying of Sex, o el guión de una mediocre película de los 80 protagonizada por Debra Winger (El Caso de la Viuda Negra) en el de Furious, cuyo argumento Meriweather hace girar muy inteligentemente hacia la violencia sexual infantil, dando a su asesina en serie una motivación tan fuerte que incluso hace que la apoyemos en determinados momentos, especialmente hacia el final.

La serie, un éxito de la plataforma, hasta el punto que ya está confirmada una segunda temporada, tiene un argumento que uno podría esperar algo más original: se construye alrededor de dos personajes que, aunque se encuentran a ambos lados de la ley, están unidos por infinidad de puntos en común; por un lado una asesina en serie que mata por venganza, por otro una expolicía convertida en agente del FBI. También hay una conspiración de dimensiones más o menos considerables y ese inevitable desfile de personajes que parecen buenos hasta que dejan de serlo.

El cine y la televisión llevan décadas jugando con esa idea. El clásico Heat de Michael Mann convirtió el enfrentamiento entre policía (Al Pacino) y delincuente (Robert de Niro) en una especie de género propio y las buddy movies o películas de colegas han demostrado muchas veces que dos personajes enfrentados pueden acabar teniendo más cosas en común de las que parecía al principio. En el caso de Furious, la serie intenta ir un poco más allá, estableciendo una conexión entre los personajes antagonistas a un nivel mucho más profundo.

Porque aquí las dos protagonistas no solamente son antagonistas (o al principio lo parece), las dos han sufrido, las dos arrastran un pasado que no terminan de recordar, ni de asumir, y las dos son, en el fondo, mujeres heridas que han aprendido a sobrevivir como han podido a la violencia machista. La diferencia es la manera en que cada una ha reaccionado a lo que le ha ocurrido, un poco a la manera de Infiltrados, en la que los personajes de Leonardo Di Caprio y Matt Damon tenía el mismo origen, sufrían las mismas penalidades y conocían a las mismas personas, pero sus caminos tomaban direcciones diferentes incluso aunque ambos se hagan policías.

Cr.Disney/Sarah Shatz. Emmy Rossum es la agente de F.B.I. Alice Black

Aquí esos caminos provocan tal número de conexiones entre ambas que en un momento dado cuando la agente Alice (una extraordinaria Emmy Rossum) en el curso de su investigación acude a un refugio de acogida de mujeres maltratadas, la persona encargada del refugio le pregunta si la conoce de algo (luego sabremos por qué).

Y esa es precisamente la clave de la serie.

Esa conexión entre ambas va creciendo poco a poco. Al principio parece simplemente el mecanismo necesario para enfrentar a la policía con la delincuente. Después empiezas a descubrir que las reacciones de una podrían perfectamente haber sido las de la otra y llega un momento en que ya no resulta tan sencillo decidir quién persigue a quién, quién es realmente la víctima y quién es realmente el monstruo. Los caminos, en uno de los grandes aciertos de la serie, se entremezclan hasta que se intercambian los papeles, literalmente, incluyendo cuál de las dos sufre la violencia y cuál las ansias de venganza y de redención.

Es una conexión delicada, incluso algo inverosímil en algunos momentos, pero sorprendentemente coherente con la historia que nos están contando.

Porque lo interesante de Furious no es la lógica policial. De hecho, la lógica policial es probablemente lo más aburrido de la serie. Hay decisiones que no tienen demasiado sentido, personajes que cambian de bando con una facilidad sospechosa y una gran trama conspiranoica que, sinceramente, ni parece tan grande, ni tan conspiranoica.

Cr. Disney/Sarah Shatz) Lola Petticrew da vida a la asesina perseguida por el F.B.I.

Lola Petticrew encarna a Catherine, la asesina, con una mezcla de vulnerabilidad y atrevimiento sexual casi explícito, un poco parecido a su papel en otra serie de Disney, No digas nada, donde encarnaba a Dolours Price, terrorista del IRA. Emmy Rossum merece capítulo aparte. Hace ya tiempo que demostró en las 11 temporadas de Shameless de lo que era capaz, pero sigue teniendo esa capacidad para mostrar en un mismo rostro una enorme fortaleza y una fragilidad casi infantil.

Y luego están los secundarios.

Porque una de las decisiones más inteligentes de la serie es no dejar que estas dos mujeres se coman todo el relato. Alrededor de ellas aparecen personajes como Nora Washington, cuyas réplicas la convierten en un auténtico volcán; detective del FBI, es la clase de persona que se encierra en su despacho a ver videos de pornografía infantil porque sabe que son la clave para coger a los monstruos que están detrás de ellos.

O Steve Way. Steve probablemente no volverá a interpretar papel en su vida, o por lo menos, un papel como el que hace en Furious. La principal razón es porque Steve es parapléjico debido a una distrofia muscular que le hace necesitar una silla de ruedas asistida, tampoco puede comer por si mismo, y tiene enormes dificultades para moverse o hacer una vida normal. Pero Alden, el personaje de Steve, es una de las mejores razones para ver esta serie.

Primero porque Alden está enamorado (de la asesina, por supuesto) y todas sus escenas con ella, un personaje despiadado en sus crímenes, pero que con él es todo cariño y bondad, son estupendas, están llenas de una inteligente ironía en la conversación y en la propia asunción de su discapacidad como no se había escuchado desde Peter Dinklage, el enano de Juego de tronos.

El recorrido del personaje de Catherine, así como el de la interpretación de Petticrew, es anárquico, pasando de controlar totalmente la situación de sus crímenes, a casi ser un alma en pena que parece que puede ser manipulada por cualquiera. Lo que al principio resulta estimulante acaba convirtiéndose en una sucesión de decisiones cuyo único objetivo parece ser sorprendernos. Y la asesina, que debería provocar inquietud, termina haciendo que sus crímenes resulten incluso monótonos.

Porque después de construir durante los primeros episodios una relación cada vez más compleja entre las dos protagonistas, el personaje termina prácticamente en el lugar donde uno pensaría que debería haber empezado. Y la última escena, con policías y agentes del FBI delante de la casa en la que se supone que está el gran culpable de todo, discutiendo si entran o no mientras la asesina está dentro, resulta difícil de defender.

Una pena. Porque Furious tiene una idea mucho mejor que la serie que termina siendo. Esa ambivalencia, ese recorrido paralelo y ese pasado que te acerca tanto a una asesina que termina por afectarte.

Y es precisamente ahí, en esa idea, en donde Furious funciona.

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Carlos Muñiz Vidal
Carlos Muñiz Vidal
Intento huir de las películas y las series, pero ellas me persiguen. Desde mis estudios de audiovisuales a mi trayectoria profesional en canales temáticos, puede que sea yo el que las persiga a ellas. Fascinado por las historias desde siempre, sean éstas a través del cine, la literatura, el teatro o la televisión, en esta época de plataformas intento buscar esa fascinación oculta en el algoritmo que nos impide descubrirlas.

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