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«Coyote vs. Acme»: Los Looney Tunes contra la industria del cine

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El siglo XXI no ha sido benevolente con la franquicia de los Looney Tunes. La colección de personajes de Warner Bros fue uno de los estandartes del entretenimiento del siglo pasado. Diecisiete nominaciones al Oscar al mejor cortometraje animado (incluyendo cinco victorias) demuestran el fervor que había en los Estados Unidos por Bugs Bunny y compañía a lo largo de varias décadas. Ya en los noventa, la franquicia demostró su vigencia con una de las mayores colaboraciones de todos los tiempos -la formada entre los «Looneys» y la NBA-; «Space Jam» se coló en el top 20 de películas más taquilleras del planeta en 1996 y se convirtió en un icono popular. Desde entonces, varios proyectos han mantenido vivos a los personajes, pero su posición de dominancia cultural se ha visto disminuida hasta el día de hoy. En «Coyote vs. Acme», los Looney Tunes se acogen al rol de grupo maltratado y menospreciado; tanto en el argumento del film como en las condiciones de su distribución.

Y es que no hay forma de entender la película sin conocer las circunstancias industriales que la rodean. El rodaje se remonta a 2022, pero, una vez finalizada la película, Warner Bros decidió no estrenarla por motivos fiscales, ni siquiera directamente a través de su plataforma HBO Max. La que en su día fue la mayor franquicia del mundo, parecía que no lograría estrenar su última producción por falta de interés del estudio (y previsiblemente del público). Ante esta situación, una fuerte campaña de redes sociales convenció a Warner de vender los derechos de distribución a Ketchup Entertainment y, por fin, tres años después, ha podido ver la luz.

El propio argumento de la película rima con esta situación, pues los personajes de dibujos -encabezados por el mítico Will E. Coyote- son explotados, maltratados y despreciados por una gran empresa: la multinacional ACME. La película se convierte en una comedia judicial en la que Coyote y el bufete que lidera Will Forte -bufete que homenajea en su nombre a los clásicos directores Tex Avery y Chuck Jones- se enfrentan, con todas las de perder, al malvado capitalismo y a sus malvadas empresas.

© 2026 Warner Bros. Entertainment Inc Los Looney Tunes están de regreso con tres años de retraso

La esencia de los Looney Tunes está en la película, a pesar de que muchos de sus personajes emblemáticos aparecen solo residualmente. A pesar de no tener la locura caótica de Space Jam, de Bugs Bunny y del pato Lucas, persiste el slapstick violento y bruto de los cortos del Coyote y el Correcaminos. Como en los mejores tiempos de la franquicia, el silencio perpetuo del Coyote y su capacidad para recibir mamporros, caídas, golpes y explosiones mantienen alto el nivel de comedia. El cineasta Dave Green entiende la capacidad de la animación para conseguir lo imposible (ni Tom Cruise alcanza el nivel de acciones de alto riesgo que ejecuta el Coyote) y combina deliciosamente animación y acción real al más puro estilo Roger Rabbit.

Aún así, la comedia se queda en lo esperado sin llegar a las cotas de brillantez de los mejores momentos del universo Looney Tunes. Es una película que se entiende muy bien de este momento de la historia, más cínica de lo que nos tienen acostumbrados sus personajes. Hace treinta años, los conflictos se solucionaban con un partido de baloncesto intergaláctico y, ahora, hay que enfrentarse a litigios comerciales. El film a logrado hablar de sus propias circunstancias casi sin quererlo y eso es lo mejor que tiene, porque si una película puede permitirse un optimismo irreal, ilógico y atemporal es una de los Looney Tunes. Ojalá sigamos viendo obras de nuestros personajes favoritos y ojalá vuelvan a resolverse con un brazo extensible de Michael Jordan.

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Gerard Garrido Duch
Gerard Garrido Duch
Divulgador científico y cultural, además de apasionado del cine y de la crítica. Soy un barcelonés devorador de películas, estudioso de los Oscar y devoto de Billy Wilder y Scorsese. Capaz de desviar cualquier conversación hacia el cine, también encuentro refugio en el fútbol, la música y la gastronomía.

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