Con motivo del estreno en Netflix de «El mapa de los anhelos», adaptación de la exitosa novela de Alice Kellen, Pablo Álvarez da vida a Will, uno de los personajes principales de una historia que aborda el amor, el duelo y la necesidad de reencontrarse con uno mismo. El actor, con una trayectoria que combina cine, televisión y teatro, habla sobre el reto de interpretar un personaje emocionalmente complejo, su formación, su relación con el escenario y la importancia de afrontar el dolor sin dejar de avanzar.
¿Crees que es posible amar a otra persona si antes no estamos bien con nosotros mismos?
No, o sea, sí podemos, pero pasa factura.
¿Cómo llegó a ti el personaje de Will y qué supuso conseguir este papel?
Pues nada, llevo haciendo muchas pruebas y muchos casting desde el 2017. He trabajado mucho en tele y teatro y siempre he tenido buenas oportunidades. He trabajado mucho y esta vez llegó el protagonista. Fueron muchas pruebas. En Barcelona se rodaba y me hicieron muchos casting allí. Tuve que ir durante cuatro o cinco días en AVE para hacer pruebas con otras compañeras y, al final, salió.
¿Qué fue lo que más te atrajo de Will cuando leíste el guion?
Pues que me parecía un personaje complejo, con mucho mundo interno, con sensaciones que entiendo bastante de él. Sobre todo era un personaje donde había mucho en lo que meterse, mucho conflicto, mucha cosa que trabajar y, para un actor, eso es muy agradecido.
La serie habla del dolor y de cómo enfrentarnos a él. ¿Crees que todavía nos cuesta aprender a convivir con ese sentimiento?
Sí. Yo creo que las herramientas cuestan encontrarlas y para eso sirve la terapia, el crecimiento personal y los objetivos que uno se marca en la vida. El dolor forma parte también de la vida, así que frente a la incertidumbre hay que acudir a especialistas y a gente que te ayude a entenderlo y a adquirir herramientas. Hoy en día es fácil acceder a personas que pueden ayudarte con estas cosas y uno mismo, a veces, no sale del bucle y necesita de su gente. Sí, el dolor es un tema.
En la serie, Greta encuentra un camino gracias al mapa de los anhelos que le deja su hermana. ¿Tú tienes algún «mapa de los anhelos» personal para afrontar los momentos difíciles?
No es de una manera tan simbólica como en la serie, donde hay un juego de pruebas que simboliza bastante bien el mundo interno que tenemos que atravesar todos cuando nos enfrentamos a algo que nos perturba. No, te diría que no tengo un mapa. Voy tirando de amigos, de la familia. Mi profesión también me permite analizar las cosas de una manera más concreta y ser actor, además de haberme formado como lo he hecho, también me da herramientas para abordar estas cosas en la vida.
Aun así, creo mucho en la terapia, en los especialistas y en la gente que te puede ayudar a crear tus propios mapas.
Si tuvieras que definirte en pocas palabras, ¿cómo lo harías?
Es difícil definirse a uno mismo, la verdad. Casi es mejor cuando responden otros. No sabría decirte.
¿Cómo recuerdas tus primeros años de formación y el comienzo de tu carrera como actor?
Empecé en la escuela de interpretación Cristina Rota. Hice los cuatro años y ahí no dejé de formarme. Luego seguí con Corazza, con Manuel Morón, con Pablo Messiez… Siempre me gusta seguir formándome porque me encanta la preparación y creo que, a nivel personal, también me aporta mucho.
Empecé a hacer casting desde los 19 años, cuando estaba en segundo de la escuela. Ya entonces llegué a alguna final y mi primer proyecto para televisión fue Mar de Plástico, cuando estaba en tercero. La industria, en ese sentido, me ha tratado muy bien y siempre me ha dado oportunidades. También las he pasado mal, me han dicho que no muchas veces y he llegado a muchas finales, pero también está bien que el camino sea progresivo y que cuando llegan los momentos importantes te pillen preparado.
Siempre recurro también a la productora de teatro que monté con unos compañeros y a mis proyectos personales, ya sea teatro o cine. Eso me ayuda mucho en los momentos de parón. Me gusta tanto esta profesión que, para mí, no existe otra opción. He trabajado en muchas cosas por necesidad económica, pero desde los 17 años siempre he estado ligado a la interpretación. Me apasiona.

Has trabajado en televisión, cine y teatro. ¿Cómo conviven esos tres ámbitos en tu carrera?
Yo creo que eso de que el actor nace en el teatro es más un mito. Hay actores maravillosos que solo han hecho televisión o cine. En mi caso empecé formándome ahí y uno se vuelve adicto al teatro. Los procesos creativos son distintos, conectar con los personajes también, el proceso de ensayos es otro viaje. Requiere un nivel de concentración y preparación muy alto y eso, personalmente, me motiva muchísimo.
Por eso nunca lo dejo. Siempre estoy levantando proyectos. Die Erbe, por ejemplo, es una obra que seguramente estrenaremos el año que viene con el título Dejadlas que hablen. Es un proyecto que creo con mi compañía y con compañeras y compañeros maravillosos.
Me encanta el teatro porque pasé seis o siete años actuando todos los fines de semana y eso es adrenalina pura. Además, mi hijo y la madre de mi hijo también están muy ligados al teatro, así que siempre ha formado parte de nuestra vida. Amo hacer televisión, amo hacer cine y cada proyecto tiene algo diferente, pero el teatro te regala una libertad y unos momentos increíbles.
Muchos actores alternan el teatro con la televisión y el cine. ¿Crees que esa combinación es la clave para mantener el equilibrio?
Sí. Conozco a muchísimos actores que lo hacen: Fernando Cayo, Carmen Machi, Bárbara Lennie, Israel Elejalde… Creo que esa es la clave.
No creo que uno vuelva al teatro para escapar de la fama. Cuando ya estás dentro de la rueda, eliges más por proyecto y por el momento vital en el que te encuentras. También tienes que resolver tu vida económica y decidir qué proyecto encaja contigo en ese momento. Lo interesante son los personajes, el director o la directora con quien trabajas.
Todo es muy impredecible en esta profesión. No creo que exista una fórmula; uno elige según le llegan las cosas y según el punto en el que está en su vida.
Si pudieras hablar con el Pablo que empezaba en esta profesión, ¿qué le dirías?
Le diría que corra menos.
Y él me diría: «Vale».
¿Quiénes han sido tus grandes referentes dentro y fuera de la profesión?
Mi familia es un referente muy importante porque son las personas con las que vivo todo esto y con las que crezco: mis padres, mi hermano, mi hijo, la madre de mi hijo y mis amigos. También mis amigos de la industria, porque me ayudan a que el objetivo no se disipe y siempre me colocan en el sitio correcto.
Dentro de la profesión, Fernando Cayo me parece un referente como persona y como actor. Creo que es el compañero perfecto. También admiro muchísimo a Javier Bardem, Penélope Cruz, Carmen Machi y, de mi generación, a Patrick Criado, Nacho Sánchez, Ignacio Montes o Izan Escamilla. Tengo grandes referentes y cada día te inspira alguien distinto.