El pasado 27 de junio llegó a los cines «Ramón y Ramón», película, dirigida y coescrita por Salvador del Solar y producida por El Deseo, que participó en Horizontes Latinos en el Festival de San Sebastián. El film ofrece un retrato honesto sobre la amistad y los lazos familiares que traspasa fronteras geográficas y emocionales. Con motivo de su estreno en nuestro país de charlar con su protagonista Álvaro Cervantes.
Han pasado 5 años de la pandemia, «Ramón y Ramón» se ambienta en Perú durante el COVID ¿Cómo ha sido “recordar” todo?
Pues ha sido impactante, la verdad, el momento en el que me dieron una mascarilla para ponerme fue como ¡guau! Como que siento que el ser humano tiene un mecanismo ahí de aparcar ciertas cosas y apartarlas de la memoria, por las cosas que han sido traumáticas o que te hacen sufrir, entonces fue un poco impactante, sí, como recrear esos momentos. Y bueno, de alguna forma también generar ese contexto me parecía muy adecuado en el guion para entender cómo esos personajes se encuentran y conectan. Pero claro, han pasado cinco años, hemos vuelto a la normalidad.
Mateo se ve atrapado en Perú por el COVID, una ciudad que no es la suya ¿cómo ha sido preparar un personaje?
Bueno, el personaje realmente, lo que le implica ese momento es que no puede volver a España y se queda, como dices en Perú, varado en Lima. Y de alguna manera ese hecho de no poder seguir con su viaje le hace mirar un poco para adentro. Y esa un poco huida que tiene personal de esa crisis existencial muy burguesa que está viviendo, hace que él no se ponga en el centro del mundo. En ese momento él pasa a formar parte de algo que tiene otra importancia como es acompañar al personaje de Ramón. Es como que se deja de mirar un poco el ombligo para ayudar a un nuevo amigo.
La película se rueda en Perú, no sé si habías estado alguna vez, ¿qué te ha parecido?
Pues nunca había estado, además a partir de no estar conocía muy poco del país a nivel de cultura y demás. Y ha sido un regalo total, ha sido una aventura, sobre todo pensando en el equipo que me ha acogido allí, de una calidad técnica, artística, humana, alucinante, que ponen todo el rigor y todo el entusiasmo en cada día de rodaje. Al final se le da mucho valor en esa industria poder rodar una película con todo lo que implica.
Y la verdad que ha sido un rodaje soñado, donde me llevo a grandes personas, empezando por Emanuel Soriano, que ese vínculo que se establece en la pantalla me lo llevo a la vida. Ha sido muy fácil formar parte de esta película, porque de alguna manera también ese viaje, esa aventura que vive el personaje, yo la estaba viviendo también en ese momento con el rodaje.
Tu personaje, como has dicho, se encuentra varado, atrapado, pero hay un momento en el que tiene la posibilidad de volver, pero no vuelve. ¿Esa decisión es porque todavía no ha encontrado su camino y quiere encontrarlo?
Sí, el personaje no está preparado para de alguna forma hacerse cargo de su propia vida. Y en ese viaje, como muchas veces nos pasa con los viajes, los idealizamos como un lugar de reconectar con algo que al final deja de estar en uno mismo. Pero él necesita seguir ese viaje y necesita seguir explorando. La película se puede ver que trata de afrontar los miedos internos que uno puede tener y encontrar un camino que le puede llevar a la paz. La película navega entre lo emocional y lo introspectivo, hay un equilibrio que consigue muy bien el director.
¿Te has llevado algún tipo de reflexión de interpretar este personaje y de participar en esta película?
Bueno, la reflexión es que lo que pasa con estos personajes es que se encuentran por ese contexto de pandemia, que es lo que también pasó en ese momento, que igual había vecinos que no habían hablado nunca y en ese contexto conectaron y se conocieron. Y entonces creo que ojalá no hiciera falta contextos extremos para ver a la otra persona, para conectar. Entonces, de alguna forma, creo que es una película que invita a estar abierto a las demás personas, abrirse a uno mismo también, porque al final creo que lo mejor de la vida es eso, los vínculos que uno establece y cómo te acompañan en tu vida.
Has comentado la química con Emanuel Soriano ¿cómo ha sido trabajar con él? No sé si la conocías previamente, si habías conocido algunas de sus otras películas.
Pues sí, desde el minuto uno que conocí a Emanuel hubo mucha conexión y muchas ganas de trabajar. Es un actor espléndido y con mucha capacidad de trabajo, muy currante. Entonces llegué y lo pillé a mitad de su proceso y ahí pudimos trabajar muy a gusto en los ensayos y salieron cosas muy reveladoras y Salvador del Solar nos dio mucha confianza para trabajar. Es como que de alguna forma él decía que como director, una vez que tenía todos los elementos de la película y todo el equipo armado, él como director lo que tenía que hacer era no ponerse en medio de lo que estaba pasando para que luego todo se ordenase y sucediera lo que tenía que suceder.
Entonces vivimos eso, es algo que también yo me llevé a mi propia vida. Es algo que uno sabe, pero dicho de manera tan lúcida y tan clara como lo hace Salvador, te invita un poco a soltar el control y creo que esa es uno de los hallazgos de esta película, el de soltar el control.
Durante la película se puede ver como Ramón tiene muchas cosas que decir a sus queridos, pero no termina de hacerlo, ¿has sentido eso alguna vez?
Bueno, probablemente habrá momentos que uno piensa que no ha expresado lo suficiente. Yo soy bastante expresivo y no sé, no me guardo nada con mis seres queridos, pero creo que siempre está bien revisar las cosas que uno puede expresar y que puede poner sobre la mesa para seguir cuidando, alimentando y construyendo los vínculos de manera sana. Es algo que creo que es importante, recordarse lo importante que es expresar lo que uno siente.
Este año «Ramón y Ramón», «Sorda» con la que ganaste el premio a mejor actor en el Festival de Málaga, «Esmorza amb mi (Desayuna conmigo)», un año con muchos proyectos, ¿podrías adelantarnos algún proyecto futuro?
Sí, hay una película que rodé a principios de este año que se llama Balandrau. Está dirigida por Fernando Trujolls y narra un episodio muy trágico que ocurrió en el Pirineo Catalán en el año 2000 y se va a estrenar en el próximo año.