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«Un lugar común»: llenar nuestros vacíos

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María Garagó
María Garagó
Guionista, amante de las historias y sus personajes, en cualquiera de las pantallas y fuera de ellas, entendiendo la vida como esencia de la ficción, y la ficción como parte indispensable de la vida.
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El otro día oí que cuanto más estructurada tenemos la vida, menos hueco queda para la ansiedad. Sobre esto viene a hablar «Un lugar común», el debut en el largometraje de Celia Giraldo, directora y coguionista de la obra, que llega hoy, 14 de agosto, a las salas de cine españolas.

Pilar vive entregada a su trabajo como enfermera hasta que la despiden bajo el pretexto de prejubilación. Intenta ocupar el vacío que deja su empleo con su familia, pero su hijo adolescente no quita ojo a la pantalla del móvil, su hija veinteañera está a punto de irse a otro país y su marido está centrado en su exitosa novela. Quizá Pilar tendrá que llenarse de otra forma. O quizá ya tiene en ella todo lo que necesita.

De media, trabajamos ocho horas al día y dormimos otras ocho, quedándonos el mismo número para todo lo demás. Hacer la cena, la compra, limpiar, recoger… y, normalmente en último lugar por falta de tiempo, relacionarnos. Con nuestra familia, nuestra pareja, nuestros amigos. Cuando Pilar pierde su ocupación principal del día, su trabajo, se enfrenta a un vacío de tiempo y de realización personal que no sabe sobrellevar.

Su primera reacción es ocuparse de su familia. Además de enfermera, se reconoce como esposa y, sobre todo, como madre, hasta tal punto de que no sabe responder a la pregunta de una de sus compañeras, madre primeriza, sobre si recuerda cómo era antes de ser madre. Pero sus hijos ya no la necesitan como lo hace un bebé o un niño, y tienen otras cosas en las que invertir su tiempo.

Entonces, Pilar empieza a cuestionarse su vida. Cada decisión tomada. Se plantea qué podría haber sido en lugar de enfermera. Dónde podría haber nacido en lugar de España. Dónde podría haber viajado. Y va inventando así una nueva personalidad. Una nueva Pilar. La Pilar que cree que le gustaría ser. Sin embargo, termina dándose cuenta de que no necesita fingir ser otra persona para que los demás la aprecien. Ni para apreciarse a sí misma. Se da cuenta de que, efectivamente, tiene dentro de ella todo lo que necesita.

En resumen

Un lugar común habla de lo que ocurre cuando dejamos de trabajar, tras 40 años haciéndolo, y podemos invertir ese tiempo en otras cosas, las cosas realmente importantes, de las que nos habíamos olvidado. Quizá, más allá de la reflexión, el filme sea un llamamiento a no esperar a jubilarnos para recordar esto.

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