Dice el director de «El Musical de los 80’s y 90’s. La película», Antonio Martín Regueira, en una entrevista para Mundoplus.tv, que nuestro país está maduro para enfrentarse a los musicales en la gran pantalla y que fue eso, precisamente, lo que le motivó a llevar a los cines el musical del mismo nombre que dirige en varios teatros de Madrid y Barcelona.
Martín se confiesa nostálgico de los 80’s; es un ochentero de pro no solo por la música de entonces, que también, sino por los valores que imperaban en la década y que, ahora, reconoce, se han perdido. Los más importantes de todos, para él, el respeto a quien piensa distinto y la libertad. «Antes no se juzgaba. Nadie juzgaba a nadie, porque en los 80 éramos así; ahora, no somos libres y se imponen ideologías», sentencia.
Con esa premisa, la de enseñar cómo éramos entonces (al pelo vendría aquí la canción de Presuntos Implicados Cómo hemos cambiado), y conducidos por canciones emblemáticas de Mecano, Alaska, Seguridad Social y Celtas Cortos, entre otros, Martín Regueira reúne a los protagonistas, -José (Naim Thomas); Tania (Ángeles Vela); Quique (Fran Caparrós); Ismael (Gonzalo Trujillo); Lola (Belén Orihuela) y Sofía (Cristina López)- 25 años después de su graduación, en la inauguración del bar de José.
Cambiados, pero no tanto, los seis inseparables del ‘insti’ se replantean los sueños de juventud, quiénes fueron, qué cosas han dejado atrás y cómo se enfrentan ahora a quiénes son, entre conversaciones y flashbacks.
Juntos recorren un camino desde el pasado al presente para arreglar ‘cosillas’ pendientes y descubrir que 25 años de espera son suficientes para dar el paso que siempre has querido dar.
Entre risas, música, anécdotas y lágrimas –es una comedia al fin y al cabo- los personajes abren grandes melones sobre la amistad, el compañerismo, la lealtad, el machismo, el amor, la relación entre sexos y los falsos mitos de la tendencia sexual pura. Temas peliagudos que para Antonio Martín Regueira son importantes tratar sin miedo y su forma de reivindicar que en aquellas décadas de plena explosión cultural y de pensamiento, nadie imponía a nadie la forma de pensar.
Hasta aquí, la parte nostálgica que despierta la cinta.
La otra, la que tiene que ver con la ejecución, es otra historia. Ni el guion tiene ritmo, ni el montaje está pulido. En general, la película tiene fallos de quien dirige por primera vez y contagia la novatada al elenco que, salvo excepciones, tampoco está fino en las interpretaciones no musicales.
En resumen
Para quienes somos frikis del género, nos parece muy valiente la iniciativa, como la de los Javis en su día con La Llamada. Es posible que sea verdad eso de la madurez de la que habla Martín Regueira y, poco a poco, perdamos esa vergüenza tan tonta a oírnos cantar historias con nuestras letras y en nuestro idioma. Siempre que las hagamos bien, claro.