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«Turno de guardia» pone el foco en la precariedad del personal sanitario

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Gerard Garrido Duch
Gerard Garrido Duch
Divulgador científico y cultural, además de apasionado del cine y de la crítica. Soy un barcelonés devorador de películas, estudioso de los Oscar y devoto de Billy Wilder y Scorsese. Capaz de desviar cualquier conversación hacia el cine, también encuentro refugio en el fútbol, la música y la gastronomía.
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La reciente victoria de «The Pitt» en los Globos de Oro -previo paso por los Emmy- evidencia que el drama médico está viviendo un momento de clara revitalización. Si dramas televisivos de hace 20 años como «House» o la incombustible «Anatomía de Grey» utilizaban el hospital como herramienta para desarrollar relaciones entre personajes y tratar casos como cualquier otro procedimental, tanto «The Pitt» como esta «Turno de guardia» son reivindicaciones de la importancia y la precariedad del personal sanitario en un mundo post-CoVid.

Turno de guardia no se concibe, por supuesto, desde la industria hollywoodiense y su visión del espectáculo, sino que se enmarca industrial y estéticamente en el cine de autor europeo y se evidencia en el tono y la puesta en escena. Esta estética puede encorsetar, por momentos, demasiado a la película, pero su fuerte narrativa y la convicción de su discurso le otorgan suficiente personalidad al film.

Petra Biondina Volpe parte de una idea muy sencilla: el turno de tarde de una enfermera en la planta de un hospital un día cualquiera, y construye una historia que no se vuelve repetitiva en ningún momento. La presencia de la fantástica Leonie Benesch y el punto de partida recuerdan a la reciente Sala de profesores (Ilker Çatak, 2023), pero Turno de guardia es menos efectista en su planteamiento y deja que la tensión surja de la cotidianeidad y la propia naturaleza de la profesión de enfermera. Es cierto que la banda sonora subraya demasiado el estrés de la protagonista, aunque el guion no fuerza situaciones desmedidas en pro del espectáculo narrativo.

La película podría haberse quedado en el apartado social y mostrar la urgencia de más personal de enfermería en los hospitales – de hecho, esto está presente incluso en unos intertítulos finales con clara vocación de denuncia-, no obstante, es también un film muy humanista. Gran parte del mérito lo tiene la interpretación de Benesch que serpentea por múltiples estados emocionales y equilibra de forma muy convincente la frustración con la empatía y la severidad con la compasión. El elenco de pacientes contribuye también a esta vertiente empática de la cinta, pues se muestra tanto el cabreo con un sistema que no funciona como el miedo que provoca la enfermedad.

Turno de guardia no es una película revolucionaria ni reveladora de nada nuevo en lo formal, pero coge los mejores elementos del cine de procesos y los combina con un buen manejo de la tensión. Consigue tener un mensaje de denuncia global, pues la precariedad del gremio de enfermeros salpica toda la geografía mundial, sin embargo, también logra ser concreta con la sociedad suiza, mostrando las barreras idiomáticas de un país tan heterodoxo y las tensiones entre los sistemas público y privado en un país tan especial en lo económico. Es una película que consigue funcionar porque su discurso no es vacuo y toma sus decisiones siempre a favor del mismo.

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