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«Rodeo»: Buscando la liberación

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Enrique Paniagua Martin
Enrique Paniagua Martin
Enfermo del cine y la literatura y, en menor medida, de las series. Fanático de Harry Potter, Friends y Marvel. Adorador de Fincher, Scorsese, Eastwood, Spielberg, Nolan, Tarantino y Céline Sciamma. Veo casi cualquier tipo de película y me encanta salir de mi zona de confort cinéfila. En Twitter soy: @QuiqueMartin27
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Siempre he creído que si algo se les da especialmente bien a los franceses es hacer cine social con mensaje mientras realizan una radiografía de los barrios más bajos de su país. Hay algo en esa forma de rodar en los suburbios, de retratar las relaciones que se establecen entre los personajes y de mostrar con un realismo palpable todo lo que se cuece en esos lugares que, sinceramente, creo que en otros países no se consigue nunca lograr igual. Quizá es la influencia de su propio cine clásico, que ya se atrevió y consiguió dotar de realismo las cintas rodadas a pie de calle en ciudades como parís. O quizá, simplemente, es que ponen mucho más énfasis a contextualizar sus historias en esos lugares para que no resulten una fotografía falsa y poco creíble de todo el asunto que se quiere retratar.

En Rodeo, opera prima de Lola Quivoron, que ya está disponible para ir a verla en nuestra cartelera, creo que encontramos un ejemplo casi perfecto de todo lo anteriormente dicho.

La cinta nos narra la historia de Julia, una joven que no encaja en ninguna parte. Que sus días se basan en trapichear, robar, y pelearse con otras personas. Y que solo encuentra algo de paz y libertad cuando se sube a una moto y realmente conecta con el mundo de una forma en que es incapaz durante la mayor parte de su día a día.

El retrato de Julia es casi como si cogiésemos el personaje del amigo joven de Dominic Toretto en A todo gas pero nos tomásemos mucho más enserio que aquella cinta el retrato realista que se quiere hacer con él y fuésemos a indagar en el cómo ha llegado a esa situación y en el por qué el mundo del motor supone una válvula de escape de la propia realidad.

Julia es un personaje multidimensional, está llena de contradicciones y de rabia. Pero, al mismo tiempo, está en una búsqueda constante de liberarse de ese momento vital por el que está pasando y que, a todas luces, no lleva a ningún buen lugar.

La directora -y guionista-, que realiza un trabajo francamente bueno, se encarga de dejar a la actriz, Julie Ledru, brillar todo lo posible dándole mucha manga ancha a su personaje y retratándolo muchas veces en planos muy cortos para potenciar ese abanico de emociones del que hace gala la joven debutante actriz gala.

Además, gracias a un guion bien construido, la cinta alterna esos momentos más propios del cine criminal -robos, timos, violencia- con dos oasis que aíslan al espectador de la vorágine del resto de la película que son los momentos en moto y la trama que se establece entre nuestra protagonista y la mujer del líder de la banda y su hijo. Es ahí, en la intimidad, en lo pequeño, donde podemos ver que Rodeo es más de lo que parece y que no da puntada sin hilo creando un retrato social sobre las mujeres en ese duro mundo.

En resumen

Al final, este imponente debut en la dirección cuenta con tantos aspectos buenos que consigue disimular sus defectos. Esa tendencia quizá al efectismo en algunos puntos, o la excesiva facilidad con la que se consiguen algunos robos, quedan opacados por sus virtudes. Y eso, en mi opinión, es digno de elogio. Creo que estamos ante una cinta que gustará a los amantes del cine social que se mezcla con el criminal y que conjuga bien ambos mundos creando una cinta más que interesante. Recomendable.

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