La radio ha sido un elemento muy importante a lo largo de mi vida. Es curioso, pero mientras empezaba a escribir esta crítica, no podía dejar de pensar en las palabras de Emilio Aragón durante la presentación de su nuevo programa para Movistar+, y de cómo podemos asociar nuestros recuerdos a determinadas canciones, que forman parte de nuestras vidas. Y, en mi caso, esas canciones van unidas a la radio, que me ha acompañado durante mis 46 años de edad (se dice pronto).
Desde aquellas mañanas de mi infancia en las que sonaba la saga de Los Porretas, mientras me preparaba para ir al colegio, a los años de Universidad en los que madrugaba para escuchar a Gomaespuma y reir a mandíbula batiente, pasando por las noches de hospital en las que La Gramola de M80 que presentaba Joaquín Guzmán me acompañó en los peores momentos, y acabando por las tardes de La Ventana, primero con Javier Sardá (antes de Crónicas marcianas) y el señor Casamajor, y después con Gemma Nierga, que me hicieron reír, emocionarme y aprender. Un camino radiofónico que me condujo a las noches de El Larguero de la cadena SER, que comenzaba con la mítica canción de Benito Moreno.

Toda una vida, de emociones, de noches sin dormir, de risas mañaneras, de silencios cómplices, de vivencias y experiencias compartidas con miles de oyentes, en definitiva, de recuerdos que Los Reyes de la noche de Movistar+ han hecho aflorar a lo largo de sus seis episodios. Estrenada el pasado 14 de mayo (tuve la suerte de verla completa antes de su estreno), y emitida a razón de dos episodios semanales (cada episodio de apenas media hora se pasa en un suspiro), es una muy disfrutable dramedia (¡qué nos gusta inventar palabras!) sobre el poder, el machismo y la egolatría del que se cree en posesión de la verdad.

Con un tono de comedia, que esconde más drama del que se aprecia a simple vista, Reyes de la noche es una serie creada por Cristóbal Garrido y Adolfo Valor, que se inspira (más de lo que quieren admitir) en las batallas radiofónicas del periodismo deportivo de los años 80 y 90, y sobre todo en sus protagonistas (alguno más reconocible que otro) que hicieron que muchos españoles durmiéramos varias horas menos cada noche.

Reyes de la noche explora de forma muy divertida (sin perder de vista el drama), una época en las que los programas deportivos nocturnos formaban parte del día a día de la sociedad española. En un momento en el que no había internet (o estaba naciendo) como lo conocemos ahora, la radio era el templo de la verdad para quienes estaban al otro lado de las ondas. No deja de sorprenderme, echando una mirada al pasado, hasta qué punto podíamos ser los oyentes aún más fanáticos que los propios periodistas implicados en esta guerra mediática, que la serie muestra. Exagerando, en ciertos momentos, algunas situaciones que muchos recordamos como si fuera ayer, y creando a su vez, otras historias provocando en el espectador diferentes estímulos, que van desde la risa, el asombro y hasta la lastima. Reflejando además, el machismo imperante no solo en el periodismo deportivo en particular, sino en los medios de comunicación en general. En ese sentido, la serie acierta mostrando las dificultades que encuentra el personaje de Marga Laforet (Itsaso Arana) para hacerse valer, siendo prejuzgada antemano por ser mujer, y solo dándole un programa en mejor horario, no por sus propios méritos sino por las malas audiencias de otro.

La serie de Movistar+ y sus creadores no dejan de pecar de cierto maniqueísmo en muchos momentos de la ficción (o no tan ficción). No se puede obviar que el personaje al que da vida Javier Gutiérrez es José María García (y es peor no reconocerlo que ocultar cualquier otra intención), con sus excesos de vanidad, sus tácticas cuestionables (los camareros eran sus mejores informadores para sus exclusivas), sus soniquetes, y su perpetua presencia como generador de controversia y su afán de opinador de cualquier suceso que fuera noticia (estuviera ubicado o no, dentro del mundo del deporte).
Pero, ¿hasta qué punto esa imagen es real? ¿Hasta dónde llega la inspiración y donde acaba la imagen verdadera del personaje? ¿Somos todos partícipes de una visión deformada de la realidad que nos acompañó a lo largo de aquellas interminables noches radiofónicas? No cabe duda que dentro de su libertad creativa, los creadores de Reyes de la noche terminan posicionándose (algo que no es malo en sí mismo), pero que en cierto modo puede llevar a equívocos a los espectadores que se acerquen a la serie sin conocer nada sobre ese pasado.

Porque al querer alejarse de la inspiración, causan en el espectador el efecto contrario, dando a entender que estamos ante una serie histórica que retrata hechos pasados de forma fidedigna. Sensación que se acentúa con la aparición de algún personaje real como Jesús Gil. Y, lo cierto y verdad es que Reyes de la noche está lejos de ser algo parecido a un biopic, estando más cerca de ser una crónica de una época que nos parece muy lejana, pero que no está tan lejos en el tiempo. Y, si como crónica funciona, invitando a recordar (tal vez no con nostalgia, pero sin con una sonrisa en los labios) aquellos años al espectador que fue testigo de los maratonianos programas radiofónicos nocturnos, en lo que se refiere a alejarse del personaje real falla con creces. Porque no queda claro si quiere ser una parodia del mismo o una exageración de la forma de ser y actuar de José María García. Es lo único que, pasados los días después de ver la serie completa, y escuchar y leer diferentes opiniones, me deja con la duda, no ya de las intenciones de los creadores, sino de mi propia visión de unos hechos que viví en su día como oyente, y que vistos en perspectiva me dejan con la sensación de que todos somos demasiado manipulables.
En definitiva

A pesar todo lo anterior, Reyes de la noche es una serie muy recomendable, porque consigue llevarnos de vuelta a un pasado, no solo radiofónico, en el que España aún estaba creciendo como país y como democracia. Con un gran reparto, un ritmo endiablado que consigue que te veas la temporada en un santiamén, Reyes de la noche te deja con ganas de ver como continúa la «guerra» que está por llegar. Algunos sabemos el resultado, pero quien sabe, a lo mejor los creadores nos sorprenden en su segunda temporada. Por lo demás, para disfrutar de esta serie, no hace falta que te guste el fútbol, ya que Reyes de la noche es más una historia sobre los cambios que afrontamos a lo largo de la vida, y sobre como a veces hace falta dar un puñetazo en la mesa para que se abran las ventanas y entre el aire fresco de la modernidad.