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Pereza de «Nine Perfect Strangers»

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Felipe José García
Firma invitada
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En la nueva producción de Hulu, de la que Prime Video va estrenando nuevos episodios semanalmente desde el pasado 20 de agosto, se dan varias coincidencias que pueden hacer dudar sobre el resultado final de esta apuesta. Esta nueva serie, liderada por Nicole Kidman, todavía está por ver si llegará a un desenlace satisfactorio.

Lo primero que llama la atención es su absoluta protagonista, que ya había protagonizado un trabajo con un título similar, Nine, y cuyo resultado no fue el esperado. Su presencia, junto con las envidiables localizaciones, es lo más destacado de esta miniserie cuya cabecera parece que nos va a hacer viajar a la reciente La costa de los mosquitos, pero con un desarrollo muy diferente.

Lo segundo que llama la atención en esos títulos de crédito es el nombre de David E. Kelley como productor, junto con la actriz australiana. Si luego averiguas que se ha rodado en Australia, las piezas comienzan a encajar: Nicole en época de crisis pandémica, ha llevado trabajo a sus compatriotas. A David E. Kelley, además de estar casado con Michelle Pfeiffer, se le conoce por las muy entretenidas Ally McBeal y El Abogado. Pues resulta que tiene una relación fructífera con Kidman, a la que ha producido sus anteriores aventuras televisivas, Big Little Lies y The Undoing, la primera con bastante más éxito de crítica y público que la segunda.

Las localizaciones donde se desarrolla la trama son espectaculares, tanto interiores como exteriores. Todo un derroche de lujo en manos de Nicole Kidman.

Entre esos nombres tan atractivos para los aficionados a las buenas historias, y una cabecera visualmente tan impactante, todo se promete muy feliz. La cosa pinta bien. Una lástima que en cuánto empiezan a llegar esos nueve extraños perfectos, la magia vaya desapareciendo. Hacen muy bien reservándose el plato fuerte para el final: la aparición estelar de la gurú a la que da vida Nicole Kidman. Aunque el encantamiento que nos provoca su sola presencia en pantalla no aguanta el transcurrir de los episodios.

Estamos ante el enésimo caso de adaptación de best-seller que no llega a buen puerto, a falta de estrenar sus últimos episodios. Además su desarrollo nos recuerda a algo que ya hemos visto antes pero contado de mejor manera, con lo que tenemos la tercera coincidencia. Un bosque de bambú, flashbacks contando la vida anterior de los protagonistas, apariciones en una isla paradisíaca….y hasta aquí puedo leer. Algunas estarán ya muy perdidos.

Secretos ocultos que irán saliendo a la luz a medida que pasan los días de convivencia en este retiro espiritual y espirituoso.

Esos nueve extraños tienen algunas historias de pérdida desgarradoras y viajan al balneario de Masha porque quieren recuperarse para ser personas completamente nuevas. Lo que no imaginan son los métodos poco ortodoxos de esta sanadora que los irá enredando en su tela de araña sin desvelar sus verdaderas intenciones. Es una serie de conversaciones, las más trascendentales suelen ser entre dos personas, donde los invitados a este retiro tan particular irán desvelando sus miedos. Cuando llegas al tercer episodio y siguen contando sus historias, desconectarás o ya estarás enganchado. Como si de un moderno Gran Hermano se tratase, serán vigilados por múltiples cámaras, encargadas de velar porque no se salgan del camino recto. Si a esto le añades sustancias alucinógenas, triángulo amoroso y una amenaza de muerte, todo se vuelve menos original de lo que parecía en un primer término.

Samara Weaving y Melvin Gregg, alucinando con la terapia de Masha

Por supuesto que lo más destacable es el maravilloso reparto que acompaña a la sobrenatural Kidman. La segunda en discordia y en verborrea es Melissa McCarthy, que para algo es la coprotagonista. Aunque es cierto que los minutos en pantalla están muy repartidos, casi equitativamente. El resto están divididos en viejos conocidos y en nuevas promesas. Entre los más conocidos, el siempre solvente Michael Shannon, el cada vez más atractivo Luke Evans, y el eterno secundario Bobby Cannavale. Mención especial a las australianas Samara Weaving, hija de Hugo, y Asher Keddie cuyas historias junto con su  inquietante rostro darán mucho juego. Sólo recomendada para los que sean apasionados del libro en el que se basa, y la forma que tiene de escarbar en las miserias humanas.

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