El pasado 21 de febrero se estrenó en cines «Padres», película, escrita y dirigida por José Ángel Bohollo, nominado al premio Goya a la Mejor Dirección Novel por «Ciénaga». Días antes de su llegada a salas tuve a ocasión de charlar con algunos de sus protagonistas, y ahora podéis leer la entrevista con Natalia Verbeke.
¿Cómo se prepara un papel de madre, siéndolo, cuando la trama tiene que ver con la desaparición de su hija y hay angustia, incertidumbre e incluso miedo?
Fue muy complicado trabajar este personaje, la verdad, porque lo que me pedía a mí el cuerpo, emocionalmente, tenía que castrarlo de alguna manera para que Victoria pudiera vivir su proceso. ¿Qué quiere decir esto? parto de la premisa de que mi personaje ha desaparecido su hija. Yo como Natalia solo con saber eso, ya estoy subida a la lámpara, histérica y loca. No podía pasar esto con Victoria, porque tiene que vivir todo un proceso durante una hora y veinte, donde tenemos que ir dosificando. Fue mucha charla del director y yo le decía, si yo me entero, porque yo sé mucho más.
Victoria parece saber más de lo que cuenta al principio ¿Cómo manejo esto? porque lo que me pides tú no es lo que yo sentiría. Lo que me pide el director que yo enseñe es menos de lo que yo sentiría. Entonces fue un trabajo de dosificar la emoción, ir en contra de lo que emocionalmente me producía, lo que estaba pasando en la película, fue un trabajo de mucha precisión, de tomar muchas decisiones muy pensadas y emocionalmente dar lo que podía para llegar luego a un final.
Fue un trabajo muy bonito porque se construyó milimétricamente todo, sin que perdiera un ápice de emoción. No puedes saber lo que pasa al principio, porque si no, desvelas todo. Al principio de la película uno piensa, ¿por qué no ha llamado a la policía? Tienes que intentar dosificar, pero además hay una cosa muy real, puede perder la custodia, porque este hombre está deseando quitársela. Cualquier fallo, cualquier cosa es un motivo de quitarle a su hija. Está muy bien contado, es un guión muy bien armado, porque todo lo que en un principio parece como, ¿pero por qué no he hecho esto? Luego te lo saca por aquí y dices, ah vale.
Algo que llama la atención de la película es que todo ocurre en un mismo lugar, incluso Carlos me comentaba que hay escenas que el está en Marruecos, pero en realidad está grabado desde la casa. Es como si fuera una protagonista más. Y entiendo que a la hora de grabar es mucho más fácil.
Sí, y eso facilita también a la hora de interpretar el personaje. Bueno, la casa era un protagonista más, realmente, porque es un elemento que genera angustia en la película. Es una casa donde se ve absolutamente todo. Te pueden estar espiando, tú puedes estar espiándome, me pueden ver haciendo algo que no quiero que me vean hacer. El otro también es una casa llena de cámaras, estamos vigilados por todos lados, entonces juega con la angustia y con la cabeza del espectador y se convierte en un protagonista más.
Aparte es el lugar que ha compartido esta pareja en el pasado que ahora ocupa otro, y encima una relación que ha terminado fatal y donde ahora el único lazo de unión entre ellos es el motivo por el cual encontrar a la hija, no hay otra cosa más ¿Facilita a la hora de actuar? Sí, porque puedes hacerlo de manera cronológica. Normalmente las películas se graban un día el final, otro día la parte del principio, pero aquí pudimos rodar de manera cronológica, con un orden que nos ayudaba a no perder el raccord que llamamos nosotros, que es la continuidad de la emoción y del saber dónde estamos. Eso era una facilidad, pero también había que integrar la casa, tú llegas a un espacio y no lo conoces, y llegas con una cantidad de texto y somos él y yo constantemente.
Durante la película uno puede pensar mil escenarios posibles, si ha sido el padre, el novio de la madre o incluso la hija. Esto yo creo que ocurre porque entre tu y Fernando se ve una buena química actuando, llegando al punto que se centran más en su historia que en la desaparición de su hija, dejando al espectador pensando porque realmente se divorciaron.
La trama es la desaparición de la hija, pero con la relación de pareja entre Fernando y yo hay momentos que parece no importar dónde está nuestra hija, lo que te importa es qué va a pasar aquí, quién ha sido, quién ha generado todo esto. Durante la película uno puede pensar, no, ha sido el padre, no, ha sido la nueva pareja, la madre. Yo creo que el espectador se pone un poco en mi mirada, está un poco más en mi mirada. La madre era la que estaba en medio de todo, incluso se puede llegar a pensar que hasta la hija lo ha montado todo, entonces eso es un poco la magia de la película.
También es porque primero hay un guión muy bien escrito, para empezar, con unos personajes muy bien definidos y luego mucha complicidad entre Fernando y yo, mucha generosidad entre los dos. Hay un trabajo en equipo para contar una película y creo que nos entendimos muy bien trabajando, fueron muy importantes los ensayos para crear esa vida que no se ve, pero que tú ves que han sido una pareja, para generar una credibilidad. Y eso fue un trabajo que hicimos Fernando y yo, que además nos llevamos estupendamente y nos respetamos y admiramos, por lo tanto había el placer de trabajar juntos también.
Hay otra parte importante que es Carlos, pero no compartís pantalla con él y es una pieza fundamental ¿Cómo es trabajar, entre comillas, con una voz en off?
Carlos y yo aprovechamos todos los momentos en los que no estábamos grabando para pasar el texto entre nosotros y poder mirarnos a la cara y poder generar esa relación. Y luego estaba la dificultad también de la llamada real, porque a veces hay un… ¿cómo se dice cuándo va el sonido con retraso? hay sus complicaciones técnicas, pero siempre es mucho mejor poder ver la cara al otro que en este caso, pues yo lo veía a él en el móvil y eso ayuda muchísimo. Y si es por teléfono, bueno, pues como ya has podido tener la interacción con él, siempre te ayuda el recuerdo.