Al ponerles por primera vez «Casablanca» a sus hijos de 9 años, Andy (Michael Keaton) intenta explicarles la grandeza de la obra maestra de Curtiz definiéndola como «agridulce». Pensar que Hallie Meyers-Shyers pretende equiparar su nueva película, Con el agua al cuello, con Casablanca es un disparate tanto a nivel narrativo como a nivel realista; pero es fácil ver el aprecio de la cineasta por ese sentimiento “agridulce” que deja el icónico final en el aeródromo.
El galerista de arte Andy Goodrich debe hacerse cargo de su vida familiar cuando su mujer ingresa voluntariamente en una clínica de rehabilitación por una adicción a las pastillas que Andy desconocía. Dicha vida familiar comprime el cuidar a los gemelos que tiene con su actual esposa; mejorar la tensa relación que tiene con su hija de un matrimonio anterior (Mila Kunis), ya adulta, independiente y embarazada; y su trabajo en una galería abocada a la quiebra. Esta premisa podría haber dado pie a tonos muy distintos para el film: podríamos haber encontrado un amargo melodrama familiar o una ligera comedia de enredos; pero Meyers-Shyers se aferra al tono agridulce de Casablanca para ofrecer una «feel-good movie» que consigue equilibrar los momentos en los que busca arrancar lágrimas y risas.
Y es que Hallie Meyers-Shyers tiene las «feel-good movies» en la sangre, pues es hija de la cineasta Nancy Meyers, autora de películas tan «buenrolleras» como Tú a Londres y yo a California (1998), The Holiday (2006) o El becario (2015). Evidentemente, el listón familiar está muy alto y Meyers-Shyers busca alejarse de la obra de su madre elevando el componente dramático de su guion. En general, la película logra este equilibrio entre optimismo y tragedia, aunque, por momentos, se le va la mano en ambas direcciones. La banda sonora subraya en demasía el drama y busca forzar las lágrimas en los momentos más tristes; por otro lado, cuando quiere ser buenista, la cinta se acerca peligrosamente a la autoayuda y a un trato de la salud mental algo pueril.
Lo más difícil de conseguir, partiendo del guion, es la empatía del espectador con el personaje principal. Andy, arranca la trama en un punto muy negativo y egoísta, y su camino de redención exige un cariño por parte de la audiencia que depende del carisma del intérprete. En este sentido, Michael Keaton es una elección idónea, pues encarna todos los atributos de un protagonista que termina por ser lo mejor que tiene el film. Un personaje que lo intenta, a pesar de fracasar constantemente, y que carga con los errores del pasado (encarnados por su relación con el personaje de Mila Kunis). Keaton está divertido, inspirador y superado en todo momento y salva una película que, con otro actor, podría haber resultado algo molesta por lo evidente de su mensaje.
En resumen
Puede que Con el agua al cuello no revolucione el séptimo arte, y puede que el espectador salga con la sensación de haberla visto antes, pero es una película que apuesta por el cariño y las segundas oportunidades. No abusa de estrategias emotivas baratas y sus intenciones se limitan a mejorar un poco la semana de su audiencia. En el océano de contenido actual, es fácil pasar por alto otra propuesta de estudio que parece teledirigida en todos los pasos de su producción, pero Con el agua al cuello termina por funcionar a nivel emotivo y narrativo por encima de otras películas del mismo tipo.