¿Hasta dónde puede llegar el capricho? Mejor dicho, ¿Hasta dónde puede llegar el capricho de un niño?
Linda ha pedido un deseo y su madre está dispuesta a hacer todo lo posible para cumplirlo. Lo que Linda realmente quiere es comer pollo con pimientos, una receta que hacía su difunto padre. Y a pesar de que su madre no sabe cocinar y no hay manera de conseguir un pollo en toda la ciudad debido a una huelga, tanto madre como hija harán lo posible por cocinar el distinguido plato.
Dirigida por Chiara Malta y Sèbastien Laudenbach, ¡Linda quiere pollo! es una película de animación que captura fielmente la infancia de una niña juguetona en un pueblo pequeño, en el que, propio de estos, todo el mundo se conoce y convive de forma sosegada pero no aburrida.
Después de analizar superficialmente el film, uno se da cuenta de que el verdadero mensaje es sobre el valor y la importancia de recordar. Al fin y al cabo, Linda desea este platillo por que desea rememorar a su padre, y se arrepiente profundamente de no poder recordarlo con claridad.
Bajo mi perspectiva ¡Linda quiere pollo! ha sido una sorpresa agradable. Los directores utilizan una fórmula sencilla para hacernos sentir emociones complejas, en las que, empatizamos con el mudo dolor y las ganas de hacer ruido de Linda.
