Supergirl ha vivido siempre en la sombra de Superman. Nunca ha tenido suerte el personaje en la gran pantalla o a la televisión terminaba. «Supergirl», dirigida por Craig Gillespie, rompe por fin con esa dependencia y entrega una película que entiende que Kara Zor-El nunca necesitó ser «la versión femenina de Superman», o como propia broma interna de la peli, ¿Por qué no Superwoman? Este personaje tiene una identidad, unas heridas y una forma distinta de enfrentarse al heroísmo.
Basada en el cómic Supergirl: Woman of Tomorrow de Tom King y Bilquis Evely, la película se aleja del clásico relato de origen para construir una aventura espacial que mezcla western, ciencia ficción y drama emocional. Esto puede ser un golpe duro a DC como no le salga bien, siguen expandiendo este nuevo universo de DC para intentar demostrar que no todas sus historias tienen que seguir la misma estructura.
Milly Alcock ofrece una interpretación magnífica como Kara. Super divertida y lo mejor de la película sin duda, de lo poco rescatable…Su Supergirl está lejos de la serenidad casi mitológica de Superman. Es impulsiva, irónica, emocionalmente inestable y profundamente marcada por el trauma de haber visto morir Krypton siendo ya lo suficientemente mayor como para recordar todo lo que perdió. Esa es la pequeña diferencia entre ella y Clark Kent, uno creció como un ser humano, Kara nunca dejó de sentirse una extranjera. La película convierte esa condición de superviviente en el verdadero motor de su personaje.
Sin duda uno de los mayores errores de esta película , es el guion, es una historia muy simple, de esta forma, se podrían hacer miles de películas de superhéroes, visto así. Pero al menos, nos presentan a Kara como una heroína perfecta. Comete errores, actúa por impulsos y, en ocasiones, es de las únicas cosas buenas.
La relación entre Kara y Ruthye, la joven alienígena que la acompaña en busca de venganza, constituye el auténtico corazón de la historia, hasta ternura en momentos. Más que una película de superhéroes, Supergirl termina convirtiéndose en un relato sobre el duelo, la culpa y la dificultad de romper el ciclo de la violencia. Eso hace que sea más humana, Gillespie entiende que las mejores historias del género no hablan de poderes, sino de personas obligadas a decidir qué hacer con ellos.

Eso no significa que la película renuncie al espectáculo. Las escenas de vuelo, los combates espaciales y el diseño de criaturas hace que mole mucho más la película, mostrando personajes nunca vistos hasta el momento, aunque las comparaciones son odiosas, y comparándola a Superman, no tiene esa nivel de épico. Existe una clara voluntad de construir un universo con personalidad visual propia, y en buena medida lo consigue.
No obstante, Supergirl tiene problemas, el segundo acto acusa cierta irregularidad narrativa y algunos personajes secundarios aparecen únicamente para preparar futuras entregas del universo DC, el personaje de Lobo, está por estar, no cambia nada la trama, aparece en dos momentos , siempre mola ver a Jason Momoa en pantalla, pero si sobra, mejor no verle. Del mismo modo, el villano, es muy malo, y no por ser un gran villano, si no al revés, no podía haber peor villano, carece del desarrollo necesario para convertirse en un antagonista
Conclusión
Supergirl supone uno de los mejores comienzos posibles para la nueva etapa de DC. Emocional, visualmente ambiciosa y sostenida por una magnífica Milly Alcock, la película demuestra que todavía es posible hacer cine de superhéroes sin renunciar al desarrollo de personajes ni a la sensibilidad dramática