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«La Paradoja de Antares»: cuando la sencillez te llega al corazón

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Fernando L. Simó
Fernando L. Simó
Miembro fundador de mundoplus.tv, seriefilo, cinefilo, devorador de libros y en pleno redescubrimiento de los cómics. Amante de la cultura (pop) y de la Historia, y ministérico de corazón.
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Hay películas que sin esperarlo te remueven por dentro. En muchas ocasiones no hacen falta grandes presupuestos para conseguir llegar al espectador, que en muchos casos se ve abrumado por los excesos que llenan la pantalla. En realidad, solo basta con tener una buena historia, y a partir de ahí, contar con un buen reparto, una dirección acertada, y si a eso le sumamos una música que nos toque la fibra, ya sería la leche. No siempre tenemos la suerte de encontrarnos con una película que nos ofrezca todo eso, y que encima nos llegue al corazón. Por eso, hay que aplaudir proyectos como «La Paradoja de Antares», ópera prima de Luis Tinoco que llegó a los cines el pasado 27 de junio tras presentarse en la pasada edición de Sitges. Una de esas películas que te sorprenden para bien, por cómo con muy poco consigue tanto.

La paradoja de AntaresEscrita y dirigida por Luis Tinoco, La Paradoja de Antares tras su presentación nacional en el Festival Internacional de Sitges, su première internacional en el Fantastic Fest en Austin (Texas, EEUU) y su reciente paso por el FANT Film Fest (Bilbao) donde ganó el premio a Mejor Película en la sección Panorama, llegó a los cines pasando casi desapercibida para el gran público. Una lástima, ya que la película protagonizada por Andrea Trepat (fantástica su interpretación) que más allá de narrar una historia sobre el primer contacto, al estilo de la adaptación de la novela de Carl Sagan, nos plantea una historia sobre el deber, sobre la familia y sobre lo que dejamos atrás en post de un bien mayor que nos supera a nosotros mismos.

La paradoja de AntaresRodada durante tres semanas en una única localización, en La Paradoja de Antares conocemos a Alexandra (Andrea Trepat), una científica de guardia en un radiotelescopio del IberSETI (acrónimo en inglés de búsqueda de inteligencia extraterrestre), que recibe una señal que podría responder a una de las preguntas más trascendentales de la humanidad. ¿Estamos solos en el universo? Es una de esas preguntas que se ha hecho el hombre desde hace siglos, y cuya respuesta, más allá de la imaginación plasmada en novelas, películas o series, no ha sido contrastada con certeza absoluta. Aquí, la película nos plantea un dilema moral en un emocionante tour de force de emociones e incertidumbre, con el valor añadido de situar la historia en un único escenario y con una única protagonista que se relaciona con el exterior a través del teléfono y videoconferencias. Conseguir mantener la tensión durante hora y media con estos ingredientes no es nada sencillo, y La Paradoja de Antares sale airosa del trance, sobre todo gracias a la magnífica interpretación de Andrea Trepat (premiada en diversos festivales) y a un guion tan emocional como emocionante.

La paradoja de AntaresLa historia que nos plantea La Paradoja de Antares esta casi narrada en tiempo real, ya que el personaje de Alexandra solo tiene un par de horas para verificar esa señal que tanto puede significar para el presente y el futuro de la humanidad. Sin embargo, un problema familiar pondrá a la protagonista en la difícil tesitura de decidir entre ser la buena hija que todos esperan o desvelar uno de los mayores misterios del universo. El desarrollo lineal del relato solo se ve interrumpido por una entrevista en la que, al inicio del film se le plantea a Alexandra una pregunta, que sirve para entender un poco mejor lo que no veremos más adelante. En un momento dado, se le cuestiona sobre que haría si se le diera a elegir entre saber si existen los extraterrestres o curar el cáncer. La respuesta se irá desvelando a lo largo de la película, en la que sentiremos la presión a la que se enfrenta Alexandra, conoceremos su pasado, su difícil relación con compañeros de trabajo y antiguos amigos de la Universidad, y seremos testigos de la incomprensión y el dolor que genera su decisión final.

La paradoja de AntaresA lo largo de toda la película, había una frase que resonaba en mi mente continuamente. Cuatro palabras que dieron nombre al vigesimotercer episodio de la segunda temporada de Perdidos: «Vivir juntos, morir solos». Una frase que marcó el devenir de la serie y que en sí forman parte de la mitología de una de las ficciones televisivas más importantes del siglo XX. ¿Qué tiene que ver esa frase con la historia de La Paradoja de Antares? Tal vez nada, o tal vez todo. Lo que ocurre a lo largo de la película, lo que tiene que vivir (y sufrir) la protagonista, mientras escucha reproches continuos, tanto de gente que no conoce como de personas cercanas, alimentaba ese runrún en mi cabeza. Porque más allá del trasfondo de ciencia-ficción que ofrece La Paradoja de Antares, la película nos plantea un drama de lo más «mundano» (sin tono peyorativo), en el que se nos enfrenta como espectadores con esa parte de nosotros mismos que no queremos admitir que existe. A veces, aunque pensamos que tenemos tiempo, la vida es una sucesión de momentos que no tienen vuelta atrás, y que cuando menos te lo esperas no existe forma de recuperarlos si has perdido la oportunidad de vivirlos.

En resumen

La paradoja de AntaresEstamos en una época convulsa, aunque parezca una expresión de abuelo cebolleta. Para bien o para mal estamos viviendo momentos de cambios, que parece que van a trastocarlo todo. Ya sea porque las redes sociales nos condicionan en nuestro día a día, o porque las inteligencias artificiales han aparecido como precursoras del apocalipsis que anunciaba Terminator, hay días en los que solo pienso: «pulsen el botón de parada que yo me bajo aquí». Por eso, cuando te cruzas en el camino de una película que con sencillez y sin artificios te cuenta una historia que consigue emocionarte y llegarte al corazón, no puedes dejar de celebrarlo y gritarlo a los cuatro vientos.

La paradoja de AntaresGracias a la soberbia interpretación de Andrea Trepat y a una historia que consigue removerte por dentro, La Paradoja de Antares es de esas películas que no necesitan de más para destacar por encima de otras muchas que con mayores presupuestos solo son fuegos de artificio sin alma. En eso consiste la magia del cine, en llegar al espectador y en ofrecer una historia que vaya más allá de un simple espectáculo para combatir la soledad. Porque como dijo Orson Welles «Nacemos solos, vivimos solos, morimos solos. Solo a través de nuestro amor y amistad podemos crear la ilusión momentánea de que no estamos solos». Otra frase que plantea tantas dudas como certezas y que conviene no olvidar para disfrutar de la vida de forma plena, con sus buenos momentos y sus sinsabores.

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