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«Guerra de mentiras»: la verdad está sobrevalorada

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Fernando L. Simó
Fernando L. Simó
Miembro fundador de mundoplus.tv, seriefilo, cinefilo, devorador de libros y en pleno redescubrimiento de los cómics. Amante de la cultura (pop) y de la Historia, y ministérico de corazón.
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Términos como fake news, negacionismo o terraplanismo, se han hecho conocidos por todos en los últimos tiempos. En la actualidad, el bombardeo de información es tan enorme, no ya solo a través de los medios convencionales, sino también a través de las diferentes redes sociales y de los denominados inflluencers, que todos nos vemos obligados a contrastar cualquier noticia que se publica. Es toda una contradicción que en la era de la globalización, con las tecnologías más modernas al servicio de la humanidad, vivamos precisamente en mundo en el que abunda la desinformación, las noticias falsas, la ignorancia vestida de superioridad moral y en la que los que enarbolan las banderas de la supuesta verdad, se hacen fuertes entre la masa y el anonimato. Y, si detrás está el país más poderoso del planeta, la fina línea que separa la realidad de la ficción se hace imperceptible tal como demuestra «Guerra de mentiras (Curveball)», película dirigida por Johannes Naber que ha llegado este pasado martes a Movistar Estrenos. Una sátira demasiado seria sobre como una mentira dio lugar a la guerra de Irak.

Guerra de mentiras - Movistar Estrenos
Habitaciones oscuras con personajes oscuros que juegan con el futuro de mucha gente

Hay hechos que parecen haberse olvidado como si nunca hubieran sucedido, ya sea porque unos no quieren recordarlo o ya sea porque nadie se preocupa de conocerlos. En ambos casos es una mala señal para una sociedad ocultar en un cajón del olvido cualquier tema que puede remover nuestras conciencias. ¿Quién es el responsable de enterrar los recuerdos? ¿Son los medios de comunicación? Si nos ponemos conspiranoicos ¿son los gobiernos quienes sabotean las recetas de la verdad? El ser humano forma parte de una masa, y tendemos a dejarnos llevar por opiniones tan reputados como la del cuñado de turno. Solo hay que echar un vistazo a todo lo que ha rodeado a la pandemia de Coronavirus, sus consecuencias en la economía mundial, y el negacionismo que ha impregnado a una parte de la sociedad.

Guerra de mentiras - Movistar Estrenos
¿Dónde están las armas de destrucción masiva? ¿Aquí o aquí?

En ese sentido, Guerra de Mentiras es un crudo recordatorio de como una mentira contada por según quien puede ser tomada como dogma de fe. Solo hace falta un púlpito adecuado, algo así como el Consejo de Seguridad de la ONU, un orador convincente y con prestigio como Colin Powell, y un enemigo desagradable que no hace mucho era amigo de Estados Unidos como Saddam Hussein. Tres patas para un banco, que se completa con las palabras mágicas: «armas de destrucción masiva». Y, es que quizá los más jóvenes no lo recordarán, algunos ni siquiera habrían nacido, pero en marzo de 2003 comenzó una guerra como la de Irak, instigada por intereses económicos nada altruistas, que se escondían tras palabras tan nobles como justicia y libertad. Pero, como se descubrió más tarde, tal como narra la película escrita por Oliver Keidel, todo lo que dio lugar a esta guerra estuvo provocado por un cumulo de errores a cada cuál más grotesco del Servicio de Inteligencia Alemán, que atrapó en su vorágine de despropósitos a la Cancillería alemana en pleno.

Guerra de mentiras - Movistar Estrenos
Virginia Kull es Leslie, una agente de la CIA que «solo» cumple órdenes

Así conoceremos a Arndt Wolf (Sebastian Blomberg), experto en armas bioquímicas que sigue obsesionado con la idea de que Saddam Hussein oculta algo, pese a que ya han buscado sin éxito armas de destrucción masiva en Iraq. Ningún miembro de las Naciones Unidas muestra interés en esta cuestión… hasta que Dar Salim (Rafid Alwan), un refugiado político del gobierno iraquí asegura haber estado involucrado en la creación de esas armas. El Servicio de Inteligencia Federal alemán decide convocar a Wolf para que éste evalúe si la información de ese hombre, al que han puesto el sobrenombre de ‘Curveball’, es cierta.

Guerra de mentiras - Movistar Estrenos
Interrogar es un arte sobre todo cuando la mentira no se quiere reconocer

A partir de este momento nos enfrentaremos a situaciones a cuál más surrealistas, que Guerra de Mentiras intenta vestir de sátira de algo que realmente ocurrió, pero que curiosamente resultan tan aterradoramente grotescas y reales que lo que se narra se convierte en algo tan dramático que resulta apabullante. Es quizá un aspecto que choca bastante al ver la película dirigida por Johannes Naber, ya que, aunque su tono intenta ser desenfadado, su narración resulta tan cruda y refleja de forma tan seria cómo se intentaron ocultar los errores cometidos dando lugar a que la bola de la mentira se hiciera cada vez mayor, que en cierto modo su visionado produce una cierta desazón.

En resumen

Guerra de mentiras funciona mejor como una crónica cruda y realista de unos hechos que condujeron a una guerra injustificada (¿hay alguna que no lo sea?), que como sátira política. Y, no porque las situaciones que se suceden en pantalla no sean de lo más increíbles y sorprendentes, sino más bien porque peca de falta de agudeza a la hora de narrar los hechos, quedando lejos del pretendido tono caricaturesco que se podría esperar. Sus responsables tienen mucho que aprender de un genio como Willy Wilder quien junto a I.A.L.Diamond pusieron en solfa los estereotipos del capitalismo y del comunismo de una forma brillante y ácida en la fantástica comedia Uno, dos, tres. Es difícil acercarse al maestro, pero Guerra de mentiras lo intenta, aunque acabe profundizando más en lo dramático de los hechos, y quedando como recordatorio de que la verdad en estos tiempos de globalización tecnológica parece estar sobrevalorada.

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