Dice el dicho que segundas partes nunca fueron buenas. La cuestión sería si la primera parte también lo fue. Han pasado 32 años desde esa locura friki que fueron «Las alucinantes aventuras de Bill y Ted». Su secuela «El viaje alucinante de Bill y Ted» llegó dos años después. El cierre de la trilogía «Bill y Ted salvan el universo» aterriza ahora en Movistar Estrenos. Keanu Reeves y Alex Winter repiten como protagonistas.
Muy lejos quedan aquellas misiones en las que viajaron por el tiempo, se trajeron a princesas medievales para convertirlas en sus esposas, visitaron el infierno y de paso salvaron el mundo. Ahora son padres de dos chicas adolescentes que se llaman como ellos, Billie y Thea, con las mismas luces y pasión por la música. Su trama sigue siendo igual de surrealista que las anteriores, dedicada a los fans de las dos primeras con múltiples referencias y personajes de su pasado.

Por lo tanto si no has visto las dos primeras partes de la saga, o han pasado tantos años que ya no las recuerdas será difícil disfrutarla. Te encontrarás ante un producto flojo, sin gracia y con muy buenos efectos especiales. Reconocerás la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia como ese escenario futurista muy cercano, dudando si es un croma o si rodaron allí presencialmente.
Utilizando su mítica cabina de teléfono viajarán al futuro para arrebatarse a sí mismos la canción que salvará al mundo y a la realidad. A su vez sus hijas recorrerán el pasado para formar el mejor grupo de la historia con Jimmy Hendrix, Louis Amstrong o Mozart entre sus filas. Todo un disparate. Solo apto para fans de Keanu Reeves y de las dos películas anteriores. El resto se quedará fuera de ese humor absurdo que parece que nunca termina de arrancar, incluyendo la escena postcréditos.

Lo único destacable, su duración y las escenas de preparación del concierto final, con algunos fotogramas muy conseguidos. Ni siquiera el regreso de William Sadler o la aparición de Dave Grohl consigue enderezar el asunto. También puede ocurrir que uno se esté volviendo viejo, al igual que los protagonistas.Y, que ya no sea apto para estas locuras postmodernas que nos llevamos tragando desde siempre en pantalla grande.

Lo importante no es la canción sino que lo hagamos todos juntos. Esa es la moraleja salvable de este despropósito. Este mundo se salvará sólo si lo hacemos todos juntos.