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«El Cuervo»: Los edificios arden, las personas mueren, pero los reboots innecesarios son para siempre

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Álex Oliveres
Álex Oliveres
En el pasado fui bloguero, actor, monologuista y guionista. Era como un artista del Renacimiento, pero de serie Z. En la actualidad vivo rodeado de DVD’s, cintas de VHS, cómics y libros. Yo lo llamo coleccionismo. Mi terapeuta dice que es síndrome de Diógenes. De tanto en tanto me gusta escribir sobre las películas que veo o de alguna de mis idas de olla.
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A medida que se aproximaba el estreno de esta nueva versión de «El Cuervo», y previendo el batacazo que se iba a dar, surgió una especie de campaña en su defensa en la que se nos pedía, más bien se nos suplicaba, que juzgáramos esta película sin la necesidad de compararla con la adaptación del mismo cómic protagonizada por el malogrado Brandon Lee estrenada en 1994. Y eso os juro que es lo que he hecho. La verdad es que no hacía falta ver este reboot para saber que no iba a aguantar ningún tipo de comparación con la obra de Alex Proyas que acarrea un estatus de culto más que merecido, pero verla como película independiente tampoco es que vaya a salvarla de la quema. Así que me ha parecido romántico titular esta reseña haciendo un guiño a la última frase que se pronuncia en el filme original y así de paso soltar la primera puya a este reinicio.

Esta reinvención del personaje creado por James O’Barr que nos presenta Rupert Sanders peca, sobre todo, de ser desangelada, fría y falta de romanticismo. No deja de ser paradójico que una película que versa sobre un hombre que trata de salvar el alma de su amada esté falta precisamente de eso, de tener alma.

En un largo prólogo nos presentan la relación que surge entre Eric y Shelley. Lo que tratan de vendernos como una gran historia de amor no pasa de ser un par de polvos poco creíbles entre dos yonquis. Porque es así como nos presentan a Eric Draven, como una persona depresiva y adicta. Ese horrible arranque hace que en ningún momento nos creamos que, tras ser asesinado junto a su amada, Draven volverá de entre los muertos para intentar calmar a través de la venganza el dolor que siente por la muerte de Shelly. Es más, hay ciertos momentos en los que parece que la defunción de su novia más bien se la trae al pairo. Que solo mata por matar. Es increíble la incapacidad que muestra Bill Skarsgård para transmitir la gran pena que siente, o que debería sentir, su personaje. Y sin esta motivación, la historia que nos narran pierde todo su sentido.

Evidentemente, si algo empieza mal tiende a ir a peor. La trama va avanzando sin provocar ningún tipo de emoción. Sí que es cierto que la película nos brinda dos grandes escenas de acción. La primera, una pelea que se desarrolla dentro de un coche. Y la segunda, y de largo lo mejor del metraje, es la escabechina que realiza Draven en la ópera. Una escena realmente violenta y muy sangrienta que contiene algunas muertes bestiales. La pena es que esto viene precedido de una gran nada y no causa el verdadero impacto que podría haber causado de haber estado sustentado por una buena historia. Es una venganza vacía. Una matanza casi sin sentido. Draven se ceba con meros sicarios por los que el espectador no puede sentir ningún odio. Básicamente, porque esa gente no es nadie. Tan solo es carne de cañón sin ningún tipo de gracia. Es una escena muy deudora de John Wick que solo iguala a las peleas de la popular saga en lo poco malo que tienen.

Otra oportunidad que pierde El Cuervo es con sus villanos. Unos personajes a los que se les presupone un gran potencial, pero están tan pésimamente desarrollados que al final no dejan de ser tan solo unas personas que pasan por ahí. Nos dicen que son el enemigo a batir y punto. En ningún momento tampoco los ves como una gran amenaza.

Llegamos al final. Y si algo que empieza mal tiende a ir a peor, no hace falta decir que acostumbra a terminar de manera deplorable. Esta vez no es ninguna excepción. El desenlace es absolutamente desastroso. Lo que intenta ser emotivo, simplemente es patético. Por no hablar del destino del malo de la función OJO POSIBLE SPOILER que parece que intente homenajear, que lo dudo, el final que tiene el malvado de Ghost FIN DEL SPOILER.

Resumiendo: El cuervo, como película independiente, es francamente decepcionante. Una absoluta mediocridad cuyo visionado, y esto algo que diré a su favor, por lo menos se hace llevadero. Si la analizamos como reboot, es un absoluto desastre. Olvidaos de la estética, las frases míticas, la gloriosa banda sonora, la hermosa historia de amor y venganza, los enormes personajes y el carisma de Brandon Lee que se encontraban en la versión de los años noventa. Aquí no vais a encontrar nada que lo iguale. Ni tan siquiera algo que se le acerque. Y si la valoramos como adaptación del cómic, ya es directamente deleznable. Sea como sea, siempre sale perdiendo.

Cuando apareció el primer tráiler de este reinicio, yo ya me temí lo peor y así se lo hice saber a un amigo con el que comparto animadas tertulias sobre cine. Este me comentó una estupidez que había leído en X, el antiguo Twitter, que hacía referencia a la campaña de la que os hablaba al principio de este texto. En esta publicación se clamaba para que permitiéramos disfrutar a la generación de ahora de su propio Cuervo. Nosotros, los que ya tenemos una edad, ya tuvimos nuestra encarnación del personaje y a ellos les da igual, así que nos pedían que nosotros les dejáramos en paz con la suya o alguna memez por el estilo. Pues bien, ya tenéis vuestro cuervo. Y al igual que vuestro RoboCop, vuestro Chucky y vuestros Cazafantasmas, no va a trascender como logró hacerlo el original. En serio. Por mucha pataleta que hagáis. No va a suceder. A lo mejor, lo que deberíais hacer es rogar por la creación de nuevos iconos cinematográficos en vez de obcecaros en defender execrables modernizaciones como esta.

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