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«De amor y monstruos»: superando el apocalipsis

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Fernando L. Simó
Fernando L. Simó
Miembro fundador de mundoplus.tv, seriefilo, cinefilo, devorador de libros y en pleno redescubrimiento de los cómics. Amante de la cultura (pop) y de la Historia, y ministérico de corazón.
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Mientras triunfa en los cines «Godzilla vs Kong» (podéis leer la crítica de mi compañero Saúl en este mismo sitio) el pasado miércoles se estrenó en Netflix otra película con monstruos de por medio, aunque con un tono mucho más familiar y desenfadado. Me estoy refiriendo a «De amor y monstruos», cinta dirigida por Michael Matthews que en su planteamiento y en su desarrollo recuerda a otros films de temática apocalíptica. Algo que en sí no tiene por qué ser malo, en cierto sentido lastra su narración, ya que la historia mezcla demasiadas ideas ya vistas con otras que se quedan a medio camino, y aunque tiene momentos espectaculares, el resultado final de la película te deja con la sensación de que podía haber ofrecido más.

De amor y monstruos - Netflix
Jessica Henwick y Dylan O’Brien se ven separados de repente

De amor y monstruos nos sitúa en un mundo que se ha visto devastado por la aparición de unos monstruos que han provocado la aniquilación casi total de la raza humana (tranquilos, se explica al principio de la película). Tras lo ocurrido, la humanidad se ha visto obligada a refugiarse en colonias subterráneas para sobrevivir. En una de ellas, vive el protagonista (el héroe) del film, Joel Dawson (Dylan O’Brien), un joven huérfano que es el único miembro de su refugio que no tiene pareja y que siente que esta fuera de lugar. Con nulas aptitudes para la supervivencia, Joel no sirve para ayudar en la recolección de alimentos (básicamente se paraliza de miedo), y a nadie parece importarle que esté allí, salvo porque se encarga de la cocina y mantiene la radio en funcionamiento. La apatía y la desgana le acompañan en su día a día en aquel refugio.

De amor y monstruos - Netflix
Joel Dawson (Dylan O’Brien) irá conociendo a gente en su camino que le ayudará a sobrevivir

Su único consuelo se encuentra en las conversaciones que mantiene por radio con Aimee (Jessica Henwick), su antigua novia a la que no ve desde que llegó el apocalipsis. Todo cambiará para Joel, cuando se produce una tragedia en su búnker, y Joel tome la decisión de ir en busca de su antigua Aimee. Dispuesto a todo por reencontrarse con la chica de sus sueños, decide salir a la superficie y recorrer los 140 km que les separan, afrontando los peligros que se interponen en su camino. El camino del héroe está servido, aunque el viaje de Joel (un joven anclado en el pasado) no será ni fácil ni agradable. A ratos divertido, a ratos sorprendente, en algún momento emotivo, y en general, bastante predecible, aunque sin perder su agradable estilo de aventura desenfadada.

De amor y monstruos - Netflix
El perro es el mejor amigo del hombre, incluso en el apocalipsis

¿Me ha decepcionado el resultado final? Veréis, a veces ocurre que cuando ves el tráiler de una película, tu percepción de lo que puedes esperar se puede multiplicar por mil sin apenas darte cuenta. Y, esto no siempre es buena señal, porque las expectativas que te puede generar dicho tráiler, se pueden volver en tu contra una vez disfrutas del producto. En mi caso, no es que la película dirigida por Michael Matthews me haya defraudado, pero si es cierto, que, contando con una idea tan potente, la historia no deja de ser un calco de otras que hemos visto anteriormente. Con su estilo, sí. Divertida, y en algunos instantes emocionante, también. Pero, siempre con la sensación agridulce de no sentirme partícipe de la historia. Porque ese mismo tono desenfadado, de no tomarse en serio lo que estaba ocurriendo, me terminaba sacando de lo que estaba sucediendo en la película.

De amor y monstruos - Netflix
Pon un robot en tu vida y en el apocalipsis

Cuando te dicen que está todo inventado, nos enfrentamos a una frase que no deja de ser cierta (aunque haya ‘gurús’ que la contradigan), aunque otra cosa es que seas lo suficientemente original para ser capaz de narrar lo mismo de siempre, pero de una forma sino diferente, si al menos con su propia personalidad. Y, ocurre que cuando comienzas a ver De amor y monstruos, no puedes evitar que se te vengan a la mente dos títulos que tienen a un joven ‘héroe’ como protagonista, cuya narración en off nos acompaña a lo largo de toda la película, y que nos sirve de guía a través del mundo apocalíptico en el que vive. Si habéis visto Bienvenidos a Zombieland y Memorias de un zombi adolescente, sabréis de lo que estoy hablando. Ambas películas siguen un mismo patrón, aunque en el caso de la película de Ruben Fleischer, apostando más por el humor bestia y descacharrante, mientras que la adaptación de la novela de Isaac Marion (sin perder su tono jocoso) es una historia de amor shakesperiana en un mundo apocalíptico.

De amor y monstruos - Netflix
Todo héroe que se precie necesita un mapa para encontrar el camino

De amor y monstruos es una película entretenida (os hará pasar un buen rato), sin los baños de sangre (sorprendente, a pesar de la cantidad monstruos que pululan por la historia) habituales en el género, y con menos mala leche de la esperada. No es tampoco la típica película para adolescentes, aunque lo parezca, ya que huye de los aspectos más escatológicos del género, apostando no solo por la acción y los grandes efectos especiales (el CGI de los monstruos es espectacular), sino mostrando la evolución del protagonista y lanzando mensajes sobre la amistad, la familia y el amor. También es una lástima, no se haya profundizado más en los personajes interpretados por Michael Rooker y Jessica Henwick, algo que echan en falta en el acabado final de la cinta.

En definitiva, y aunque se termina desaprovechando su potencial, De amor y monstruos es una cinta de aventuras familiar (con todo lo que eso implica) divertida, pero conformista, con algunas escenas espectaculares, y que os arrancará alguna sonrisa (no solo por el perro) a lo largo de la historia. Con eso, ya ofrece más que muchas otras películas, que no es poco

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