El pasado 25 de abril llegaba a los cines españoles de «El último suspiro», nueva película de Costa-Gavras, cineasta griego afincado en Paris. Tras su paso por Festival Internacional de Cine de San Sebastián, «El último suspiro» es una adaptación de un libro homónimo del prestigioso filósofo y escritor Regis Debray, coescrito con el médico de cuidados paliativos Claude Grange, donde se recogen las reflexiones sobre la vida de un médico con la misma especialidad y un escritor. Previo a su estreno en salas tuve la oportunidad de charlar con el director de «Z», «Desaparecido» o «Sección Especial».
La película trata con una gran sensibilidad el tema de una muerte digna, en cuidados paliativos, no es fácil de tratar a la hora de hacer una película, un libro ¿Qué es lo que le llevó contar esta historia? que al menos en España es un poco un tema “tabú”.
No, es un tema tabú solamente en España, en Francia, en todas las partes del mundo. No lo quieren hablar, no queremos hablar de la muerte, sino ver la muerte, lo que pasa. Cuando empecé, decidí hacer esta película, me dice la gente cerca de mí, diciendo que a veces, nadie quiere ver una película así. Pero yo quería hacerlo por varias razones: primero, descubrí leyendo el libro de Regis Debray, que es amigo y doctor, he visto una situación que no conocía para nada, los cuidados paliativos y la descripción de cada uno de los casos era muy interesante. Había casi 30 casos en el libro, y me dijo, probablemente es una película que hay que hacer.
Además, porque me interesa también personalmente, cómo se termina la vida, en cuáles condiciones, de dignidad, de posibilidad, o de tragedia total para todos. Y esta reflexión era importante para decidir también hacer la película. El guion, todo eso, porque el guion, el libro es como un documental. No hay continuidad dramática, había que crear el drama, los personajes, como el escritor y el médico. El final también con Ángela Molina, y con la persona al final que tiene ella su problema, que dice que hay que luchar por la vida. Para mí es un final positivo, porque hay que luchar por la vida.
Los personajes durante la película muestran diferentes maneras de llevar su estancia en los cuidados paliativos, como el caso de Ángela Molina que se despide con su familia cantando y evocando a la religión ¿Los personajes están basados en historias reales, en los del libro?
Los personajes, es decir, son creados con el guion, con la continuidad. En el caso Angela Molina, hay un personaje como ella en el libro, pero muere muy rápidamente. No hay discusión, no hay nada. Interesante, para mí, era interesante este personaje porque quería crear, al final del film, un tipo de coro, como en la tragedia griega. Un coro que ayuda a alguien, como se hacía antes, cuando fue joven, a la muerte. Lo acompañaba hasta el cementerio.
Y con el tema del poema, que para mí es un cuento sobre la vida perfecta, muy simple, muy perfecto, sobre la vida, la aceptación de la muerte, eso es. Porque he creado esta parte de la película. Además el final con la doctora que tiene un problema, también dice que hay que luchar, como lucho yo. Las posibilidades de la religión. Había que introducir al film la religión, porque la religión juega un papel importantísimo en nuestro mundo, en la muerte, particularmente, por las promesas.
Durante la película, la relación que hay entre el filósofo, el escritor y el médico sirve para reflexionar, para que uno saque sus conclusiones, porque se ven las emociones desde dos puntos de vista ¿Qué desafíos tuvo a la hora de encontrar un equilibrio entre la parte reflexiva y emocional?
Lo que me interesaba mucho son los distintos casos. No solo los casos de las personas que mueren, también los que viven. Es decir, nosotros. Eso me interesaba mucho. Como quieren todos continuar la vida, que no es posible. Esta fuerza que tenemos, que tenemos todos, queremos que… ¿Cómo se dice? Rechazamos. Rechazamos la muerte de siempre. No existe para nosotros. Esta dificultad de aceptar una cosa muy, muy segura. Eso me interesó. Y por eso esta elección de distintos casos. Y especialmente esta señora que sabe un cierto momento, lo que me interesó a ella mucho es que en un cierto momento ha dicho yo, me voy mañana.
Llama a sus parientes, esta gente, y amigos de venir para saludarlos. Y mañana se va. Y además, quería hablar de la religión. Entonces, tengo a esta señora como alguien que va a hablar de la religión. Porque la religión fue un papel muy importante en esta situación de muerte.
Otro de los grandes temas es como se aborda el tema de la muerte, tanto los familiares y personas más cercanas se enfrentan a ella, como dejar que se vaya esa persona.
Yo pensé lo más importante es que nosotros que vivimos, para nosotros que vivimos, hay que aceptar y realmente prepararse para este momento. No sé cómo se prepara, porque en el momento no se sabe. Además nos damos en la sociedad que hay mucho, mucho más cada día, muchos viejos. Y el papel de esos viejos, ¿Cuál es el papel de esos viejos en la sociedad? Hay que votar eso, por la dignidad de nosotros, viejos, hay que prepararse y terminar de la mejor manera posible. Para su dignidad y para la memoria que los otros tienen de nosotros. Nadie quería aceptar, los parientes y tampoco ellos, porque hay que vivir, hay que hacer eso. Por eso vayamos América, que hay alguien de que tiene soluciones, todas esas cosas que son inútiles completamente. Porque el fin es aquí.
Tus orígenes son griegos, naciste en Grecia, cuna de la filosofía, y de la tragedia griega, que antes has comentado que hay una escena “recreando” este género teatral, en el caso de Ángela Molina, ¿Cómo infuye esa parte a la hora de hacer tus películas?
La base de mi vida, la sensibilidad, la creación de esta sensibilidad empieza en Grecia. Pero en Francia se desarrolla y me da la posibilidad de pensar de una manera distinta de la escuela griega y de la libertad que no había en Grecia en ese periodo. Entonces, en Francia, yo hice este tipo de film, porque fue en Francia. En otro país no se podía hacer. La sensibilidad, la cultura francesa, la manera de vivir en Francia. Entonces, lo hice en Francia. Y ser director, mi aprendizaje es francés completamente. Con los directores que trabajo.
Esta sensibilidad cinematográfica es mucho más francesa que griega. Pero la manera de ver y de vivir el cine es seguramente en parte muy griega. La base filosófica y de curiosidad, de ver también el mundo. Y la tragedia teatral de Grecia es eso. Es como metáfora, se habla del mundo, se habla de la sociedad, de nosotros. Puede ser una una metáfora, pero es una verdad. La recreación cinematográfica. Es importante decir cinematográfica porque no es la misma cosa que lo documental. Se va al cine, al teatro, no solo por entretenimiento. Se va a ver una lección. Un discurso académico, todo lo que quieran ustedes.
La base es el ensayo, un libro de Regis Debray, pero a la hora de adaptarlo para realizar la película ¿cómo fue la elaboración del guión? ¿Fue difícil?
No, la elaboración del guión fue difícil porque no había guión, no había posibilidad de guión. Cuando el personaje del filósofo habla de su turno entre los enfermos, parece un turista que va a ver gente y nada más. Había que crear una relación también cuando va a ver eso, como el filósofo de Régis Debray: ah, ¿qué pasa? ¿cómo es? Pero para el cine no basta. Debía haber otra razón. Una posibilidad de crear un atento, si puedo decir. Esta posibilidad fue de haber un problema personal con el cual ve a los enfermos de dos maneras, como filósofo y como posible enfermo mismo.
Se ve en la cama con todas esas cosas. Entonces, hay que probar eso y después, cuando se encuentra eso, había que crear una familia para este personaje. Y al final, porque al final había que este problema que tiene se abre, ¿qué hacemos? la posibilidad de la doctora que dice: yo también tengo este problema, hay que luchar y te ayudo a luchar también para sobrevivir. Es decir, un tipo de final feliz.
Pero el final no es “feliz” porque el filósofo sigue con sus miedos, no lo ves que está decidido a hacer frente a la muerte ¿no? Como metáfora de que al final todos tenemos miedo a la muerte.
Sí, porque lo encuentra la muerte, el filósofo, como un filósofo, pero es una cosa intelectual completamente, no física. Para él, de frente física, cuando sabe que tiene un cáncer, y que hace un proceso muy rápido, que puede en algunos meses, semanas, irse a la cama como todos nosotros. Esta relación fue muy importante para batir, para crear el escenario. Sí, para construir el guión. Sería falso completamente que no tenemos miedo. Pero hay que, en cierto momento, aceptarlo. ¿Cómo se acepta? Que alguien cerca de nosotros se muere. Esto lo aceptamos fácilmente. Va a aceptar lo contrario también para nosotros. Esa es la dificultad.
Al ver la película uno puede ver un poco la filosofía de Epicuro en ciertos personajes, hay una reflexión sobre el final de la vida, pero creo que, por un aspecto social, no por el psicológico. Epicuro decía que mientras existimos no estamos muertos y cuando morimos dejamos de existir. Por lo cual Epicuro decía no hay que pensar en la muerte.
Exactamente. Eso me gusta. Después de la muerte no hay que pensar en nada. Claro que hay las religiones han encontrado un modo de vivir, de continuar gracias a esto, a esto de paraíso. Además para los antiguos griegos después de la muerte, era muy malo, no había una situación paradisíaca como lo que estamos. Era peor que la vida.