Coincidiendo con el Día de San Valentín, «Capitán América: Brave New World» se estrenó en los cines este 14 de febrero. Desde el día que anunciaron la nueva película de uno de los personajes más míticos de Marvel ha generado un debate intenso entre los fanáticos del Universo Cinematográfico de Marvel (UCM). Con Sam Wilson (Anthony Mackie) asumiendo el manto del Capitán América, la película prometía explorar nuevas dinámicas y desafíos. Sin embargo, lo que debería haber sido un soplo de aire fresco para la franquicia termina sintiéndose como una amalgama de ideas recicladas y un cierto agotamiento creativo que atraviesa Marvel Studios.
Uno de los problemas parece el llamado «reinicio» de la franquicia, que más que revitalizarla parece estar atrapada en un bucle de nostalgia. Brave New World intenta conectar con el pasado trayendo de vuelta personajes y tramas que, lejos de aportar innovación, refuerzan la sensación de agotamiento. La inclusión de elementos de películas antiguas de Hulk, añadiéndolas en historias nuevas es un claro ejemplo de cómo el estudio está arañando contenido en un esfuerzo por mantener la relevancia.

A nivel narrativo la película no se atreve a tomar riesgos. Aunque Wilson es un personaje con gran potencial, su desarrollo se siente plano y atrapado en los mismos clichés de siempre: discursos motivacionales sobre el legado del Capitán América, peleas espectaculares pero sin peso emocional y un villano que apenas deja impacto. La falta de una historia sólida es evidente y la acción entretiene, no consigue trascender más allá de lo meramente visual.
En cuanto a la dirección y el ritmo, la película cumple, pero sin destacar. Julius Onah ofrece una puesta en escena correcta, pero sin el carisma visual que directores como los hermanos Russo imprimieron a las películas anteriores del Capitán América. La fotografía es funcional, las escenas de acción son dinámicas pero predecibles, y la banda sonora pasa desapercibida sin lograr generar momentos memorables.
En definitiva
Capitán América: Brave New World es un filme que entretiene, pero no deja huella. Es un reflejo de la situación actual de Marvel: un estudio que sigue apostando por fórmulas pasadas y que parece más preocupado por mantener su universo cohesionado, que por contar historias innovadoras. Si bien los fanáticos más acérrimos encontrarán momentos disfrutables, la falta de ideas frescas y el exceso de reciclaje narrativo hacen que esta entrega pase sin pena ni gloria. Si Marvel realmente quiere recuperar su grandeza, necesita dejar atrás la dependencia del pasado y apostar por una renovación real de su universo cinematográfico, como hicieron con las películas del multiverso de Spiderman o Deadpool.