Hay un episodio de «Pesadilla en la cocina» (3×39) en el que Alberto Chicote viaja a Miami al Restaurante Sip para prestar su ayuda. Seguro que sabéis cual es, en él los dueños, ante la imposibilidad de tener fogones y ventilación en la cocina, tienen la magnífica idea de cocinar con un hornillo de camping gas y sin ningún tipo de extracción, lo que provoca los típicos problemas del programa. Emily, la jefa de cocina en un momento de tensión del programa comienza a llorar por la situación y enseña a Chicote un tatuaje en el brazo que mira para tranquilizarse que reza «It’s just food», a lo que Chicote responde al final del programa escribiéndole con rotulador en el mismo brazo: «It’s not just food. It’s a way of life».

Y esto es Boiling Point, no es sólo comida, es una forma de vida. Es inevitable la comparación con The Bear, aunque hay que decir que Boiling Point llegó antes, primero en formato cortometraje (2019), luego como largometraje (2021) y finalmente (o no) en una miniserie de cuatro capítulos (2023) de 50 minutos.
Lo cierto es que el único nexo de unión entre ambas es la gastronomía. En la esencia y en el fondo son diametralmente opuestas. Si The Bear apuesta por un ritmo «Fordiano» de masticar y saborear los alimentos, recetas de comida tradicional, un ambiente de trabajo en el que te gustaría estar presente… Boiling Point se acerca al típico local de moda en el que los influencers negocian para no pagar, las reseñas digitales importan más que el trato personal y el ambiente laboral es de esos que rechazarías en beneficio de tu salud mental.
¿Es necesario ver el largometraje antes que la miniserie?
Pues es bastante recomendable, sobre todo si eres fan de Stephen Graham pero no me parece definitorio como para no disfrutar plenamente de la miniserie. Al fin y al cabo y tal como está contada, puedes disfrutar de la película a modo de flashback y descubrir cómo comenzó todo una vez finalizada la serie.

La miniserie
La chef Carly (Vinette Robinson) se hace cargo del nuevo restaurante Point North cambiando el punto de vista de la narrativa. Si en el largometraje todos los secundarios y situaciones se ordenaban hacia la figura de Andy Jones y a la excelente interpretación de Stephen Graham, aquí el actor británico les cede todo el protagonismo a los secundarios y se convierte en un personaje casi terciario.

Desde Emily (interpretada de manera magistral por Hanna Walters), como la «madre» que se preocupa por todos y muy poco por ella; Bolton, un cocinero agreste y listillo con ínfulas de ser sous-chef pero que esconde un gran corazón; Dean como un maitre carismático y amistoso capaz de irse de fiesta con sus empleados pero de abroncarlos ferozmente si su trabajo depende de ello o Robyn, una camarera con aspiraciones de actriz y… sólo son algunos de ellos. La serie es magistral a la hora de dar alma y corazón a sus secundarios.
Todo ello es gracias a la figura de Carly, ya que a pesar de ser la jefa y pueda parecer que hereda el papel de Andy, actúa de una manera diferente ya que desea evitar los errores de su antiguo jefe y mentor. Ella les ofrece un protagonismo con el que no podrían soñar de seguir trabajando para el personaje interpretado por Graham.

E. R.eferencias
Si hay algún referente narrativo y estético al que se acerca Boiling Point, esa es la serie E. R. Urgencias. El director Philip Barantini y el guionista James Cummings lo hacen desde ese comienzo in media res a través del personaje de Johnny Bale, que llega tarde a su primer día de trabajo en el restaurante. A través de él vamos conociendo a todos los personajes mediante un plano secuencia de esos que ejecutaban de maravilla en la serie creada por Michael Crichton.
Hay más similitudes con E. R. Urgencias, como ese fantástico ritmo fílmico de transiciones de una historia a otra e incluso en la ética de los propios personajes, que no siempre hacen «el bien». Hay decisiones cuestionables, posiblemente erróneas pero que una vez que conoces a cada miembro de la cocina, entiendes.

¿Por qué hay que verla?
Boiling Point mantiene la esencia de sus anteriores productos (corto y largometraje) pero los lleva al siguiente nivel. La miniserie sigue ofreciendo todo lo reconocible anteriormente pero ahora también aporta alma, la de sus personajes, tan atropellados por el formato y el tiempo fílmico y que aquí son libres y… ¡Bendita libertad!
Los personajes son humanos, se acercan al espectador con sus taras y problemas: el autodescubrimiento sexual, el bullying, el alcoholismo, la amistad, el cuidar a alguien que no quiere se cuidado, los sueños perdidos y encontrados…
Boiling Point es algo que traspasa lo culinario. Se merece los cinco tenedores y… una Estrella Michelín por parte de los espectadores-comensales
