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Arlette Torres: «La ficción no solo entretiene, también educa»

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Pablo Arroyo
Pablo Arroyo
Apasionado del fútbol y del cine, me considero un periodista que combina su amor por el deporte con el arte de contar historias. Con un especial interés por las obras de Quentin Tarantino. Intento explorar la intersección entre el cine y el deporte, analizando cómo las narrativas del fútbol pueden ser tan cautivadoras como las mejores películas. Siempre en búsqueda de la próxima gran historia.
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La trayectoria de Arlette Torres es el reflejo de una carrera construida entre dos países, distintas disciplinas y una búsqueda constante de identidad artística. La actriz venezolana, afincada en España desde hace dos décadas, participa en »Barrio Esperanza», la nueva apuesta de Televisión Española, una serie que ha conseguido conectar con el público gracias a su mirada social y humana sobre la educación, la convivencia y las segundas oportunidades.

En esta conversación, Torres repasa sus inicios en Venezuela, la influencia de crecer en una familia vinculada al teatro y la interpretación, la presión de abrirse camino siendo hija de un actor muy reconocido y el momento en el que decidió dejar atrás su carrera como periodista para apostar definitivamente por la interpretación. También reflexiona sobre el papel de la ficción como herramienta social, la importancia de la televisión pública y cómo ha ido construyendo una carrera propia dentro del cine, el teatro y la televisión española.

Arlette, interpretas a Vania en  «Barrio Esperanza», la nueva serie de Televisión Española, que además ha alcanzado muy buenos números de audiencia. ¿Cómo te llega la oportunidad de participar en esta serie? No sé si habías trabajado previamente con los directores o con algunos compañeros.

Bueno, sí, como dices tú, muy contenta con el éxito que está teniendo. Es una serie muy necesaria, muy bonita, entrañable y luminosa. Llegué gracias a una propuesta de casting de Tonucha Vidal y Luis San Narciso, que ya conocían mi trabajo de proyectos anteriores. Por su parte, tanto Iván como Antonio, creadores de la serie, apostaron por mí desde el principio. Además, ya había trabajado con Sandra Gallego y con Iñaki Peñafiel en Caronte y La Pasión Turca, respectivamente.

Y con varios compañeros también había coincidido antes. Con Mariona en La Pasión Turca, con Carlos Librado en El Guardián Invisible y con Mariano Peña hace muchísimos años en Aída. Eso siempre ayuda porque llegas al rodaje con cierta confianza previa.

Con Carlos compartes una trama amorosa dentro de la serie. El hecho de haber trabajado previamente con él, ¿te ha ayudado a la hora de construir esa química?

Sí, muchísimo. Carlos es una persona muy generosa y muy buen compañero. El hecho de conocerle previamente me permitió tener otro tipo de acercamiento desde el primer día. La primera secuencia que rodamos juntos fue una conversación bastante importante y esa cercanía previa hizo que todo fluyera de forma muy natural. Evidentemente, ese es nuestro trabajo como actores, pero cuando ya conoces la energía de la otra persona y sabes cómo trabaja, es mucho más sencillo generar conexión y confianza delante de la cámara.

Tus compañeros coincidieron mucho en definir »Barrio Esperanza» como una serie “necesaria”. Además de la educación, también habla de las segundas oportunidades y de enfrentarse al pasado.

Totalmente. Creo que es una serie que trabaja mucho los valores y la empatía. Esa idea de las segundas oportunidades nace precisamente de ser capaces de ponerse en el lugar del otro. La serie también habla de temas como el racismo, el bullying o el clasismo, cosas que muchas veces están tan integradas en la sociedad que ni siquiera somos conscientes de ellas. Y precisamente por eso es importante mostrarlas en pantalla, para que el espectador pueda verse reflejado y cuestionarse determinadas actitudes.

Creo que la serie pone esos temas sobre la mesa con mucha humanidad, intentando que el espectador reflexione sobre cómo convivimos y cómo podemos construir una sociedad un poco mejor.

Y además se emite en una televisión pública y en abierto, algo importante en una época dominada por plataformas privadas.

Claro, para mí eso es fundamental. La cultura y la ficción no solo sirven para entretener, también tienen una responsabilidad social. Lo que vemos en pantalla genera referentes y construye imaginarios. Por eso me parece muy valioso que una televisión pública como Televisión Española apueste por proyectos que, además de funcionar comercialmente, tengan una ética detrás y quieran aportar algo al espectador.

No todo el mundo puede acceder a plataformas privadas, así que es importante que la televisión pública llegue a tanta gente con historias que transmitan valores y reflexión.

Llevas muchos años trabajando en España, pero antes estudiaste Comunicación Social y Locución en Caracas. ¿Fue esa típica situación de “haz una carrera por si acaso”?

Sí, hubo un poco de eso. Yo hacía teatro desde muy pequeña. Organizaba obras en mi edificio, escribía, actuaba… y además en mi casa siempre hubo mucha relación con el arte porque mi madre hacía teatro y mi padre es actor. Pero también existía esa idea de que dedicarse al arte era complicado y que había que tener una carrera “segura”. Mi madre insistió mucho en que estudiara una profesión universitaria y terminé graduándome en Comunicación Social.

Y la verdad es que no me arrepiento porque todo ha terminado complementándose. Estudiar comunicación audiovisual alimentó muchísimo mi amor por el cine y fue ahí cuando entendí que quería dedicarme a actuar al 100 por 100.

La serie de RTVE «Barrio Esperanza»

¿El hecho de ser hija de un actor tan reconocido en Venezuela, como José Torres fue una presión para ti?

Sí, durante mucho tiempo lo sentí como una responsabilidad más que como una ventaja. Mi padre es una institución en Venezuela y yo tenía la sensación de que debía estar a la altura de ese legado. Nunca conseguí trabajos por ser su hija. De hecho, muchas veces ni siquiera encajaba en el perfil que buscaba la televisión venezolana de aquella época. Pero sí es verdad que con los años fui construyendo mi propio camino y mucha gente empezó a conocerme simplemente como Arlette Torres. Y eso fue importante para mí porque entendí que él tenía su trayectoria y yo la mía.

En 2005 tomas la decisión de venir a España. ¿Cómo fue dejar atrás tu vida en Venezuela para empezar de cero?

Fue una decisión muy pensada. Yo trabajaba como periodista mientras hacía teatro en paralelo, y llegó un momento en el que sentí que mi verdadera pasión era actuar. Tuve la oportunidad de trabajar en una película coproducida con España, donde conocí a Tristán Ulloa y él fue una de las personas que me animó a venir aquí. Me puso incluso en contacto con directoras y directores de casting.

Cuando llegué éramos muy pocos venezolanos en Madrid. Yo vine con la idea de probar suerte en el cine y quizá marcharme después a Francia, porque soy franco-venezolana. Pero España me atrapó y terminé quedándome.

¿Toda esa etapa previa trabajando fuera de la interpretación te ayudó a tener disciplina dentro de la profesión?

Curiosamente creo que no. Lo que realmente me hace ser disciplinada es que amo profundamente este trabajo. Cuando algo me apasiona soy muy rigurosa, muy detallista y muy perseverante. También bastante perfeccionista. Son rasgos de mi personalidad que he tenido que aprender a gestionar con el tiempo porque esta profesión también exige mucha flexibilidad. Pero, sí creo que cuando encuentras algo que verdaderamente amas, el compromiso sale de forma natural.

¿Qué referentes tenías de pequeña? ¿Qué actrices o películas te hacían pensar “qué bonito sería dedicarse a esto”?

La verdad es que cuando era pequeña no tenía demasiados referentes próximos (de actrices no blancas) en la televisión o el cine. Lo más cercano eran intérpretes afro-estadounidenses o latinas, aunque en aquel momento eso lo sentía algo lejano. Tal vez, la brasileñas Sonia Braga y Taís Araújo.

Pero sí había actrices cuyos trabajos admiraba muchísimo. Por ejemplo, la venezolana María Cristina Lozada era y sigue siendo para mí una referencia absoluta de interpretación. Y luego, claro, Meryl Streep. Verla trabajar ha sido y es fascinante. Tiene esa capacidad de transformarse completamente y hacer que todo parezca real y sencillo. Admiro muchísimo su forma de entender la interpretación y el compromiso que transmite en cada personaje.

Por mencionarte algunos referentes más actuales, sin duda Viola Davis, Liza Colón-Zayas o Sigourney Weaver.

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