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“Argentina 1985”: el pueblo argentino grita “nunca más” en este emotivo relato sobre la dignidad y la democracia

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Enrique Paniagua Martin
Enfermo del cine y la literatura y, en menor medida, de las series. Fanático de Harry Potter, Friends y Marvel. Adorador de Fincher, Scorsese, Eastwood, Spielberg, Nolan, Tarantino y Céline Sciamma. Veo casi cualquier tipo de película y me encanta salir de mi zona de confort cinéfila. En Twitter soy: @QuiqueMartin27
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Decía el “Chino” Darín durante la recogida del premio del público que ganó esta película en el festival de San Sebastián que le alegraba, gracias a la victoria, tener “la oportunidad de amplificar una mirada y unos valores que creemos que son más que relevantes en este momento tan complejo”. Refiriéndose, con esa parte final, al crecimiento últimamente de discursos que no respetan esos valores democráticos que tanto nos consiguió conseguir. Después de ver la película ese discurso se vuelve especialmente relevante porque los hechos que se relatan en ella son, simplemente, aterradores y la valentía de ponerlos sobre la mesa con tanta claridad y sin paliativos es digna de elogio ya de entrada.

Argentina, 1985 - A Contracorriente FilmsArgentina 1985, que ha llegado a nuestros cines este 30 de septiembre, es una película inspirada en hechos reales y que se sitúa en el contexto histórico de los juicios que se produjeron dentro de la sociedad argentina contra el general Videla (Ex dictador militar que gobernó con mano de hierro varios años) y el resto de su cúpula de mando por los numerosos crímenes perpetrados durante su gobierno en el país. La cinta se vehicula desde el inicio casi como un David contra Goliat. Donde la sociedad argentina, con el fiscal Julio Strassera a la cabeza (qué papelón hace Ricardo Darín), debía llevar a juicio a todos estos mandatarios por jurado popular ya que el tribunal militar que debía juzgarlos se estaba inhibiendo en sus funciones de forma consciente.

La cinta consigue rápidamente situarte en ese turbulento momento para la sociedad argentina, profundamente dividida entre los que apoyaban a los militares y sus detractores, y mostrarte a lo que se tuvieron que enfrentar ese grupo de héroes en forma de fiscales (y sus familias) para intentar llevar algo de justicia, dignidad, paz y democracia a un pueblo argentino que seguía contando por miles los “desaparecidos” en sus filas.
Amenazas de muerte constantes, presiones directas o veladas por parte de altos cargos e infinidad de trabas burocráticas se van viendo reflejadas en una cinta que va creciendo a fuego lento en los niveles de tensión.

El guion es tan bueno que, al inicio, incluso se permite el lujo (y le sale bien) de meter algún momento cómico propiciado por el particular carácter del fiscal Strassera y la relación con su esposa. Pero esos momentos más distendidos, que sirven como válvula de escape del drama más descarnado, van perdiendo su peso paulatinamente para que lo gane el drama más duro y despiadado que no deja lugar para las medias tintas. Convirtiendo la cinta en un portentoso drama judicial donde se alternan momentos ficcionados e interpretados por los actores, con breves momentos completamente reales extraídos de archivo y que, sinceramente, ponen los pelos de punta. Las historias reales que se cuentan aquí son tan duras que uno como espectador se plantea cómo pueden ocurrir estas cosas. Y la película consigue que cada minuto que pasa estés más dentro de todo lo que te están contando.

Y es que, si algo hace espectacularmente bien esta (para mí) obra maestra del cine argentino es meterte en la piel de esas personas. De esos ciudadanos de a pie. Y conseguir que suframos con ellos y lloremos con ellos. Que nos desesperemos y enfademos con la situación. Sientes su pena, su rabia y la impotencia al ver la impunidad con la que los han amenazado, detenido, torturado y asesinado como si no fuesen nada. Como si fuesen menos que nada.

Finalmente, y sin entrar en la resolución porque asumo que no todo el mundo tiene porque conocerla de antemano, la cinta da un paso más elevando la tensión en la búsqueda de una catarsis que consigue con creces y algunos momentos completamente épicos. Pero no la epicidad que puedas encontrar en una peli típica de buenos contra malos. Sino la epicidad del que sabe en qué lado de la historia quiere colocarse y va con todo a por ello hasta cuando cree que puede perder. Hay un discurso especialmente bonito con el que, sinceramente, creo que resulta imposible no emocionarse. Por lo que dice y por lo que calla y que es el reflejo final de lo que, para mí, ha sido ver esta película.

En definitiva

Argentina 1985 es todo lo que un buen drama judicial basado en unos hechos reales tan graves como los que aquí se narran debería ser. Es muy dura, está magistralmente interpretada y desde la dirección manejan por completo los tiempos para que vayas impregnándote tú, como espectador, de la tensión que se vivió en esa sala del juzgado argentino. No sé si ganará más o menos premios. Pero lo que sí sé es que una de esas pelis que van a gustar a prácticamente todo el mundo. Por lo buena que es y por lo bien contada que está. Enorme.

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