Estamos hablando de Martin Campbell, un director que no necesita presentación dentro del cine de acción. Fue capaz de redefinir a James Bond en dos momentos cruciales de su historia: primero con «GoldenEye» (1995) para Pierce Brosnan y años después con «Casino Royale» (2006) para Daniel Craig. También firmó aventuras como «La Máscara del Zorro» (1998) y «La Leyenda del Zorro» (2005) junto a Antonio Banderas. Por eso, viendo el terreno construido, «Cleaner: Rescate vertical» (2026) despierta expectativa.
El neozelandés entiende el espacio, el movimiento y la tensión física. Aquí vuelve a demostrar que sabe filmar la acción con claridad: cuerpos suspendidos en el vacío, peleas y situaciones de riesgo. Le gustan las alturas y sabe sacarles partido.
La premisa es reconocible. Un grupo de activistas irrumpe en la gala de una empresa energética para denunciar su impacto ambiental. Lo que empieza como reivindicación deriva en toma de rehenes. En el exterior, colgada de un cable en la fachada del rascacielos, una exmilitar convertida en limpiacristales —interpretada por Daisy Ridley—, se convierte en la única opción para frenar el desastre.
Conceptos reconocibles
La sombra de Jungla de Cristal (1988) es evidente. También hay tintes del cine de los noventa como la aclamada Misión: Imposible (1996). Rehenes, edificio emblemático (aunque aquí pasa algo desaparecido), policía negociando desde abajo mientras un héroe aislado intenta revertir la situación. La estructura es familiar.
El cine de acción siempre ha reciclado esquemas. El problema es la falta de una variación contundente. La película funciona, entretiene y mantiene el ritmo, pero rara vez se atreve a desestabilizar lo que sabemos. Todo está en su sitio. Demasiado en su sitio.

Daisy Ridley cumple, pero su personaje está construido sobre arquetipos reconocibles: la heroína competente, emocionalmente marcada, físicamente resistente. Hay potencial para explorar contradicciones —especialmente cuando el conflicto gira en torno al activismo climático y la responsabilidad corporativa—, pero el guion opta por la superficie antes que por la complejidad moral.
La figura de la jefa de policía encaja dentro del típico thriller de asedio, pero volvemos a lo mismo, cumple su función narrativa, careciendo de dinamismo y la profundidad necesarios para aportar verdadera tensión dramática o empatía hacia el personaje. El villano, con motivaciones que buscan justificarse en un supuesto bien mayor, se queda en una ejecución algo loca e impredecible. Taz Skylar no está mal.
Está bien coreografiada y su violencia tiene cierta crudeza física que se agradece. Digamos que es eficaz. Sin embargo, en un panorama saturado de productos de acción, la eficacia ya no basta para destacar.
En conclusión
Cleaner: Rescate vertical es entretenimiento sólido, consciente de sus referentes y cómodo dentro de ellos. Martin Campbell demuestra que aún sabe manejar la maquinaria del género, pero aquí no cambia nada. Y cuando un director capaz de relanzar iconos decide limitarse a reproducir patrones conocidos, la sensación no es de fracaso. Hablaría más bien de oportunidad perdida.