El catálogo de cine de Movistar Plus+ sigue ampliándose con títulos que, sin pasar por salas, encuentran en la plataforma su ventana de exhibición en televisión. Este es el caso de «Mirada asesina», película que se estrena directamente en el servicio hoy miércoles 4 de marzo y que apuesta por una mezcla de géneros poco habitual: un western con elementos sobrenaturales ambientado en el salvaje oeste del siglo XIX. Una propuesta que se aleja de la épica habitual del género, para ofrecer un estilo más cercano a la soberbia «Bone Tomahawk» de S. Craig Zahler, con un relato que mezcla la aventura clásica con un inquietante thriller sobrenatural. Con un reparto encabezado por Guy Pearce, acompañado por DeWanda Wise y Bill Pullman, «Mirada asesina» explora los peligros de la ignorancia y de la superstición, y de como quien ostenta el poder se aprovecha de ello.
La historia se sitúa en Arizona en 1849, en un contexto marcado por una misteriosa enfermedad que arrasa con personas y animales. En medio de ese escenario conocemos a Sarah, una mujer negra liberada que vive aislada en un rancho junto a su hija blanca. Tras esa aparente tranquilidad se esconde un oscuro secreto, que mantiene en vilo a los habitantes del pueblo. ¿Está la niña poseída por un gran mal que hace que todo lo que toque muere? Así lo piensa todo el mundo en un lugar en el que la muerte espera tras cada esquina. A pesar de los peligros que pudieran acechar, Sarah decide emprender una larga travesía para encontrar a un predicador capaz de curar a su hija. Un viaje que nos enseñará lo peor y lo mejor del ser humano, siempre con una duda creciente: ¿lo que vemos es real o simple sugestión?.
El encargado de escoltarlas es un personaje tan peculiar como la propia historia: Doc Bender, un médico caído en desgracia, adicto al éter y marcado por una tragedia personal. Guy Pearce da vida a esta figura que funciona como contrapunto racional frente a las creencias sobrenaturales que rodean a la niña. Durante el trayecto, este atípico grupo se enfrentará a bandidos, siniestros colonos y a la dureza de un territorio desolado que nos recuerda constantemente al imaginario clásico del western, pero con un tono más oscuro y ambiguo. Podríamos extrapolar la historia de Mirada asesina, de las llanuras del mal llamado Salvaje Oeste, a cualquier relato de la Europa medieval, donde las tierras antaño fértiles se ven azotadas por una extraña plaga. Así, tendríamos al héroe en busca de redención, a la damisela en apuros, al bufón enamorado con un destino cruel, a la princesa maldita y al villano escondido tras una pátina de respetabilidad y religiosidad. Todo ello aderezado por multitud de peligros a los que deben enfrentarse, en un viaje que nos plantea la duda de si lo que le ocurre a la niña es real o simple sugestión.
Me reconozco fan de un género, que ha dado grandes clásicos del cine como Centauros del desierto, Raíces profundas, Río Rojo, Solo ante el peligro, Grupo salvaje o Sin Perdón. Un género que ha exaltado el heroísmo de hombres solitarios, que ha exagerado una historia sobre la construcción de la mítica frontera y que ha romantizado el llamado salvaje Oeste. Pero, como bien decía John Spartan en Demolition Man: «El Salvaje Oeste ni siquiera era el Salvaje Oeste”. La historia dio paso a la leyenda y el cine de Hollywood convirtió en mito una etapa de Estados Unidos, tan fascinante como glorificada. Nombres como John Ford, John Wayne, Howard Hawks, Anthony Mann o Clint Eastwood han cincelado la leyenda que ha trasportado a millones de espectadores a un mundo de indios y vaqueros, de duelos al sol, de forajidos y ciudades sin ley, de grandes llanuras y paisajes desérticos. Relatos donde el bien y el mal eran fácilmente identificables, sobre todo el western clásico. Algo que fue cambiando con el paso del tiempo, primero gracias a figuras como Sergio Leone y su trilogía del dólar, y poco después a títulos como El jinete pálido o Sin perdón, que muestran una escala de grises que no era habitual en el género.

En ese aspecto, Mirada asesina ofrece un relato en el que los límites del bien y de mal están difuminados, ofreciendo un retrato de como la ignorancia, la superstición y la desesperación pueden llevar hasta al límite al ser humano. Lo interesante de la película es su intento de fusionar el western con el terror ocultista, una tendencia que en los últimos años ha ido apareciendo en el cine independiente, con Longlegs de Osgood Perkins o Weapons de Zach Cregger como claros ejemplos. El género del western ha encontrado así, nuevas formas de reinventarse al mezclarse con el horror o lo sobrenatural. En este caso, Mirada asesina nos plantea un enfrentamiento entre fe, ciencia y superstición, usando el viaje de sus protagonistas como metáfora de una lucha entre el bien y el mal que nunca se define del todo.
¿Estamos ante una historia redonda? Tal vez, no. Sin embargo, Mirada asesina propone ideas sugerentes —la ambigüedad moral, la duda entre lo racional y lo espiritual o la culpa que arrastran sus personajes—, y en gran medida consigue convertir esos conceptos en una narración realmente intensa. Hay momentos de violencia, algunos encuentros inquietantes a lo largo del camino, con personajes imperfectos que luchan por sobrevivir y una atmosfera de irrealidad asfixiante que dan como resultado un relato repleto de tensión.
En resumen
El gran trabajo de Guy Pearce, sostiene gran parte del interés de la película, dando vida a un personaje repleto de contradicciones, que intenta aplicar la razón frente a lo inexplicable a través de la lógica mientras el mundo a su alrededor parece contradecirle constantemente. Su presencia junto a los paisajes desérticos que evocan al western clásico, pero con una atmósfera más inquietante y casi bíblica, son dos elementos clave para disfrutar La mirada asesina.
Su estreno directo en Movistar Plus+ sin pasar por salas, ofrece la oportunidad de acercarnos a una película diferente, que se aleja de los blocksbusters y de propuestas más convencionales, con su mezcla de western y terror. El filme ofrece así una interesante reflexión sobre la fe y el racionalismo, mientras viajamos por un territorio donde la frontera entre lo sobrenatural y lo humano no está clara del todo. Dejándonos para reflexionar, una frase pronunciada por el personaje interpretado por Bill Pullman: «No hay que temer que los ignorantes aprendan, sino que se asusten».