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«El cineclub»: Un refugio para mentes inquietas

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Fernando L. Simó
Fernando L. Simó
Miembro fundador de mundoplus.tv, seriefilo, cinefilo, devorador de libros y en pleno redescubrimiento de los cómics. Amante de la cultura (pop) y de la Historia, y ministérico de corazón.
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Hay series que se consumen y series que se sienten. «El cineclub», serie escrita y protagonizada por Aimee Lou Wood junto a Ralph Davis, pertenece sin duda a la segunda categoría. Estrenada por Movistar plus+ el pasado 26 de febrero, podría parecer a priori otra comedia amable sobre salud, otra historia resultona teñida de modernidad. Nada más lejos de la realidad. «El cineclub» es de esas series que te llegan al corazón. Una serie sí, que habla sobre salud mental, pero también sobre la diferencia de clases y el amor sin estridencias. Un lugar confortable donde refugiarse que hará las delicias de cualquier cinéfilo.

Wood se dio a conocer como la inolvidable Aimee (no es un juego de palabras) en Sex Education, la serie de Netflix que también lanzó las carreras Asa Butterfield, Ncuti Gawa, Emma Mackey, Connor Swindels o Simone Ashley. Mas tarde llegaron papeles en Alice & Jack, Ciudad tóxica, Problemas con papá (también disponible en Movistar Plus+) y más recientemente, en la tercera temporada de White Lotus que se trasladó a Tailandia. En casi todos sus papeles, Wood da vida personajes vulnerables, sensibles hasta el extremo, que son capaces de traspasar la pantalla con una simple mirada, con una capacidad increíble para que sus silencios transmitan aún más que sus palabras.

En El cineclub Aimee Lou Wood da vida a Evie, una joven cuya vida dio un vuelco inesperado seis meses atrás. Dejó su apartamento y trabajo, y vive recluida en casa de su madre, en la que la rutina semanal solo se ve interrumpida por el club de cine semanal que mantiene con su mejor amigo Noa (un magnífico Nabhaan Rizwan) que es su ancla con el exterior. A lo largo de sus seis episodios iremos descubriendo que le pasó a Evie y conoceremos, a través de pequeños flashbacks, como se conocieron estos dos amigos años atrás. Mientras tanto, cada viernes, el garaje de su madre se convierte en una fantasía distinta: papel de aluminio para recrear la nave espacial Nostromo, flores gigantes y baldosas amarillas para transportarnos al mágico mundo de El mago de Oz o paredes grises y un poster en la pared para invocar la cárcel de Shawshank. Un alucinante, pero también inquietante, viaje cinéfilo que convierte ese lugar, tanto en un refugio como en una jaula.

El sótano de una casa se convierte en un refugio del mundanal ruido

El cineclub es ante todo una comedia romántica que combina con gran acierto humor, emoción y amor por el cine. Es la historia de una amistad surgida del amor al séptimo arte y que va más allá de un proyector en un sótano. La serie, ofrece no solo un retrato de la agorafobia, sino que entiende que el romance no se alimenta solo con declaraciones grandilocuentes, sino en la tensión soterrada de dos amigos que son capaces de terminar la frase del otro. En las miradas que duran medio segundo más de lo estrictamente necesario. En el miedo a que la distancia —cuando a Noa le ofrecen un trabajo en la ciudad de Bristol— haga tangibles sentimientos que siempre han sido más fáciles de ignorar que de nombrar. La serie apuesta con convicción por el anhelo, por esa frontera que dos personas que se conocen a la perfección no se han atrevido a cruzar por miedo a perder lo que ya tienen. En definitiva, una preciosa historia de amor, con dos personajes que parecen destinados a no estar juntos.

Alrededor de estos dos amigos, la familia y amigos son el contrapunto ruidoso e hiperbólico de la historia. La gran Suranne Jones se pone en la piel de una madre hiperactiva, amorosa hasta la extenuación, que en el fondo sabe que no puede parar de moverse para no derrumbarse. La actriz compone aquí un personaje cuyo amor de una madre tan protectora como invasiva, resulta muy reconocible para cualquiera. Junto a ella, el novio oficial de Evie, interpretado por Adam Long, cuyo ingenuo optimismo te saca de quicio; su hermana pequeña Izzie que busca su lugar en el mundo, mientras intenta aceptar la situación de Evie; sus amigos Kamran y Samantha, los únicos que años después, aun participan en el club de cine de los viernes; y Callum (Owen Copper), que esconde su verdadero ser tras una fachada de dureza. Todos con sus peculiaridades, conformando un universo alrededor de Evie y Noa, que demuestra que los secundarios son importantes para que una historia funcione.

En resumen

El cineclub no es de esas que busca impactar por su relato ni por sus formas. Huye de estridencias malintencionadas para convertirse en un lugar confortable donde refugiarse. Con un dúo protagonista fantástico y que transmite una química que traspasa la pantalla, estamos ante una serie que te llega al corazón. Una serie que habla sobre salud mental, sobre la diferencia de clases y el amor sin estridencias. Un refugio para mentes inquietas que buscan historias que se saborean sin prisas.

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