Con la llegada de HBO Max a España, el servicio de streaming de WarnerMedia ha potenciado también su apuesta por la producción propia en nuestro país. Proyectos como «Venga Juan» que llegará en noviembre, «Sin novedad», «¡García» o la serie de animación «Pobre diablo», son ejemplos de esta nueva política que está llevando la compañía tras los estrenos en 2020 de «Patria», «Por H o por B» y «30 Monedas». Y, precisamente con el estreno de la plataforma, este pasado martes llegó «Todo lo otro», la primera serie de esta nueva hornada de HBO Max, creada y protagonizada por Abril Zamora. Una ficción que se presenta como un retrato, a veces desalentador, a veces cómico, de una generación frustrada por una realidad de trabajos basura, relaciones complicadas, sexo fortuito y borracheras entre semana. Con la ciudad de Madrid como telón de fondo, «Todo lo otro» es el reflejo de lo que muchos no quieren pensar.
Choca ver en imágenes un relato tan crudo de una realidad que no es ajena a otras generaciones que peinamos canas y que a veces no recordamos porque nos levantamos cada dia. Pero, esa realidad es narrada por una voz en off (insufrible Alberto Casado) que pone en solfa los pensamientos, actitudes y decisiones que toman los protagonistas. Primero centrándose en Dafne (Abril Zamora) pero que no deja de «repasar» al grupo de amigos que acompañan a la protagonista, al menos en los tres primeros episodios que he podido ver de la serie. Una voz en off que como digo, mete el dedo en la llaga de los más oscuros recovecos que el grupo de amigos, que gira en torno a Dafne, no es capaz de mostrar a los demás.
Porque a pesar de destilar mucha amargura (un eufemismo como otro cualquier para autocompasión incontenible), la amistad que se ofrecen los amigos de Dafne entre ellos, está salpicada de mentiras o medias verdades si lo preferís, que esconden sentimientos que ninguno quiere reconocer. Dafne es la reina del drama, su novio la ha dejado, su trabajo la asfixia, su madre se regodea en sus fracasos, y para colmo, se ha enamorado de su mejor amigo que acaba de prometerse. ¡Todo un cuadro! ¡Como para no ser la reina del drama! Abril Zamora sabe construir un personaje que ofrece momentos que pueden resultar cómicos y trágicos (a veces por recubiertos de vergüenza ajena) a la vez, consiguiendo en cierto modo que empaticemos con ella. Porque su mundo de cristal se ha venido abajo y no sabe cómo salir de los escombros que la aprisionan.
Mientras tanto, alrededor de Dafne encontramos a un grupo de amigos, que presumen (con lecciones de moral y educación) de su estilo de vida centrado y mesurado, pero que, al contrario de Dafne, son incapaces de mostrar su vulnerabilidad, olvidando que aceptarse a uno mismo es el primer paso para avanzar como personas. Así, nos encontramos a una pareja que se acaba de prometer pero que no es capaz de tener una relación sexual satisfactoria; en el piso de al lado, conocemos a un auxiliar de vuelto promiscuo que se cree mejor los demás, y a su compañera que sueña con ser payasa, odia su trabajo y termina cayendo en las redes del amor mas inesperado.
Todo lo otro, a lo largo de sus tres primeros episodios (su primera temporada consta de 8) oscila entre lo tragicómico y lo insustancial. Hay cierto gusto por regodearse su creadora en una bajada a los infiernos de la autocompasión que el personaje de Dafne acapara, sobre todo en los dos primeros episodios. Pero, como decía la canción de Los Secretos, «Por el bulevar de los sueños rotos, pasan de largo los terremotos, y hay un tequila por cada duda». Una letra que define una estado de ánimo, pero esconde una hermosa reflexión, que en Todo lo otro se vuelve demasiado irreal, o demasiado repetitiva.
Supongo (estoy seguro) que la nueva serie de HBO Max tendrá su público, y admiradores fervorosos que la encumbraran hasta lo más alto. También estoy convencido que habrá otros muchos que la vituperaran por su protagonista, por su naturalidad sin complejos en el tratamiento del sexo, lejos de la grandilocuencia exagerada y fantástica de otras series, y porqué reflejar con normalidad la diversidad sexual que encontramos en nuestra sociedad ofenderá a seguro a muchos. Me imagino a los ofendidos antorchas en mano, dispuestos sin dudarlo a arrasar con todo.
No me gusta decir que estoy en un término medio. Suena cobarde e hipócrita, y no tengo por costumbre ser una cosa ni otra. No me ofenden los temas que trata Todo lo otro, ni su forma de mostrarlos. Al contrario, creo que la serie realiza una postura valiente por mostrar una realidad que está ahí, y que pocas veces se ha tratado en la ficción nacional. Quizá el problema (mi juicio es partidista) es que los personajes y lo que les ocurre no me termina de interesar. Recuerdo haber visto los tres episodios con el piloto automático, en una noche (casi madrugada) del tirón y sin anestesia. Y, aunque si llegue a sonreír en ciertos momentos por ciertas situaciones, el exceso de mala suerte, mal karma o llámalo «todo me pasa a mí», me término cansando y, sobre todo, aburriendo que es lo peor.
En resumen
Todo lo otro parte de una idea interesante y que pone sobre la mesa temas que están de actualidad, y como digo no solo afectan a los treintañeros de hoy. Muchos hemos trabajado durante años como teleoperadores (suena mejor gestor telefónico) y sabemos lo que es la precariedad laboral y salir de fiesta entre semana, y no tener responsabilidades (de sexo mejor ni hablamos), y todo eso forma parte de un ciclo que se repite en cada generación. Sin embargo, en Todo lo otro, la valentía no basta, ya que sobran las buenas intenciones, pero falta (al menos de primeras) plasmarlas en una historia que enganche y que consiga que empatices con los personajes. En eso, para mí, la serie sale perdiendo.