Tras el éxito de la magistral miniserie Veneno, confieso que en una conversación con un amigo expresé mi deseo de que Los Javis (Javier Calvo y Javier Ambrossi) abordaran como próximo proyecto una serie sobre Tamara/Yurena y el fascinante universo de personajes que la rodearon. En mi imaginación, soñaba con que, en lugar de recrear «Esta noche cruzamos el Mississippi», pusieran en escena el circo mediático que fue el legendario late night de Telecinco, «Crónicas marcianas». Y, aunque parezca increíble, mi deseo se hizo realidad.
Meses después, saltó la noticia: Los Javis no dirigirían, pero producirían Superestar, una serie creada, dirigida y guionizada por Nacho Vigalondo, un cineasta que, por cierto, me encanta (su interpretación como un trasunto de Íker Jiménez en El otro lado de Berto Romero fue soberbia). Desde su estreno el pasado 18 de julio de 2025, esta miniserie de seis episodios ha cumplido con creces las expectativas, demostrando ser, como diría El Fary, un auténtico «melocotonazo». En un lenguaje más formal: una absoluta genialidad.
Un casting impecable y una narrativa única
El equipo de casting ha realizado un trabajo excepcional, logrando una selección de intérpretes que combina fidelidad al referente real con un nivel de caracterización e interpretación sobresaliente. Sin embargo, Superestar no opta por un enfoque documental o estrictamente realista. La serie, dirigida por Nacho Vigalondo y Claudia Costafreda, adopta un tono de fantasía que bebe de referentes cinematográficos tan distintivos como el surrealismo onírico de David Lynch, la estética colorista y poética de Jean-Pierre Jeunet (Amélie) y, para mí a veces incluso, del humor absurdo y entrañable de El milagro de P. Tinto de Javier Fesser. Esta fusión estilística permite que la historia se cuente desde la perspectiva íntima de cómo los personajes perciben y viven su realidad, dotando a la serie de una identidad visual y narrativa profundamente original.

Ingrid García-Jonsson, en el papel de Tamara/Yurena (María del Mar Cuena Seisdedos), ofrece una interpretación magistral. Abraza al personaje con amor, ternura y la fuerza iconoclasta que Yurena representó, especialmente para el colectivo LGTBI, que siempre ha sabido valorar a sus ídolos desde una perspectiva pop y respetuosa. García-Jonsson no solo encarna a Tamara, Ámbar o Yurena, sino que transforma su figura en algo más allá del estereotipo de «juguete roto», un enfoque fácil y sensacionalista que Vigalondo evita con suma inteligencia.
Una mirada crítica a la sociedad
La narrativa de Superestar se aleja del morbo y opta por la redención. Vigalondo no solo retrata la vida de Tamara/Yurena, sino que cuestiona a la sociedad española de la época, que, a pesar de proclamarse moderna y abierta, se mofaba de personajes como ella. Cada noche, Javier Sardá y su equipo de Crónicas marcianas los exponían al escarnio público, como si fueran presas arrojadas a los leones para el deleite de los espectadores. La serie, a través de su guion y dirección, pone el foco en esta dinámica cruel, invitándonos a reflexionar sobre nuestra propia responsabilidad como sociedad. Al fin y al cabo no somos tan distintos a ellos.
Estructura y personajes: un relato coral
Dividida en seis episodios, Superestar está perfectamente estructurada para presentar y desarrollar a los personajes que orbitan en torno a Yurena: Margarita Seisdedos (Rocío Ibáñez), Leonardo Dantés (Secun de la Rosa), Loly Álvarez (Natalia de Molina), Arlekín (Julián Villagrán), Paco Porras (Carlos Areces) y Tony Genil (Pepón Nieto). El reparto, completado por nombres como Javier Gurruchaga, Óscar Ladoire, Neus Asensi, Brays Efe, Albert Pla y hasta Terelu Campos, es sencillamente insuperable. Cada actor y actriz aporta una capa de humanidad y matices a sus personajes, haciendo que el espectador conecte con todas y cada una de sus historias.
Un complemento documental y un cierre emotivo
Paralelamente, Netflix ha estrenado el documental Sigo siendo la misma, que muestra cómo viven hoy los protagonistas reales de Superestar y qué ha sido de ellos. Este documental completa la experiencia, mostrando el impacto duradero de estas figuras en la cultura popular y cerrando el círculo de redención que propone la serie. Es imposible no emocionarse con el relato de María del Mar Cuena y su madre, Margarita Seisdedos, quienes llegaron a Madrid con el sueño de convertir a Tamara en una estrella de la música. Yurena, como se la conoce hoy, es celebrada en el documental por periodistas, músicos y artistas que reconocen su legado.

Uno de los momentos más conmovedores de la serie es el diálogo y encuentro entre Yurena y su madre en la ficción, interpretada por Rocío Ibáñez. (La madre de Yurena falleció en octubre de 2019) Este encuentro, casi sobrenatural, destila ternura y culmina en un gesto de perdón y reconciliación. Es un homenaje a la humanidad de estos personajes, que fueron ridiculizados pero que, en última instancia, merecen respeto y cariño.
Conclusión: un regalo para los espectadores
Superestar es una joya creada por Los Javis, Nacho Vigalondo, Claudia Costafreda y la guionista María Bastarós, quienes han dado vida a una historia con un talento descomunal. La serie no solo reivindica a Yurena y su entorno, sino que nos invita a mirar con empatía a quienes, en un momento dado, fueron el blanco de nuestras risas. Con una combinación magistral de humor, nostalgia y humanidad, Superestar se convierte en una obra imprescindible que trasciende el entretenimiento para dejar una huella emocional y reflexiva.
Me gusta imaginar que Los Javis y Vigalondo, como alquimistas de los sueños, conjuraron esta serie desde los anhelos susurrados de sus seguidores (un servidor entre ellos), tejiendo una realidad que brilla con la luz del perdón y el cariño.

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