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«Saturday Night»: El caos detrás de la comedia

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Fernando L. Simó
Fernando L. Simó
Miembro fundador de mundoplus.tv, seriefilo, cinefilo, devorador de libros y en pleno redescubrimiento de los cómics. Amante de la cultura (pop) y de la Historia, y ministérico de corazón.
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El 18 de septiembre de 2006 se estrenaba en la NBC «Studio 60» (Studio 60 on the Sunset Strip), serie creada por Aaron Sorkin que nos mostraba lo que ocurría entre bastidores de un exitoso programa de televisión y las complicadas relaciones de los que se encargan de llevarlo a cabo. El 11 de octubre de 1975 se estrenaba, también en la NBC, el mítico «Saturday Night Live» (entonces sin el Live en el nombre) que acaba de celebrar su 50 aniversario. La primera no pasó de su primera temporada, siendo cancelada por sus bajos niveles de audiencia, mientras que el segundo revolucionó la televisión norteamericana y se convirtió en la cantera de actores, guionistas, escritores, productores y cantantes. Para enseñarnos que «ocurrió» aquella mítica noche del mes de octubre 1975, Movistar Plus+ estrena este domingo «Saturday Night», película dirigida y escrita por Jason Reitman (junto a Gil Kenan), que reinterpreta a su manera, los instantes previos al estreno del mítico show. Un filme que invita a la nostalgia y que nos traslada a un momento que cambió la forma de hacer y, entender la televisión en Estados Unidos.

Son las 10 de la noche del 11 de octubre de 1975. Faltaban solo 90 minutos para que un nuevo programa saliera al aire en NBC, pero los asientos del plató seguían vacíos, los cambios de vestuario no estaban resueltos, una fila de focos estuvo a punto de caer sobre los actores, el guion no estaba finalizado, y John Belushi aún no había firmado su contrato. Saturday Night nos muestra el caos que inundaba los pasillos de la planta 8 de la sede de la NBC en Nueva York, en los momentos previos a que se desatará la comedia. En medio de esta alocada anarquía encontramos a Lorne Michaels (Gabriel LaBelle), que pretende sacar adelante un programa que puede que ni siquiera llegue a emitirse. La cámara (y no nosotros con ella) sigue en todo momento al personaje de Michaels, mientras hace todo lo posible por manejar egos del tamaño de comediantes, tratar con guionistas indisciplinados, cumplir con las expectativas de los ejecutivos y lidiar con su propia ansiedad por el debut del programa.

Reitman sumerge de lleno al espectador en el caos a solo 90 minutos del inicio, y lo hace manteniendo la cámara en movimiento junto a Michaels, siguiéndolo casi constantemente a velocidad de vértigo por los pasillos, pasando junto a llamas (de las que queman y de las que escupen), estantes de vestuario voladores y guionistas «colocados». Su ritmo frenético y los diálogos acelerados que intercambian los protagonistas, mientras caminan, corren, saltan o se estrellan, es una de las virtudes de la película. Beben así, Reitman y Kenan del (mítico) walk&talk que el director Thomas Schlamme junto a Aaron Sorkin, llevaron a otro nivel, primero en Sports Night y luego en El Ala Oeste de la Casa Blanca. Una técnica que el propio Sorkin también utilizó en Studio 60, la serie que homenajeaba en gran medida al SNL, y que no tuvo a las audiencias de su parte. Tanto, en la película de Reitman, como en la serie de Sorkin, apenas atisbábamos el programa que se preparaba, sino que vemos como podría ser, una vez acaben los ensayos, mientras que los productores se enfrentaban a unos ejecutivos preocupados por las audiencias.

Studio 60 fue una serie incomprendida, que quizá hubiera tenido mejor suerte en esta época del streaming, y que contaba con un reparto en el que encontrábamos a Matthew Perry, Bradley Whitford, Amanda Peet, Sarah Paulson, Steven Weber, Timothy Busfield, Nate Corddry, Lucy Davis o Simon Helberg. Una metaficción que fue vapuleada por las audiencias (Sorkin lo utilizó en las tramas de la serie), pero alabada por la crítica, y que nos enamoró a muchos de los que la pudimos disfrutar aquí en Canal+. Una temporada y 22 episodios fueron suficientes para retenerla en mi memoria. ¿Pasa lo mismo con Saturday Night? La respuesta no es tan sencilla, ya que estamos ante una película que pretende celebrar el 50 aniversario de Saturday Night Live, y en gran medida, rebosa nostalgia y está llena de referencias que no disfrutarás igual, si no eres conocedor del mítico programa.

Si este tu caso (como el mío) te perderás una parte importante de lo que significa el filme dirigido por Reitman, por mucho que conozcas a muchos los cómicos que son representados. Porque, además de Michaels, aparecen en la película los miembros del primer reparto de Saturday Night Live: el ya arrogante Chevy Chase (Cory Michael Smith), el temperamental John Belushi (Matt Wood), el parlanchín Dan Aykroyd (Dylan O’Brien), la encantadora Gilda Radner (Ella Hunt), la glamurosa Jane Curtin (Kim Matula), la ingeniosa Laraine Newman (Emily Fairn) y el frustrado Garrett Morris (Lamorne Morris), quien nota que está reducido a interpretar estereotipos por ser el único actor negro del grupo. Sin olvidar, la aparición, a veces fugaz, de otros nombres que a muchos os sonarán, como Sosie Shuster (Rachel Sennott), esposa de Lorne; los cómicos George Carlin (Matthew Rhys), Valri Bromfield (Corinne Britti) y Billy Crystal (Nicholas Podany); Nicholas Braun, que interpreta tanto a Jim Henson (y sus Teleñecos) como a Andy Kaufman; o el músico Billy Preston (Jon Batiste, quien también compone la banda sonora de Saturday Night). Sin lugar a duda, un recorrido por lo mejor de la comedia norteamericana que luego triunfó en el cine y la televisión.

En resumen

Saturday Night invita a la nostalgia, ya seas fan de Saturday Night Live o un espectador que se ha criado con las comedias protagonizadas por Chevy Chase, Dan Aykroyd, John Belushi, Gilda Radner o Billy Crystal. Su ritmo frenético, y una estética que se centra en generar tensión en el espectador, convierten esta película en un buen entretenimiento, que consigue arrancarte más de un sonrisa. Además, si eres amante del mundo de la televisión, Saturday Night te trasladará a un momento de cambio, que a nosotros nos pillaba aún muy lejos. Aunque visto en perspectiva, y viendo los tiempos que corren, el espíritu rebelde y revolucionario de la comedia que en su momento representó Saturday Night Live parecen estar en peligro. Esos tiempos puede que no vuelvan, pero no está mal recordarlos.

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