Toda persona que tiene (o haya tenido) en casa televisión ha visto algún capítulo de «Colombo». El aire despistado y la voz grave de Peter Falk supuso un boom en lo que significaban las ficciones en los años 70. Ataviado con una gabardina y un puro era capaz de solucionar el caso más rocambolesco con un «solo una cosa más». Cincuenta años después llega «Poker Face», que gracias a su protagonista Charlie Cale, podemos disfrutar de una silueta cercana a Colombo. Con una gran diferencia: Charlie es una vividora que pasa de puros y de gabardinas y se enfunda una yonkilata en una mano y en la otra, la verdad.
Charlie tiene una habilidad única que la diferencia de los inspectores machirulos con los que hemos crecido en nuestras pantallas: es capaz de saber cuando alguien miente o dice la verdad solo con mirar a una persona fijamente. Algo así como cuando mentías a tu madre diciendo que tu no habías roto su cuantioso jarrón Ming y te acababa cazando. Un procedimental «Made in Rian Johnson» donde encontramos todos los ingredientes de sus anteriores obras como Looper o las detectivescas Puñales por la espalda y Glass Onion. La construcción de personajes en torno a la mezquindad de los mismos y el contrapunto con una persona que busca la verdad (antes Daniel Craig interpretando a Benoit Blanc y ahora Charlie Cale) siempre alejada del estereotipo y con las deducciones como arma principal.
Poker Face cuenta con una estructura narrativa regresiva donde cada caso autoconclusivo comienza con un prólogo contextualizador: ubicamos el episodio, los secundarios capitulares y un pack de asesino y asesinado. A partir de esta estructura de thriller (el espectador sabe más que la protagonista y a partir de ahí tendremos que avanzar hasta ver como desvela el crimen) permite que el espectador se mantenga enganchado a la pantalla durante los sesenta minutos (aprox) que dura cada episodio. Y es que hay un factor inherente a la atracción por esta ficción: el concepto de la mentira. Si hay algo que interiorizamos a lo largo de nuestra rutina es la mentira, y todo el mundo miente o le han mentido alguna vez. Una mentira tiene muchos grados de gravedad, factores y con tan solo una de ellas nos cambia la vida, e incluso nos la podemos llevar a la tumba.
A nivel de producción no echamos de menos explosiones y persecuciones a lo Steve McQueen, sino que con tan solo unas cuantas mentiras nos mantienen enganchados a la pantalla -y nos ahorramos unos dineritos utilizados en pagar los cachés de los capitulares como Nick Nolte o Adrien Brody que lo borda en el piloto-. Si hay algo que puede escamar al espectador es la justificación de esa habilidad con la que cuenta la impresionante Natasha Lyonne. A falta de terminar la temporada, si encuentro una cosa que me chirría (y creo que se acabará justificando sin soluciones tipo Marvel) es la habilidad de Lyonne para identificar verdades o mentiras y de dónde le viene.
Si bien es cierto, que Rian Johnson cerraba algunos entuertos en Glass Onion con algo tan trillado y ridículo como ver a Daniel Craig cotilleando detrás de un árbol para desvelar el gran misterio, aquí al tener que llegar hasta la décima entrega tiene pinta de que no se desvelará hasta más adelante. Porque a las tramas autoconclusivas de cada capítulo, se suma una trama horizontal -de persecución- desde el episodio piloto y que se hilvanará hasta el final de temporada. Es decir, que al estilo «made in Rian Johnson» junto con el género procedimental y la estructura regresiva, añadimos también una pincelada de Road trip. Ambicioso proyecto que sin duda veremos como avanza a lo largo de la temporada.
Y como también dicen las madres, «te dejas lo mejor para el final». Y no quería terminar mi análisis sin mencionar el excelente trabajo que efectúa Natasha Lyonne, la cual se echa la serie a sus espaldas y le da a su personaje una mezcla entre Colombo, Harry Dean Stanton original y ese toque Pamela Adler que encantará al espectador. Actriz con una dilatada carrera (en sus inicios inolvidable en Todos dicen I love you de Woody Allen) que tuvo que sacudirse los clichés de «Chica American Pie» para demostrar que puede llevar el peso de una ficción como demostró en Muñeca Rusa. No solo actúa y vive su histriónico personaje, sino que también ejerce de productora ejecutiva y hasta de guionista y directora de un capítulo. Se nota cuando a una mujer protagonista le dejan producir; lo que significa construir y regalar personajes femeninos auténticos que se quedan en nuestras retinas. Tal y como hacen otras grandes estrellas como Margot Robbie o Amy Adams. ¡Brindo por ellas con mi Yonkilata!
En resumen
Poker Face no es la típica ficción procedimental que te has visto mil veces cada capítulo como Bones o El Mentalista (inolvidable John el Rojo) o hasta Colombo en el que parte de su éxito irradia por no haber sobrecargado las temporadas con incontables capítulos. Natasha Lyonne de la mano de SkyShowtime y Paramount promete daros dosis de «verdad o reto», no en el hecho de quién ha cometido ese asesinato si no, «como Charlie sacará a ese asesino la verdad con la mirada del tigre». Poker Face me ha parecido una divertida y fresca apuesta que, sin ser una serie única, si que te hace pasar un gran rato. Digo la verdad, por lo que podéis avisar y que venga Natasha Lyonne y diga si miento.
Poker Face se estrena este 15 de septiembre en la plataforma SkyShowtime. «Y si no, desmiéntemelo».