El hecho de buscar un piso para comprar y establecerse en familia lleva tiempo siendo casi un infierno para cualquier pareja joven en España. Especialmente en las grandes ciudades. Miles de vueltas y visitas, pisos pequeñísimos que son prácticamente zulos, precios absolutamente locos y elevadísimos o casas que están más cerca de necesitar tirarlas abajo y hacerlas de cero que una remodelación a gran escala. La película que nos atañe, llamada «Para entrar a vivir» y que llegó a nuestras pantallas de cine este 4 de noviembre, aprovecha esta tesitura para contarnos una interesante y divertida historia.
En el arranque tenemos a nuestra pareja protagonista pasando por el periplo anteriormente mencionado con algunas escenas que ya consiguen arrancar la risa de los espectadores ante algunas de las viviendas que visitan y que no hay por donde cogerlas. Posteriormente, eso sí, y ante lo que parece un enorme golpe de suerte, la pareja encuentra «la casa perfecta» y a un precio bajísimo, además. Todo parece ir sobre ruedas hasta que descubren que, esa casa que parecía tan ideal y perfecta, tiene una particularidad muy interesante: puede darles todo lo que deseen con tan solo pensarlo.
Este argumento, que está a medio camino entre la comedia y el suspense/terror está muy aprovechado y vemos como durante la primera media hora de metraje se suceden situaciones hilarantes, surrealistas y momentos que cualquiera soñaría. Imagínense, ¿quién no querría una casa que puede darte un móvil gratis o una televisión de 75 pulgadas que ocupe toda una pared? Pero claro, la película no puede quedarse tan solo en eso -fragmento donde mejor funciona todo, dicho sea de paso- y decide evolucionar y plantearse más cosas: ¿Hay que pagar un precio por todo esto? ¿Qué paso con los anteriores inquilinos que vivían aquí? ¿Por qué ha sido tan barata de comprar estando en pleno centro y siendo una casa tan fantástica?
A raíz de estas preguntas el guion, como ya digo, evoluciona y pasa a convertirse en una película de suspense, donde se suceden distintas intrigas y empiezan a producirse algunos giros de guion. La cuestión es que, para mí, esta segunda mitad funciona peor que la primera.
Es cierto que, en el inicio, ese suspense está bien llevado. Yo estaba bastante atrapado con la historia y la sucesión de preguntas que se suscitan ante lo que tenemos en pantalla. La cuestión es que, en mi opinión, el guion no sabe resolver bien todo lo que ha creado y acaba por descarrilar en los momentos finales. Es como si faltase metraje para cerrar las cosas bien o, quizá, habría sido mejor optar por otras resoluciones ante todo lo que se había planteado previamente.
En resumen
Sinceramente, creo que es una lástima. Porque la película, aunque es muy sencillita, estaba funcionando francamente bien. Y es ese último tramo final el que tumba una película que podía ir a por nota y acaba quedándose en tierra de nadie. Es una cinta entretenida, se pasa en un suspiro -el metraje de tan solo 90 minutos ayuda mucho a ello-, y está bien dirigida -aunque tiene algunas cosas en montaje que no me acaban de convencer- e interpretada. Pero, por otra parte, te deja también la sensación de que podría haber sido bastante más con un guion más cuidado. Una lástima.