El director coreano Park Chan-wook no defrauda con «No hay otra opción» que se estrenará el próximo 13 de febrero en España. La película, un thriller con grandes dosis de comedia negra y drama, es fiel al estilo del director y es una de sus obras más sofisticadas, menos cruda, pero igual de intensa.
Man-su lo tiene todo; una mujer y dos hijos que le adoran, dos perros que también, una casa espectacular y un trabajo en una compañía papelera que le valora y en la cual ha estado 25 años. Pero su mundo se desmorona cuando le despiden, y ante la infructuosa búsqueda laboral, decide tomar medidas más drásticas para conseguir un empleo.
La cinta retrata la vulnerabilidad del individuo ante las grandes corporaciones y el estigma social del desempleo: El respetable hombre de familia que es Man-su, interpretado con maestría por el actor coreano Lee Byung-hun (El juego del calamar), pasa a la antesala de la marginalidad social. Y con ello la dinámica familiar cambia, como un organismo que siente cada uno de los cambios; su mujer, hija e hijo peligran por diferentes causas y cada uno de ellos intentará sobrevivir a su manera.
Y es que el padre comienza a hacer lo que cada proceso de selección premia; eliminar a la competencia. El protagonista lo hace literalmente y traza un plan para acabar con los otros candidatos. En tonos verde, azul y rojo que le dan a la estética de la película un tono sofisticado (con permiso de su predecesora La doncella), asistimos a un periplo junto al protagonista que cada vez nos muestra medidas más desesperadas, ya que revela que los candidatos son igual, o más aún, vulnerables que él.

Como punto débil, he de decir que algunos momentos de sus 2 horas y 19 minutos de película se hacen algo lentos, pero también está justificado por el montaje quirúrgico que quiere mostrarnos todas las capas del thriller.
La historia recuerda a su paisana Parásitos, sin embargo, en vez de retratar clases sociales, se basa en la lucha del individuo ante un sistema que incluso a los que en apariencia son privilegiados se les presentan grandes obstáculos para sobrevivir y como la IA tiene un papel determinante en esa lucha encarnizada. Pero, como dice uno de los personajes; no es quedarse sin trabajo, es cómo lo afrontas. El sol, que va a ser un elemento simbólico en toda la película y que al principio es un elemento cegador para Man-su, puede volver a salir (únicamente para los vivos, claro).
No hay otra opción es una cinta de matices, con unos personajes construidos hasta el último detalle que se intercalan y van desvelando profundos mensajes y reflexiones con temas universales con los que cualquier espectador podrá sentirse identificado.
No hay otra opción que ir al cine a verla.