Las historias sobre asesinos en serie no han perdido vigencia, tal como demuestra el estreno en salas españolas el pasado viernes de «Nato 0. El origen del mal», película española que significa el debut como director de Gon Crespo. Tras su premiere en el Festival de Alicante, esta cinta independiente española ha llegado a los cines presentando una historia sobre un asesino en serie que tiene aterrorizados a los habitantes de la ciudad de Nueva York. Con un estilo que recuerda a los thrillers de la década de los 90 que popularizaron el género, «Nato 0. El origen del mal» es una película que, sin duda, tiene todo el mérito del mundo, pero de la que no se puede obviar que tal vez se haya estrenado treinta años tarde.
El silencio de los corderos se estrenó en 1991 y se convirtió en un éxito absoluto de crítica y público. La adaptación de la novela de Robert Harris dirigida por Jonathan Demme supuso un antes y un después en el interés (llamémosle fascinación) por los asesinos en serie por parte del público. Hannibal Lecter se convirtió en un icono de la cultura popular, y la película protagonizada por Anthony Hopkins y Jodie Foster propicio un boom del subgénero de asesinos en serie. Es cierto, que ya se había abordado en el cine el tema del asesino en serie, pero La noche de Halloween, Viernes 13 o La matanza de Texas se sitúan más en la parcela del slasher puro y duro. Mientras que el giallo italiano, por ejemplo, utilizaba sus propias armas (nunca mejor dicho) para dar forma a sus historias. Fue, sin embargo, El silencio de los corderos la película que todo el mundo quería imitar, dando lugar a multitud de producciones que de mejor o peor forma ampliaron esa fascinación del público por los asesinos en serie.
Una fascinación que demuestra el reciente éxito en Netflix de la serie sobre Jeffrey Dhamer y que en los 90 tras el éxito de El silencio de los corderos, nos trajo películas como Seven, Copycat, El coleccionista de huesos, Resurrection y Fallen o series como Profiler. Sin embargo, aunque el interés sigue estando presente, por ejemplo, con el auge de las docuseries sobre crímenes reales, las formas a la hora de narrar este tipo de historias, incluso si hablamos de los slasher, han cambiado bastante. Por eso resulta bastante sorprendente encontrar entre los estrenos de cartelera un título como Nato 0. El origen del mal, un proyecto ambicioso que con un presupuesto limitado se ha atrevido a trasladarnos a aquella época de asesinos seriales que ponían en jaque a la policía y aterrorizaban a la ciudadanía. En realidad, creo que la película de Gon Crespo con guion de mi paisano José Ortuño, hay que tomarla como un viaje en el tiempo que nos lleva de regreso a aquellos thrillers que tan populares fueron en los noventa. Este film independiente español, como homenaje a una época pasada, funciona mejor que como una película que tal vez en ciertos momentos se toma demasiado en serio a sí misma, y no termina de transmitir esa tensión que pretende.
Nato 0. El origen del mal nos presenta una premisa bastante convencional, con un asesino en serie que parece estar campando a sus anchas por las calles de Nueva York, mientras mata sin ningún tipo de patrón ni perfil de víctima. La polícia parece incapaz de realizar una investigación competente, por lo que la inspectora de homicidios encargada del caso recurrirá a un profesor experto en Criminología con el que tiene un pasado en común en España. A partir de este momento, la historia sigue los derroteros habituales, con sospechosos que no lo son, persecuciones, frases altisonantes, drama familiar, una subtrama de corrupción policial y algún que otro giro más o menos previsto. Todo ello aderezado por planos aéreos de la ciudad de Nueva York y con una banda sonora de Pablo Cervantes, en muchos momentos evocadora de otros tiempos, ya lejanos.
A pesar de sus innegables carencias, no se puede negar el mérito que tiene sacar adelante un proyecto como este. Conseguir rodar Nato 0. El origen del mal es un todo un reto y la película consigue que la inmersión en la Gran Manzana sea un hecho, en cada plano y en persecución en taxi. Por otro lado, si hablamos del reparto, hay que destacar sobre todo a Carlos Olalla, veterano actor de cine, televisión y teatro que aquí se mete en la piel de un profesor de criminología que ha «huido» de España a Nueva York para rehacer su vida. Su presencia mejora la película, que se mueve por derroteros ya conocidos y mil veces utilizados, y que cae con facilidad en los clichés habituales del género sin aportar nada nuevo, salvo ese aire de homenaje (o nostalgia) que impregna todo el relato.
En resumen
No hay duda que sacar adelante una película en nuestro país, sea del género que sea, tiene ya desde aquí nuestro aplauso. Un proyecto como Nato 0. El origen del mal implica un trabajo adicional, al estar rodado en gran parte en Nueva York, un marco incomparable para el cinéfilo más curtido, pero esto no puede esconder las carencias de una película que parece sacada del baúl de los recuerdos del director. La música, los planos y encuadres que jalonan la película y los diálogos impostados que buscan pronunciar esa frase aleccionadora sobre si el malvado nace o se hace, son ingredientes de un potaje que ya hemos consumido mil veces. Es quizá el gran problema de Nato 0. El origen del mal, que no ofrece nada nuevo, ni en la forma ni en el fondo, lo que termina provocandonos cierta desazón si lo que buscamos es sorprendernos y no un «homenaje» al thriller de asesinos en serie de los noventa del siglo XX.
Esta película casi va a batir el récord de La Piedad, en cuanto al ratio número de salas en las que se proyecta/número de críticas en medios.
En este caso, 11 salas (9 en Andalucía)/7 críticas (hasta el momento).
Tanta crítica en Internet y sin posibilidad de ver la película para el 94% de la población (porcentaje real)…..
Enhorabuena a Con Un Pack Distribución.