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«Natacha (presque) hôtesse de l’air»: una comedia que abraza la locura sin complejos

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Fernando L. Simó
Fernando L. Simó
Miembro fundador de mundoplus.tv, seriefilo, cinefilo, devorador de libros y en pleno redescubrimiento de los cómics. Amante de la cultura (pop) y de la Historia, y ministérico de corazón.
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Hacer reír no es tarea fácil. La comedia es quizá el género más complicado, ya que el humor conlleva poseer ciertos registros para conseguir la complicidad del espectador. Frente a otros géneros como el drama, el thriller o el terror, la comedia no es para todos los públicos. Sin embargo, hay películas que buscan arriesgar, y parecen hechas con la única intención de contagiar una sonrisa, sin preocuparse demasiado por las reglas ni por las expectativas. Y en ese terreno se mueve con total libertad «Natacha (presque) hôtesse de l’air», la comedia que llega este lunes a Movistar Plus+ y que apuesta por una premisa clara: divertirse sin complejos… y arrastrar al espectador en el proceso.

Noémie Saglio (Las chicas de Niza, Club de padres) dirige esta adaptación libre del cómic creado por François Walthéry, que sobresale por su absoluta falta de miedo al ridículo. La película no busca realismo ni coherencia, sino una especie de lógica interna heredada directamente del cómic en el que se inspira. Y ahí está precisamente su mayor virtud: entender que la mejor forma de adaptar ese universo es no tomárselo demasiado en serio. El resultado es una aventura alocada y caótica, que salta de situación en situación con un ritmo endiablado, como si cada escena fuera una viñeta a punto de cobrar vida.

En el centro de todo está Natacha, interpretada por Camille Lou, que encarna a una protagonista que quiere ser azafata no solo por vocación, sino como símbolo de libertad. La película nos traslada a los años sesenta y conoceremos al personaje de Natacha desde su más tierna infancia, acompañada de ese narrador omnisciente (y algo cargante) que la acompañará a lo largo del relato. Un inicio que recuerda inevitablemente a Amélie, la cinta de Jean-Pierre Jeunet, de la que se cumplen 25 años de su estreno en cines. Su viaje, que comienza como una historia de superación personal en un contexto de restricciones sociales y de discriminación, se convierte rápidamente en una delirante persecución internacional tras el robo de la Mona Lisa. Y es ahí donde la película se quita definitivamente cualquier corsé narrativo para abrazar el caos, el slapstick y la exageración.

La Gioconda es el McGuffin del relato

A su alrededor, nombres como Vincent Dedienne, Isabelle Adjani, Didier Bourdon o Fabrice Luchini aportan un tono cómico muy marcado, jugando constantemente con el absurdo y con ese tipo de humor tan francés que oscila entre la sofisticación y el disparate. También es cierto, que no todos los gags funcionan, pero su ritmo frenético y la insistencia en mantener ese espíritu despreocupado hacen que incluso sus tropiezos resulten parte del juego.

Más allá de sus posibles altibajos, uno de los puntos fuertes de Natacha (presque) hôtesse de l’air es su aspecto visual. Hay un claro esfuerzo por trasladar la estética de la viñeta clásica a la pantalla, con un diseño de producción colorido y una puesta en escena que no esconde su artificialidad, al contrario, la utiliza como elemento diferenciador. Nos encontramos ante una expresión exagerada de esos años sesenta que hemos visto en series como Mad Men o Pan Am, pero huyendo de la realidad para abrazar la hipérbole de la comedia sin complejos.

Ese es el mayor acierto de la película: tiene claro desde el principio el juego que nos propone. Natacha (presque) hôtesse de l’air no pretende reinventar la comedia ni ofrecer una reflexión profunda sobre la ideología de género, sino recuperar ese espíritu del cine hecho para ofrecer al espectador una hora y media de evasión. Con un estilo colorido y desenfadado, la película apuesta por la diversión.

Sin ser una comedia perfecta, con sus errores y sus aciertos, la única pretensión de la película es hacer reír, y en gran medida lo consigue, gracias a la construcción de ese universo caótico y alocado en el que se mueve Natacha. Con un estilo que recuerda a la infravalorada El gran halcón, pero con ese tono inconfundible de comedia francesa, Natacha (presque) hôtesse de l’air nos ofrece un viaje repleto de luz y de color.

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