El fenómeno generado en torno a Parásitos fue tal que no hace falta más que mencionarlo en este texto para evocarlo. Desde entonces, el buen nombre de Bong Joon-ho pasó de ser propiedad del círculo cinéfilo a exponerse al criterio del gran público. Miles de espectadores conocerían la filmografía de un autor capital para entender la relación entre el hombre y la naturaleza, la sociedad surcoreana y la implacabilidad del capitalismo. Tras su noche bañada en oro en los Premios Oscar de febrero de 2020, Bong Joon-Ho despertaría una gran expectación para ver cuál sería su próximo proyecto. Nada más y nada menos que seis años hemos tenido que esperar entre Parásitos y Mickey 17, la nueva obra del autor surcoreano.
Mickey es un conejillo de indias que renace cada vez que muere intentando ayudar a comprender un nuevo planeta que la raza humana trata de colonizar. El destartalado protagonista de esta historia muere de las formas más terribles posibles, pero no tiene de qué preocuparse, ya que, unas pocas horas después, sale una copia exactamente igual de sí mismo desde una gran impresora futurista.

El cine de Bong Joon-Ho siempre ha ido íntimamente relacionado a la enorme brecha entre clases sociales. No solo Parásitos retrata esta tendencia mundial. The Host o Snowpiercer son un fiel reflejo de la desigualdad, ya no solo de pobres y ricos, sino de poderosos y súbditos (e incluso entre estadounidenses y surcoreanos). Es un tema capital en su obra, y vuelve a aparecer en Mickey 17, pero de un modo mucho menos sutil y atinado. El personaje interpretado a la perfección por Robert Pattinson (lo mejor de la película) representa a aquellos trabajadores despojados de humanidad que viven por y para servir a los poderosos, caracterizados por ser personajes despiadados con una gran escenografía que cautiva a propios y extraños. La idea tiene mucho potencial, pero se pierde en los primeros compases del film.
La sátira desaparece en cuanto entran en juego Mark Ruffalo y Toni Collette. Sus personajes son tan sumamente exagerados que evocan a los villanos clásicos de Disney. Es imposible sumergirse en una historia que trata al espectador como a un niño sin capacidad de interpretar nada sugerente o sutil. A partir de ese momento, todo resulta paródico y ridículo, y ni siquiera Robert Pattinson consigue salvar la función. Con Mickey 17, Bong Joon-Ho deja a un lado el pulso que demostró en Parásitos para venderse a la espectacularidad y la festividad de The Host, la que es, en mi opinión, su obra más floja y desmejorada con el paso del tiempo. Con un inicio tan fallido, la película no puede hacer otra cosa que evocarse a un desenlace descafeinado y carente de gracia e interés. Finalmente, la sensación inicial prevalece y deja un regusto amargo, sobre todo por pensar en lo que podría haber sido. Tanta espera para nada.
Bong Joon-Ho ha demostrado que tiene una gran voz; Memories of Murder o Parásitos son dos de las mejores películas de la historia de Corea del Sur, por poner un ejemplo catedralicio. Con Mickey 17, demuestra seguir afónico tras la borrachera de premios y éxito que cosechó tras su gran obra maestra. Tras The Host, tomó la gran decisión de realizar una obra mucho más pequeña y redonda como lo es Mother. Tal vez es lo que necesita para recuperar la voz.