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«Máquina de guerra»: retorno al cine de acción de músculo y testosterona

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Fernando L. Simó
Fernando L. Simó
Miembro fundador de mundoplus.tv, seriefilo, cinefilo, devorador de libros y en pleno redescubrimiento de los cómics. Amante de la cultura (pop) y de la Historia, y ministérico de corazón.
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El cine de acción lleva años buscando nuevas fórmulas que cautiven al público. En su afán por reinventar un género que no vive su mejor momento, se ha intentado ofrecer más espectáculo, más sofisticación y un abuso de la tecnología para esconder las limitaciones de sus propuestas. Sin embargo, a veces en la sencillez se puede encontrar el éxito, como demostró en su día John Wick, película convertida en el inesperado inicio de una franquicia éxito. Pese a todo, el cine de acción vive condenado a repetirse, como demuestra el estreno en Netflix de «Maquina guerra», película dirigida por Patrick Hughes (El otro guardaespaldas, Los mercenarios 3) con una historia sencilla, donde la acción, las explosiones y testosterona llenan la pantalla.

Protagonizada por Alan Ritchson, Máquina de guerra no pretende ser más de lo es. No busca trascender, ni dar respuestas a grandes cuestiones, sino entretener y sí, lanzar mensajes sobre compañerismo y superación en el ejército norteamericano. Un mensaje, que viviendo el momento actual y desde el punto de vista de alguien que no ondea la bandera de las barras y estrellas, puede resultar infumable. No es menos cierto, que el cine de Hollywood está repleto de exaltaciones al ejército y sus miembros, aunque también hay una gran cantidad de producciones que apuestan por el anti-belicismo sin complejos. Sin embargo, como he mencionado antes, Maquina de guerra no busca adoctrinar, sino ofrecer un espectáculo, y en gran medida lo consigue.

Máquina de guerra significa un regreso al cine de acción de los 80 y los 90, con un héroe de acción enfrentado al peligro. Con Alan Ritchson en plena forma dando vida a un aspirante a Ranger, intentando sobrevivir a la persecución de un enemigo implacable. Sencillo y al pie. Mientras otras producciones que aspiran a ser modernas, la película de Netflix (por mucho que nos quieran vender lo contrario) no pretende cambiar las reglas del género, sino volver a esos estrenos de coparon las estanterías de los videoclubs en los años 80 y 90.

La primera parte de la película funciona como preparación para el caos que vendrá después. Con un desarrollo desigual que nos permite conocer a los personajes, y un inicio impactante, la película presenta a un nuevo grupo de reclutas que intenta superar la durísima selección para convertirse en Rangers. Entre ellos encontramos a Alan Ritchson, conocido en los últimos tiempos por su papel protagonista en Reacher. Lejos quedan sus inicios en la serie Smallville, dando vida a Arthur Curry alias Aquaman, de este actor convertido en héroe de acción tras el éxito de la adaptación de las novelas de Lee Child y El ministerio de la guerra sucia de Guy Ritchie. Aquí, su personaje, identificado únicamente por su número dentro del programa (el 81), representa el clásico arquetipo del soldado implacable, pero con una carga emocional que se insinúa en segundo plano y que añade algo de peso dramático al conjunto.

Cr. Ben King/Netflix © 2026.

La idea de esta parte de la película es mostrarnos, por un lado, el esfuerzo de las reclutas y por otro, el afán de superación del personaje de Ritchson que ha sido rechazado en varias ocasiones por el programa. Sin embargo, más allá de ofrecernos barro, gritos, agotamiento físico y camaradería forjada a base de sufrimiento, el guion no consigue que empaticemos con unos personajes que son simples estereotipos mil veces vistos en otras ocasiones. Este tramo de la cinta no es nada especialmente novedoso, aunque no resulta del todo tedioso, y al estar rodado con energía y tacto visual funciona al menos como introducción al despiporre que nos espera en la segunda parte de la historia.

Porque, además de algunos avisos que se van dejando caer durante el primer tramo de la película, Netflix no escondió en el tráiler del filme el misterio principal de la historia. Así, que, sino visteis nada, afortunados vosotros y disfrutad de la sorpresa. Porque un vez que el enemigo se desata, la película cambia de marcha y se convierte en un festival de supervivencia y destrucción. Con guiños evidentes a Robocop y Depredador (incluyendo la música de Dmitri Golovko) Máquina de guerra es consciente a partir de este instante de lo que quiere contar: una historia en la que lo importante es el cómo y no el porqué. Acción a tutiplén, explosiones por doquier, muertes sangrientas y toques de ciencia-ficción para una cinta que parece el inicio de una franquicia.

En resumen

Máquina de guerra no pretende reinventar el género. Su director, Patrick Hughes se olvida de la trama para construir una película de acción ruidosa, intensa, excesiva, con elementos que recuerdan al clásico de John McTiernan. Se agradece, además que la historia se desarrolle en escenarios reales, terreno natural sin el abuso del CGI tan habitual en las producciones actuales.

La película rinde homenaje al cine de acción de los 80 y 90 repleto de acción física y testosterona, aunque sin su encanto nostálgico. Su premisa sencilla: personajes sin demasiado trasfondo, un enemigo implacable y casi invencible y una última resistencia en medio de la naturaleza. Cine para disfrutar con el piloto automático.

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