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«Los Materialistas»: Una reflexión sobre el amor en tiempos de algoritmos y mercantilismo

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Manuel Cuesta
Manuel Cuesta
cinéfilo empedernido, amante del cine hollywoodiense, europeo y, por supuesto, nuestro gran cine español. Nostálgico de los 80', Goonie y fanático de todos los géneros, pero sobre todo los de aventuras, fantasía y ciencia ficción: Marvel, Star Wars, Tolkien. Spidermaniaco y podcaster fundador de Mucho Ruido y Podcast Nueces. Escribí opinión sobre cultura en el Diario de Almería durante varios años y he publicado siete discos como cantautor. Ya ves, un hombre tarado fenomenal.
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Introducción: Un lleno inesperado en la sala

El pasado puente de agosto, Los Materialistas, la segunda película de la directora y guionista Celine Song, llegó a las salas españolas con una expectación que me sorprendió. Fui a verla este pasado domingo por la tarde y la sala estaba abarrotada. No era un blockbuster de Marvel, aunque sus protagonistas —Pedro Pascal, Dakota Johnson y Chris Evans— sí lo han sido en diferentes superproducciones. Me llenó de asombro y cierta nostalgia ver a grupos de amigas, parejas y familias disfrutando de una comedia romántica, un género que evoca los días de Notting Hill o Algo para recordar. Sin embargo, ¿es Los Materialistas realmente una comedia romántica? Vamos por partes.

La premisa: Amor en la era de las agencias de citas

Celine Song, inspirada en su experiencia como matchmaker en Nueva York (un guiño a las casamenteras de Jane Austen), construye una historia que explora el amor en un mundo donde las relaciones parecen regidas por algoritmos y criterios materialistas. La protagonista, Lucy (Dakota Johnson), dirige una agencia de citas de lujo y vive una vida aparentemente perfecta: gana más de 90.000 dólares al año, lleva un estilo de vida cosmopolita y solo le falta el típico plano con un café macchiato en Starbucks y música jazz de fondo. Su dilema personal surge al tener que elegir entre dos hombres: Harry (Pedro Pascal), un atractivo y educado genio de las finanzas, y John (Chris Evans), su exnovio, un artista talentoso, pero sin un céntimo.

¿Comedia? ¿Romántica? Un análisis del tono

¿Es Los Materialistas una comedia? No estoy convencido. Aunque la película incluye algún comentario ácido sobre el mercantilismo del amor, no logra arrancar risas, ni siquiera internas. ¿Romántica? Lamentablemente, tampoco deja momentos memorables que se graben en la retina como el campo de gardenias de Big Fish, la declaración de Julia Roberts en la librería de Notting Hill o la emotiva cinta de vídeo de 50 primeras citas. No hay una escena que destaque por su chispa humorística o su carga romántica.

Sin embargo, la película brilla en otros aspectos. Los planos largos y las conversaciones bien construidas entre los protagonistas, interpretados con solvencia por un elenco de primera, son un punto fuerte. Song plantea un debate interesante: el amor como una transacción comercial. Lucy y sus clientes buscan parejas que cumplan requisitos específicos: hombres altos, ricos, con buena cabellera y sin “taras mentales”; mujeres jóvenes, fitness, con ingresos equiparables y sin deseos inmediatos de maternidad. En este contexto, encontrar a un “unicornio” —un hombre que cumpla todos estos criterios— parece una quimera en la Nueva York contemporánea. O en cualquier ciudad de esta sociedad occidental.

Crítica social: El amor como mercancía

La película pone el dedo en la llaga sobre cómo las redes sociales, las aplicaciones de citas y la cultura del postureo han cosificado a las personas. El valor de un individuo parece medirse por su físico, sus ingresos o su carisma social. Song también aborda un tema valiente y necesario: las agresiones sexuales en el contexto de las citas. Una de las clientas de Lucy pronuncia una frase demoledora: “Es esa clase de tipos que te sigue borracho hasta el baño y se aprovecha de ti”. Este comentario refleja una lacra real, especialmente para las mujeres, que enfrentan riesgos al conocer desconocidos en un entorno dominado por las citas rápidas.

No obstante, la película cae en una contradicción: critica la frivolidad de reducir el amor a algoritmos y estándares materiales, pero no logra trascender esa crítica para ofrecer una alternativa convincente. ¿Es valiente polarizar el amor entre ricos y pobres? ¿O simplemente refuerza los estereotipos que pretende cuestionar?

Reflexión: ¿Qué ha pasado con el cortejo?

Los Materialistas parece sugerir que el amor moderno ha perdido la magia del cortejo, la galantería y la conexión genuina. En un mundo obsesionado con la inmediatez, las aplicaciones como Tinder y la presión del FOMO (miedo a perderse algo), buscamos parejas que “encajen” en nuestra imagen social, más para impresionar a los demás que para encontrar una verdadera química. Pasamos tanto tiempo mirando pantallas que olvidamos mirarnos a los ojos, escuchar al otro o dedicar tiempo a construir algo auténtico. Como dice la película, el amor se está convirtiendo en un milagro cada vez más esquivo.

Conclusión: Una oportunidad perdida

Sin desvelar el final, es fácil intuir con quién se quedará Lucy. Sin embargo, esa resolución no convence del todo; no hay una declaración de amor que emocione ni un momento que trascienda. Los Materialistas plantea preguntas interesantes sobre el amor en la era digital, pero no ofrece respuestas memorables. Quizás debí haber visto Nadie 2. A veces, en el cine y en el amor, nos equivocamos de elección.

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