Paul Greengrass es uno de esos directores que dejan su sello en las películas que dirigen, más allá del guion, los actores y los demás aspectos que influyen en la calidad de una película. Que su última película «Laberinto en llamas», se estrene en una plataforma (Apple TV+) famosa por sus fiascos contratando grandes nombres del mundo del cine para estrenar sus nuevos trabajos en ella (la última «Del cielo al infierno», de Spike Lee, da vergüenza ajena), en lugar de en una sala, también es indiferente, porque Greengrass sabe imponer su sello a pesar de las circunstancias.
El pulso narrativo de Greengrass es inconfundible. En Domingo Sangriento, sobre los trágicos sucesos ocurridos en Derry (Irlanda del Norte) en 1972, te describía la tensión creciente de manera magistral con una narración paralela entre ambos grupos enfrentados (católicos y protestantes) antes de la inevitable confrontación mostrando al ejército ingles, agazapado detrás de los muros de la calle principal de la ciudad, mientras al otro lado transcurría una manifestación en contra del gobierno británico.
En United 93, la narración sobre la heroicidad de los pasajeros del único avión que no se estrelló contra ningún edificio el 11 de Septiembre de 2001, concatenaba con la tensión en el centro de mando de operaciones de vuelo que anticipaban el destino del avión secuestrado, en un ejemplo maestro de dotes de realización, guion y montaje. Aún sabiendo el final, te crees que los pasajeros conseguirán su propósito.
Y después de las películas de Bourne, cuya segunda entrega El mito de Bourne, es una de las películas de acción más redondas que se hayan rodado, y de varias incursiones en historias con mayor o menor éxito, ha recibido el encargo de Apple de dirigir (y escribir) una historia basada en el terrible incendio de Paradise, California, en 2018, protagonizada por Matthew McConaughey y America Ferrera.
Y aunque la historia es parecida en su desarrollo a otras películas de catástrofes, con un inicio que muestra los antecedentes de forma esquemática añadiendo una descripción de la vida personal y profesional del protagonista que en este caso tal vez se alarga demasiado, lo cierto es que en cuanto se desata la tragedia, un pavoroso incendio que batió todos los récords de propagación debido en parte a una prolongada sequía, comienza la verdadera película de Greengrass, con la ya famosa concatenación de acciones que forman parte de su inconfundible pulso narrativo.
En este caso, el despliegue inútil de los equipos de emergencia desde un primer puesto de mando avanzado cuando se dan cuenta de la magnitud del desastre, hasta un puesto posterior cuando la dimensión de lo que estaba pasando les obliga a dejar de apagar el incendio, dejar de ser bomberos para elegir salvar el mayor número de vidas posible (cosa que lograron), olvidándose del fuego, intercala frases, acciones, réplicas, mapas y espectaculares tomas aéreas al desarrollo de la historia principal: un conductor de autobús que decide rescatar a los alumnos de un colegio atrapados por el fuego, junto con una de sus profesoras.
Aquí el fuego está vivo, se mueve (una de las claves de la tragedia fue la velocidad a la que avanzó el fuego) y parece respirar a través de las copas de los árboles unido a los efectos del viento, que sopla haciendo que las chispas te rodeen.
Notas como te quemas, puedes distinguir en la oscuridad provocada por el incendio como las chispas incandescentes, las que provocaron el incendio al caer desde el tendido eléctrico, te rodean y hacen arder lo que tienes alrededor, provocando unido al viento una sensación de fragilidad que te sobrecoge.
Otro aspecto que engancha es la oscuridad, la nube generada por el fuego que oscureció el sol durante casi un día, y que aquí se nos muestra en toda su crudeza en contraste con el día soleado que hay a pocos kilómetros. Es algo novedosos en cualquier película sobre un incendio, ya que no es un aspecto que se destaque aunque la magnitud del incendio sea incluso mayor que el de Paradise, y los efectos especiales y de iluminación son de lo mejor que se ha hecho narrando este tipo de historias y te sobrecoge como dentro del incendio es de noche, cuando el incendio se propagó a mediodía.
Aunque te metas en el agua no estás a salvo , algo que rompe los tabúes sobre el género al igual que la ya mencionada oscuridad, y la propagación avanzando kilómetros y kilómetros avivado por el viento todavía es estudiada hoy en dia por los expertos en catástrofes.
Y luego está el final. Es admirable ver como la coherencia de un personaje se mantiene cuando la historia termina, ya que hace mucho más creíble todo lo demás. Cuando Kevin, el inadaptado conductor del autobús de Paradise cuya mirada alucinada mientras conduce rodeado su autobús de ascuas de fuego se te queda en la cabeza aún terminada la película puede convertirse en un héroe aclamado por la comunidad, simplemente cierra la puerta del autobús y se va, asintiendo con una leve sonrisa.
En silencio.
Qué lejos del exhibicionismo actual, el cine de Greengrass.
