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«La boda»: nunca es tarde para aprender a vivir

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Fernando L. Simó
Fernando L. Simó
Miembro fundador de mundoplus.tv, seriefilo, cinefilo, devorador de libros y en pleno redescubrimiento de los cómics. Amante de la cultura (pop) y de la Historia, y ministérico de corazón.
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Siempre hay esperanza en que la vida te dé una nueva oportunidad. Por eso, es bueno encontrar con películas tan honestas como «La boda», el debut en el largometraje del director manchego Pedro Cenjor. Un filme que, tras su paso por el Festival Internacional de Cine de Almería llegó los cines el pasado 20 de febrero, y que nos recuerda que nunca es tarde para encontrar ese rincón de felicidad que siempre hemos deseado. Con una historia sencilla y un dúo protagonista capaz de transmitir tanto sus anhelos como sus flaquezas, «La boda» esas películas que te llegan al corazón. Porque, a veces, cuando menos te lo esperas, el amor surge de forma espontánea, sin buscarlo de forma consciente.

El cine español se enfrenta cada año al desapego de una parte de la población que repudia lo que la industria cinematográfica de nuestro país realiza. Ya sea por tema ideológico, y por esa polarización que cada vez se hace más patente, pero el cine patrio suele estar mejor valorado fuera de nuestras fronteras. Más allá de los grandes (y pequeños) festivales de cine, el streaming ha ayudado a exportar nuestro cine, aunque también este viva con la sensación de que se repiten historias, y que hay poco riesgo en mucho de lo que se produce. Sobre todo, porque en gran medida estamos ante una industria poseída por el egocentrismo, en la solo triunfan unos pocos y en la que parten el bacalao solo unos pocos.

En ese sentido, La boda se presenta como un soplo de aire fresco entre la comedia de salón y el thriller intenso, con una propuesta íntima que, sin grandes artificios, pone el foco en las emociones que rara vez se verbalizan. Pedro Cenjor, que firma el guion junto a Corinna Salerno, construye una historia que parte de un planteamiento en apariencia sencillo: un matrimonio de conveniencia que nace más de la necesidad que del deseo. Sin embargo, más allá de esa premisa, la cinta esconde una reflexión (a ratos incómoda) sobre la dependencia económica, el miedo a mostrar quienes somos y la dificultad de amar cuando la vida se ha convertido en una sucesión de silencios.

El amor llega así de esta manera

Rodada entre Motril, Consuegra y Madrid, la película con sus paisajes luminosos y abiertos de La Mancha y la costa granadina, contrastan con la soledad que quiebra a los protagonistas. Por un lado, Felisa, interpretada por una estupenda Elena Furiase, que vive anclada a la casa materna y a una economía precaria. Su trabajo como peluquera apenas le da para vivir, y su imagen en el pueblo es la de alguien que ha perdido el rumbo. Por eso, su decisión de aceptar la propuesta de matrimonio que le ofrece Adelaida —a la que da vida Margarita Lascoiti— no nace del romanticismo, sino de la supervivencia. Frente a ella, Sebastián, encarnado por Daniel Chamorro, representa la resignación de quien acepta las cartas que le han tocado en un reparto del que no ha sido participe.

Su viaje de luna de miel a Motril se convertirá en un punto de inflexión para ambos personajes, que sin pretenderlo descubrirán que hay siempre hay opciones más allá de las que vienen impuestas por los demás. Poco a poco iremos viendo como la relación de esta improbable pareja va evolucionado, gracias también a la química que tanto Elena Furiase como Daniel Chamorro desprenden a lo largo de la película. A partir de este viaje, La boda nos enseña que el amor puede surgir —o no— en terrenos donde parecía imposible.

En resumen

La ópera prima de Pedro Cenjor no pretende deslumbrarnos con giros locos de guion ni con una puesta en escena grandilocuente. Más bien todo lo contrario, ya que, apuesta por ofrecer una historia realista, construida alrededor de unos personajes cercanos y con los que cualquier se podría sentir identificado. En su sencillez está el acierto de una película en la que sobresale la actuación de Elena Furiase, que dota a su personaje de una mezcla determinación y vulnerabilidad que no se olvida.

La boda es de esas películas que apuestan por los sentimientos, donde la química de los protagonistas es su gran acierto, y que quizá se deja llevar por una excesiva concisión que deja varias preguntas en el aire. Sin embargo, como señala el personaje de Sebastián en momento dado “En los pueblos todos se conocen, pero nadie se reconoce”. Una frase que ejemplifica la sociedad de hoy en día ya sea en ese pueblo de la película, o en esas redes sociales que muestran una realidad que no existe.

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