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«It’s a sin»: Despertares

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HBO ha incorporado recientemente a su extenso catálogo «It’s a sin«. En un entorno tan competitivo, con nuevas series estrenándose cada día, esta producción es un must de la plataforma y uno de esos contenidos por los que vale la pena suscribirse. No es un HBO original, pero sí una excelente compra. Esta ficción británica de Channel 4  sigue a varios jóvenes homosexuales que se mudan a Londres a principios de los ochenta, se hacen amigos y acaban compartiendo piso. La crisis del SIDA cambiará sus vidas para siempre.

Detrás de esta producción, de cinco capítulos, está Russell T. Davies, conocido guionista, productor y showrunner que cuenta en su haber ficciones como Doctor Who o Years and Years. Davis es responsable también de otra serie, Queer as Folk, que ya nos mostró la vida de varios jóvenes gais en Manchester a finales de los noventa.

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Las comparaciones de «It’s a sin« con producciones como Pose o The Normal Heart son inevitables. Desde diferentes puntos de vista, estas excelentes producciones tratan también de reflejar la lucha de una generación que vio como su propia forma de ser era rechazada por la sociedad, que no recocía sus derechos.

Estamos ante una serie realista, idealizada por supuesto, pero muy bien documentada. Los temas que se tratan son muy diversos, y las nuevas generaciones de gais y lesbianas se sorprenderán y les costará mucho verse reflejadas en problemáticas como el rechazo de los padres o la dificultad de heredar cuando tu pareja muere. Pero para los gais mayores de 50 años fueron situaciones muy reales.

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Claro que, en cierto sentido, es una serie tramposa y no exenta de cierta polémica  – muestra a los homosexuales como un colectivo muy promiscuo – y al mismo tiempo juega con las emociones del espectador, que participa encantado en el juego: sabe que alguno de los protagonistas va a morir, pero no quién. Curiosamente, el menos promiscuo es el primero en fallecer, en un claro mensaje resumido en una frase de la joven protagonista: si lo ha cogido él, lo podemos tener todos. La complicidad del espectador es total, y el acompañamiento de los protagonistas cuando se hacen el test es una escena muy significativa.

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«It’s a sin« (la serie se llamó originalmente Boys pero se le cambió el nombre por su similitud con The Boys) cubre a la perfección una década, de principios de los ochenta a los primeros noventa en la que, de forma colectiva y/o individual, los homosexuales pasaron de la incredulidad a la creciente preocupación por un “cáncer gay”, de la promiscuidad a la contención y el uso del preservativo y, por supuesto, de la desesperación a la indignación.

Y, como muestra la serie, en Inglaterra el gobierno de Margaret Thatcher – por el que curiosamente confiesa que votó el protagonista – no fue precisamente muy amigo de las reivindicaciones de este colectivo.

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Todos los actores están maravillosos, pero destacan el cantante Olly Alexander como el protagonista Ritchie (un joven que lo único que quiere es follar con cuantos más chicos mejor y cuyo sueño es ser actor) así como Lydia West como Jill Baxter, una fag hag (mariliendre) algo seria que curiosamente es la primera en adquirir conciencia sobre la gravedad de la enfermedad.

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Más allá de polémicas, «It’s a sin« sigue la tendencia actual que ya vimos en otras producciones como Veneno: casi todos los actores protagonistas son LGBTIQ+, y esto es positivo. Nos sabe a poco la participación de Neil Patrick Harris, un actor que nunca ha ocultado su homosexualidad y al que vemos en el primer capítulo como uno de los primeros en enfermar y morir.

La llamada «crisis del SIDA» no debilitó al movimiento de liberación homosexual, le dio una causa: unió a gais y lesbianas y lo hizo reivindicativo. Conceptos como «la familia se elige» o «buscarse la vida» quedan muy bien reflejados.

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«It’s a sin« habla de despertares. El sexual, por supuesto, pero también el político, en su sentido más reivindicativo. Pero la serie de Davis es mucho más, es también una lección de historia: entretenida sí, pero también un documento sobre una época en la que los homosexuales no gozaban ni de los mismos derechos ni del apoyo social del que disfrutan hoy en día.

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