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«I Saw the TV Glow (El brillo de la televisión)»: encuentro con el abismo cada sábado a las 22:30

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Ferran Alcocer Gómez
Ferran Alcocer Gómez
De Nolan, Ducournau y Sorogoyen. Graduado en Comunicación Audiovisual y Periodismo. Mi vida se basa en esperar a que empiece el siguiente Festival de Sitges.
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La guerra del streaming ha comportado una serie de cambios sustanciales en nuestra comprensión del medio televisivo. Para empezar, la hegemonía de la parrilla televisiva dictaminaba cómo y cuándo se veía qué, independientemente de la capacidad de adaptación de su público; el poder no recaía sobre el espectador, sino sobre el producto emitido en sus circunstancias predeterminadas. Actualmente, esa hegemonía ha sucumbido y el poder recae en su totalidad sobre el espectador, ya que este puede decir qué, cuándo y dónde ver el producto. El contenido es otro aspecto que ha sufrido una gran transformación en los últimos veinte años. Si antes la oferta era sumamente limitada, hoy en día es inabarcable el vasto océano de posibilidades que ofrecen las plataformas de streaming; necesitaríamos varias vidas para ver todo aquello que se nos ofrece. La nueva idiosincrasia del producto audiovisual tiene, no obstante, ciertos hándicaps que debilitan la experiencia en aras de potenciar el consumo desmedido y desvergonzado.

La experiencia del medio televisivo ha dejado de ser colectiva de forma simultánea. A pesar de que los fenómenos televisivos siguen vigentes, la simultaneidad ha muerto. Convocar a una gran masa social a ver el último episodio de una serie de televisión es un cuento chino para las nuevas generaciones. Esa experiencia forma parte del pasado. Un pasado que ya no volverá, aunque a veces se invoque.

Owen es un adolescente deprimido y solitario incapaz de entenderse a sí mismo en los Estados Unidos de los 90s. Conocer a Maddy, una enigmática chica, y ver una popular serie de televisión llamada «The Pink Opaque» aportará algo de vitalidad a su inocua existencia, pero el nuevo mundo que está por conocer pronto se revelará como inestable y peligroso.

I Saw the TV Glow (El brillo de la televisión) es una invocación al pasado. Un melancólico recuerdo de los 90s con un trasfondo de identificación (y negación) de la identidad sexual. Owen, un personaje parco en palabras y acciones, es el motor de una historia muy humana sobre lo peligroso que puede llegar a ser mirar en nuestro abismo interior. El proceso que vive durante la película reniega de lugares comunes y encuentra en los fenómenos televisivos noventeros su gran aliado para plasmar un estado mental que puede condicionar una vida entera.

La capacidad que tenía la televisión de aglutinar espectadores a una hora determinada es clave en I Saw the TV Glow (El brillo de la televisión). Para Owen, ese ritual cultural y social a las 22:30 cada sábado es la puerta de entrada a la búsqueda de su propia identidad. Independientemente de lo que uno quiera encontrar tras esa puerta, la nueva película de Jane Schoenbrun refleja uno de los grandes poderes del medio audiovisual: su rol como sujeto activo en una conversación que mantiene con el espectador. El público, tan necesitado de entretenimiento como de respuestas, busca soluciones a problemas que ni siquiera sabe que le afectan. En el caso de Owen, su problema es que reniega de quién realmente es. Enfrentarse a esa conversación con «The Pink Opaque» le revelará una realidad difícil de asumir.

En resumen

I Saw the TV Glow (El brillo de la televisión) es una de las películas más originales de 2024. Presente en festivales de la envergadura de Sundance o Berlín, esta evocadora, melancólica y excelente obra es una exaltación del poder que tiene el arte audiovisual de despertarnos y sacudirnos, de darnos respuestas a preguntas que no nos atrevemos a hacer. Deudora del cine de Lynch y Cronenberg, además del cine indie norteamericano, I Saw the TV Glow (El brillo de la televisión) es todo lo que debe ser una película en 2025.

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